Esta mañana mis dos buenos amigos Alkar y Antonello (ahora son señores respetables y se llaman Andrés Peña y Antonio Ortiz, pero claro que este post ahora lo firma Jose Alcántara, ¡ay, el tiempo que no perdona!) se lanzaban a debatir la reforma laboral española. Como quiera que hay rumores de colores acerca de qué harán y me interesa saber si ganaremos algo por una vez, quería conocer la opinión y argumentos de ambos. Porque son amigos y porque prometían aportar diferentes visiones al asunto. El tema es que me he quedado con las ganas porque es una mierda que se intenten armar ese tipo de conversaciones en sitios como Twitter, me aburrí de la mierda de interfaz y al segundo mensaje me fui. Antonello se rindió a la evidencia: «hay cosas que no se pueden discutir por twitter». Y mucho me temo que me perderé sus aportes (de ambos), sus visiones y lo que podría aprender del asunto, porque no creo que blogueen sobre el tema (que sería la solución óptima al tema). Tiene razón Gonzalo Martín cuando en un momento dado te tira a la cara un enlace que reza por qué a partir de un cierto punto, ya no cambio twits. Y tenía razón Bianka Hajdu cuando comentaba (en Medios e intermediarios frente a la promesa de Internet) que en su afán por intermediar el conocimiento (algo normal en los tiempos que corren), algunas herramientas ahogan la generación del mismo.
Cuatro claves para desmitificar el rol del curador de contenidos
«Dame una idea, que la noticia ya está en todas partes». Es la frase que pronuncié ayer a un cliente, mientras hablábamos sobre cómo la necesidad de diferenciación en la Red pasa inevitablemente por la creación de contenido de calidad. Terminé citando a The Economist y su famosísimo slogan: Provoking Thought.
Hablábamos sobre cómo estar en la web y cómo articular un discurso alrededor de nuestro proyecto, sea cual sea su naturaleza y la respuesta fue que hay que ofrecer algo más que la mera noticia. El comentario sin reflexión ni mayor aporte es inútil la mayor parte del tiempo porque la noticia está en todas partes: esto es Internet, la información fluye rápido y por caminos imprevisibles. Cuando nos hacemos una pregunta, buscamos información; y probablemente ya tenemos el titular, de forma que lo que necesitamos es un buen análisis.
Todo esto lo traigo a colación porque cuando concluimos la reunión y volvimos al trabajo, casi lo primero que me encontré entre mis lecturas pendientes fue un artículo de Karry Lauerman, editor jefe de Salon.com, en el que explicaba cómo ese medio, que había perdido el rumbo e incluso entrado a vender contenidos al peso, como si se tratase de una industria cárnica, decidió redirigir su estrategia: publicar menos noticias, más largas, con más análisis en profundidad. Los resultados: publicaron un 33% menos de noticias, y tuvieron un 40% más de tráfico.
Hay cosas más importantes que el tráfico de una web, por supuesto que sí. Pero es sintomático: al ofrecer un mensaje más valioso, captó más atención. Y cuando la competencia es infinita, captar la atención es la casilla de salida para conseguir cualquier otro objetivo.
Existe un cierto hype acerca del impresionante futuro de eso que llaman web curators, augurándoles la pronta conquista del olimpo. El argumento general pierde el foco: no vale únicamente curar contenido. Hay que ser muy bueno en lo que uno hace y, además, aportar a lo curado: añadir el toque de conocimiento que tenemos.
Hay cuatro claves para poner en contexto la curación de contenidos:
- Nuestro público-cliente, ¿qué espera de nosotros?. Obviamente, escupir noticias de dos párrafos es mucho más rápido que producir un análisis maduro. La pregunta que debemos hacernos es si nuestro cliente espera de nosotros el titular o una explicación sobre cómo responder a la nueva situación anunciada en el titular. ¿Somos la agencia de noticias o estamos especializados en un tema sobre el que se espera que aportemos análisis? Aunque es posible que estemos en el primer caso, lo más habitual es que seamos lo segundo: especialistas en un tema más o menos concreto.
- El contenido es estratégico. Ofrecer contenido de calidad (que no interrumpa sino que aporte valor, que respete al lector y no sea –demasiado– autopromocional), que forme parte de una experiencia diferente es la única vía de diferenciación y por tanto hay que tratarlo como un asunto estratégico. En el largo plazo, cuando a la publicidad cada vez prestamos menos atención lo interesante es no interrumpir; ésta es la única vía para realizar nuevas ventas en mercados a los que no habríamos tenido acceso de otra forma.
- Abierto a ideas externas. Por si ha pasado desapercibido, que el contenido no sea excesivamente autoreferencial conlleva que recojamos ideas interesantes de fuera (y típicamente las enlacemos). Sí, el contenido de calidad incluye la curación, pero necesariamente va más allá.
- No basta con agregar/curar. La agregación sigue teniendo un hueco discutible, pero si no aporta y se limita a agregar, el valor añadido por esa supuesta curación de contenidos se reduce drásticamente: cuando cualquiera puede ir a la fuente de la noticia, el curador no aporta valor diferencial si no analiza y completa.
