Un post en el que le dan leña a Marías y a Pérez-Reverte, dos en uno. Desde hoy, un clásico para guardar en el cajón de necesito-que-me-alegren-el-día, junto al clásico de Arcadi Espada sobre Carlos Ruiz Zafón.
Bocados de actualidad (75º)
Una semana más tenemos una ronda de bocados de actualidad que no tuve tiempo (o ganas) de comentar. La septuagésimo quinta ronda de Bocados llega a ritmo del Yes, Virginia de The Dresden Dolls.
- ¿Quién vigila al vigilante? y la efímera vida de la libertad de expresión en internet.
- Daniel Bellón nos descubre el Tratado del miedo de Marcos Taracido y Fernando de la Iglesia.
- Pululante se hace eco y protesta del plan propuesto según el cual la seguridad social saldrá al rescate del tesoro… con el fondo de las pensiones.
- Schneier y las auditorías (el vigilar y castigar de Foucault, más vigente que nunca) como único medio para mejorar la seguridad. Un post muy interesante que fue comentado en castellano en QVAV.
- A desalambrar se hace eco de la humillante situación fronterizo-aduanera para las personas que llegan desde suramérica. Cosas de la directiva de la vergüenza. Ya ni me sorprende que la gente que, supuestamente, tanto sabe de derechos humanos estén tan tranquilos con la misma, tan felices de haberse conocido.
- The Big Bang Blog y Tele2 incumpliendo todo lo que proponía.
- David Bravo y un vídeo para el lavado de cerebros, filmado por el MCU con nuestro dinero. En realidad, encontró dos y el otro es igual de impactante, al que le dedicamos un minipost.
- El mejillón suicida y todas los madrileños a los que no veremos en los lujosos anuncios de Madrid 2016.
No me busquen por el pc.
La guerra contra el terror, la privacidad y los derechos humanos
«Las medidas antiterroristas también han contribuido a un deterioro mayor de los Derechos Humanos, en particular, la complicidad o el silencio en la lucha antiterrorista iniciada por Estados Unidos ha provocado un retraso brutal a Europa.»
– Thomas Hammarberg, Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa. (EP via intimidad violada)
Lo que dice este hombre sobre el retroceso en nuestras libertades es verdad, pero que te lo diga en nombre de la misma UE que pisotea tus derechos repetidamente, mientras guarda silencio y vuelve a pisarte como si no fuera con ella, es delirante. Como delirante es que se vista de dignidad y eche todas las culpas sobre los estadounidenses. ¡Pobres políticos europeos que no sabían lo que hacían!
La estrategia está clara, en todo caso, divide y vencerás.
No le devolverán la vida, pero al menos se sabrá la verdad
Jean Charles de Menezes no revivirá, a su rostró no le crecerán arrugas y su cara quedará siempre congelada en sus 27 años, eternos desde que la policía de Londres lo mató mientras leía el periódico en un vagón de metro. Al menos, parece, el juicio (pese a los temores de manipulación) que mantenía la familia parece darles la razón frente a las mentiras policiales. No habrá justicia, pues no le devolverán la vida y los policías culpables no han sido inculpados aún, pero al menos se sabrá que el terror mediático instigado por el Estado también causa muertos. Una víctima silenciada del Teatro de seguridad.
El síndrome de la gestapo
El síndrome de la gestapo. Algunas personas interpretan que «no sé» significa «vuelve a preguntármelo hasta que lo sepa».

La élite política europea regala a la élite política irlandesa un comisario europeo (uno de esos puestos no democráticos con mucho poder que no nos dejan elegir). A cambio, el estado irlandés deberá ignorar a sus ciudadanos y volver a preguntarles acerca del tratado de lisboa (ya saben, ese tratado en que mutó la constitución europea para burlar el NO holandés y el NO francés sin preguntarles nunca más ni a ellos ni a los demás europeos).
Europa sufre el síndrome de la gestapo. El foco en la cara. El humo del tabaco. Torearnos hasta imponernos lo que quieren.
Ay de las oportunidades perdidas, ay del estado de bienestar decapitado.
[El diseño de la imagen es de Alvaro Valiño]
Actualización (2008-12-14): Genial la viñeta al respecto de este tema en Rue 89. Me ha recordado a ese clásico de la manipulación que fue la papeleta del referéndum para la unión entre Austria y Alemania bajo el 3er Reich.
Botellón, libertades y la cocina de la rana
Como muchos saben, pasé el estío en centroeuropa, en Suiza. Allí estuve hasta octubre descubriendo algunas cosas llamativas sobre aquel país, unas buenas y otras malas. Hasta ahí nada raro.
Alguna de las que me llamó la atención tenían que ver con el botellón. Resulta que los Suizos pueden hacer botellón por ahí en mitad de cualquier parte, y ejercen su libertad de hacer botellón en macroorgías que montan en cualquier parte (al más puro estilo ibérico de antes de la prohibición). Le dediqué un post hace un tiempo a ese punto concreto. Me llamó la atención que en Suiza, un Estado que todos creemos muy vigilado y donde todo está prohibido (en muchos casos, creencia muy justificada) se pueda beber así en cualquier parte.

Botellón, por Yoann Grange
Aquí eso no es ya posible: lo prohibieron entre todos y entre todos lo permitimos. Nos robaron esa libertad. En su día hablé con tristeza de cómo nos arrebataron ese derecho y con él nos quitaron la posibilidad de usar la calle para beneficio propio. (La ciudad nos pertenecía, Disciplina municipal y botellón). El derecho a beber, que diría mi amigo Andrés.[1]
Tras la prohibición y para acallar las críticas, el ayuntamiento propuso una alternativa. La alternativa consistía en enviar a las miles de personas a la carretera, cortar el tráfico de una de las avenidas más céntricas de la ciudad, junto al puerto, y dejarlos a todos allí bien envueltos en policía. Todas las noches de jueves a sábado. Cuando volví de Suiza supe que la alternativa del ayuntamiento al botellón espontáneo había sufrido recortes. Aprovechando el bajón veraniego (playa, costa, menos estudiantes) el ayuntamiento argumentó que los jueves no había bastante gente y cortar el tráfico no valía la pena. Consecuencia: ya sólo queda botellón permitido dos días de los tres iniciales, porque no crean que el ayuntamiento dijo «como sois pocos, el jueves podéis iros a vuestra plaza preferida porque ya no molestáis»; no, no, no. Prohibición y disciplina. El fin no es evitar las molestias (malamente sería ése si la solución es cortar el tráfico) sino fomentar el botellón auspiciado por el ayuntamiento: terrazas que abren hasta las tantas con los precios mucho más altos. Adicionalmente, también durante el verano se recortó en 30 minutos el horario máximo de apertura de los bares, antes fijado a las 4 de la mañana. Ahora sólo los sábados pueden estar hasta esa hora, el resto de días se acaba a las 3:30.
La lógica del proceso está clara: hacer pequeños recortes de libertades (la libertad de beber, la libertad de ir al bar; la libertad de decidir cómo te vas a divertir sin hacer daño a nadie) tan pequeños que no merezca la pena una movilización por ellos, pero lo suficientemente significativos para que la mera acumulación de estos cambios sea capaz de modificar nuestros hábitos. En el largo plazo: la acumulación de pequeños recortes equivalen a una limitación de lo que podemos hacer que se ha introducido a base de reformas de bajo calado.
Este finde Maki comentaba la anécdota de la cocción de la rana, y yo le dije que la conocí hace relativamente poco, en el blog de Acalpixca. Hace unos días, leí en coSSitas que tal y como está redactada la ley, beber agua es una falta leve y te pueden multar, siempre que seáis más de dos (si tienes sed, aléjate del grupo y bebe solo para que no te puedan multar por hacer botellón con Lanjarón). Mientras me documentaba de referencias a este hecho he visto que Sergio también ha hablado de ello con una queja muy del palo de la que yo quiero expresar: hace falta reclamar el derecho a disfrutar de nuestras ciudades como mejor nos venga en gana. Es urgente.
De lo contrario, la ciudad no es más que un mero supermercado, un parque temático en el que nuestras vidas no son más que el atrezzo de un producto confeccionado a la medida del turista. El desastre de la Barcelona cool del Forum, pero en todas partes (qué horror).
Hay quien dice que la calle es de todos. Error. La calle, como todas las cosas, es del que la pelea. Si no peleas para conseguir que la calle siga siendo tuya, nunca lo será. El ocio es un producto, el tiempo de ocio también. En tanto producto a la venta, paga impuestos (más cuanto más negocio haya) y el estado va a favorecer siempre la mercantilización del ocio frente a la libertad de uso (lo hace en todos los frentes, como en los asuntos de restricción de copia). La calle no es de todos porque nos la quitan cada día, no lo será hasta que la reclamemos.
Me pregunto hasta qué punto tenemos, en este asunto, las patas ya templaditas y cocidas, como la rana a la que cocinamos lentamente. Pienso en los niños que veo en mi entorno (más aún en los más pequeños) y me pregunto dónde jugarán, ¿qué formas de diversión limitada, bajo control institucional y aprobadas por el ayuntamiento, tendrán como consuelo ante tanta estupidez de la que los responsables somos nosotros y no ellos?
*** Relacionado:
La desaparición del estado del bienestar.
Aquí una nota al pie que puse antes:
[1]; El derecho a beber es un cuento corto de Andrés Lomeña inspirado en El derecho a leer (R. Stallman) que Andrés Lomeña publicó en su primer libro, Empacho Intelectual.
Teatro infantil con niños piratas malos
Me da pavor ver a los niñitos cubanos alabando una revolusión gloriosa que les suelta a los perros en cuanto se deciden a hablar y alguien les oye. Me da pavor ver a la nietísima deseando cosas y hablando sobre los enemigos de la patria. A nuestros políticos bienpensantes se les llena la boca de libertad de expresión y de derechos humanos y derechos de la infancia. A la hora de la verdad lavan cerebros como lo harían en la RDA. Pavoroso.