Parece sorprendente que en 2012 haya que debatir estas cosas. Corría el año 1996 cuado Bill Gates publicó su archiconocido Content is King. Comenzaba con un premonitorio Content is where I expect much of the real money will be made on the Internet, a pesar de lo cual hemos de hacer notar que esta certidumbre no permitió a Microsoft conquistar el liderazgo en la Red a partir de su indiscutible posición en el ordenador personal. Seguramente porque ese contenido iba a ser el camino para ganar dinero, pero no usando las técnicas que habían servido hasta entonces.
Lo cual nos lleva a incluir una bola extra, una quinta clave aplicable a casi todos los ámbitos: saber cómo van a suceder las cosas no es suficiente, hasta los líderes caen si no toman medidas para adaptarse rápidamente a los cambios.
Criptodivisas, anonimato y libertad
Me comentaba Pere ayer, al hilo sobre el post que dediqué al auge de las criptodivisas, que Bitcoin no es completamente anónimo, y que haciendo minado adecuadamente puede desvelarse la identidad del pagador.
Tiene razón, se almacena en público un registro de todas las transacciones que tienen lugar, así que tan sólo con que un ordenador con Bitcoin sea comprometido toda la información corre peligro. Luego, aplicando técnicas habituales de data matching y otras técnicas de análisis de redes (combinando otras fuentes existentes de información acerca de quién se relaciona con quién por otras vías) se podría llegar a identificar a los usuarios.
Por si fuera poco, la mayoría de usuarios de Bitcoin realizan pagos usando sistemas tipo Tor, por lo que ciertamente no son anónimos. Pero trazar la ruta desde el momento de la transacción hacia el inicio de la petición puede ser complicado. Uno de los casos más famosos de robo de bitcoins, el pasado septiembre, resultó en una gran polémica (muchos no terminaron de creer el asunto). Lo cierto es que más allá de que nuestros sistemas son tan seguros como el más inseguro de sus componentes, y al usuario afectado más le habría valido tener su reserva de bitcoins protegida con TrueCrypt o algún sistema similar. El caso está sin resolver (tanto si hubo como si no hubo robo real, nada sabemos).
Ahora bien, todo y que es cierto, la realidad es que sistemas que permitan volver opacos los movimientos de dinero tendrán un hueco ante el retroceso de la globalización ante los estados nacionales. Eso incluye minimizar los pagos automatizando lo que vulgarmente conocemos como «la cuenta de la vieja».
La cuestión es si llegado el momento de su adopción más o menos masiva se legitimará su uso o si, por el contrario, el uso de este tipo de sistemas estará perseguido y marginalizado como están otras muchas de las tecnologías que han llegado a nuestras manos en tiempos recientes y cuyo uso nos recuerda el camino de la libertad.
*** Actualizado 2012-08-09 @ 16:59: Gracias de nuevo a Pere, por su aporte :)
La inminente llegada de la tasa Tobin y el auge de las criptodivisas

No es la primera vez que hablamos de la tasa Tobin como una de esas medidas cuya adopción tiene mucho de teoría del caos y puede acabar desencadenando la extensión de todo tipo de trucos para burlar el pago del impuesto al mover dinero a través de la frontera. Las criptodivisas, por supuesto, se perfilan como la opción más fiable.
Al ver cómo su puesta en marcha es inminente (tras la aprobación el pasado verano, ya son 9 los Estados de la UE que urgen a su entrada en funcionamiento) no puedo sino pensar que, al igual que el cierre de Megaupload traerá un afortunado renacer del p2p, la creación de un impuesto a los movimientos transfronterizos de capital impulsará el uso de sistemas ocultos entre aquellos que más necesitan hacer esto.
Y si hay un sector que mueve dinero a través de las fronteras, es el de envío de remesas, con Western Union a la cabeza. La entrada en vigor de la tasa Tobin debiera darles mucho que pensar a estos actores, por el auge que puede dar al uso de criptodivisas como Bitcoin.
Lo más relevante sobre este tema lo podemos leer en Criptodivisas, software libre y autonomía en un mundo post-geográfico.
Seres innovadores
«Últimamente cualquiera que tiene twitter dice que es innovador.»
— Fernando Tricas, hablando de ingenieros, emprendedores y otras malas yerbas.
Cuánta razon. Si empezamos sintiéndonos como indica fernand0, es fácil que terminemos creyendo que pegar mensajes reivindicativos en el muro de Facebook es revolucionario.
El widget contradictorio

Va, por una vez tomémoslo con humor, que no todo puede ser solemnidad.
[Ojo, lo que uno puede hacer en 10 minutos con el GIMP tras andar leyendo… ejem… blogs sobre privacidad con widgets salvajes en su sidebar.]
La visión del analista de redes ante el futuro de Internet
Un análisis de redes detallado que tenga en cuenta la demografía nos indicará que el crecimiento de la Red, a estas alturas, será orgánico pero que, por esa misma razón, la red posee mucho más potencial del que quizá se ha desarrollado en los últimos cuatro o cinco años. No es un camino que recorrer pisando un lecho almohadillado de rosas, pero la red y su crecimiento podrían darnos más alegrías de las que algunos quieren creer. Lo sucedido en el último lustro es tan representativo (o tan poco representativo, como quieran verlo) de la Red como lo sucedido en los idealizados años noventa. La clave, como siempre, está en la disponibilidad y la difusión de herramientas y conocimiento: en la capacidad de soñar otro mundo.
La observación de todo sistema está sujeta a sesgos. Al contemplarlo, lo veremos inevitablemente del color de nuestro cristal. Si analizamos la red en base a cómo fue nuestra llegada a la misma a finales del siglo pasado, podemos juzgar que en los años noventa los usuarios eran altamente proactivos, más inclinados a participar en grupos de noticias, canales de IRC y foros, o que tenían un mayor espíritu de descubrimiento. Si analizamos la red en base a cómo es la llegada actual a la misma, podemos juzgar que los usuarios que han llegado a la misma en tiempos de Facebook son más pasivos, menos reflexivos, menos curiosos. Podemos incluso culpar a estas herramientas de dicho cambio y maldecirlas del atontamiento generalizado, mientras nos preocupamos por el futuro de la especie humana. Ambas apreciaciones son erróneas.
Los errores derivan de haber tomado como reales lo que no son sino sujetos imaginados: tanto el idealizado hacker curioso de los noventa como el criticado lurker apático capaz únicamente de producir me-gustas son arquetipos abstractos (y en tanto que generalizaciones al comportamiento de toda una generación de usuarios, sujetos imaginados) cuya principal consecuencia es la prolongación de una estratificación conceptual de la Red entre netócratas (cuya existencia perciben y defienden en diversos ámbitos a modo de nueva aristocracia) y el resto del mundo, ignorante y plebeyo. Mientras esa percepción puede alimentar el ego y las aspiraciones de ciertos actores deseosos de arrogarse el liderazgo, está profundamente equivocada.
Los noventa: otro tiempo, otra vida
La realidad se parece más a un proceso de enriquecimiento de uranio, o a una destilación controlada. Ya estemos preparando sencillas bebidas alcohólicas o preparando combustible nuclear, pasamos de tener una mezcla de sustancias a tener dos mezclas de sustancias, con una proporción de componentes diferentes entre sí y diferentes a la proporción original. En el caso de la destilación (más fácil de entender), nuestra muestra destilada será rica en componentes volátiles (más alcohol, menos agua) y el residuo que nos queda rica en componentes menos volátiles (menos alcohol, más agua). Esto no significa que sólo hayamos volatilizado alcohol (generalmente, algo de agua habrá pasado), ni que no hayamos dejado alcohol atrás (posiblemente, algo de alcohol se nos ha quedado atrás). ¿Cómo lo traducimos a la historia de la Red?
Así, si analizamos la primera oleada de usuarios, la mayoría eran más activos, seguramente porque tenían más inquietudes o eran más tecnófilos. Y si analizamos la segunda oleada, en la que se sumaron a la Red los usuarios menos tecnófilos, podemos deducir que ya nadie se preocupa de ser autónomo en la Red, que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ya nada es como antes. Mientras tanto, obviamos que ambas miradas dedicadas a simplificaciones conceptualizadas de la diversidad real de la Red ignoran deliberadamente que el pool social inicial no tenía ni tantos hackers curiosos como podemos creer al inicio ni tantos lurkers apáticos como demonizamos al final. Admitir esto es un paso importante y nos acerca a una visión más acertada de las cosas.
Esta visión no debe olvidar que aquellos primeros internautas (término ya en desuso, desde que todo el mundo es internauta) llegaron a la Red en una época de fuerte promoción de la misma, con amplias campañas de aprendizaje y en la que las herramientas disponibles exigían del usuario un conocimiento más detallado de los mecanismos.
La alfabetización perdida
La curiosidad no es exclusiva de nadie. La mayoría tenemos esa actitud exploradora, pero la mantenemos latente, a la espera. Cuando la despertamos, desarrollamos nuestro lado más explorador y hacker, ampliando los límites de todo lo que nos rodea. Afortunadamente, son multitud las personas que habiéndose incorporado a la Red en tiempos recientes (en los últimos 5 años, por ejemplo) mantienen en ella una actitud seria, y una presencia activa materializada con frecuencia en blogs. Porque siguen surgiendo nuevos blogs interesantes, pese a la madurez del formato.
Lo que cabe preguntarse es si no serían aún más quienes lo habrían hecho si no se hubiera producido el abandono de los planes de alfabetización digital, que movió a tantas empresas en los últimos noventa pero fue olvidada al olor del dinero .com. La falta de iniciativas potentes en este ámbito puede estar en el fondo del problema. Pese a que no lo parezca, ésta es muy necesaria, toda vez que usar cualquier herramienta mal siempre es fácil, pero extraer de ellas todo el potencial es harina de otro costal. La Red promete conferirnos autonomía y mayor control sobre nuestra vida, pero esa promesa no se cumplirá sola.
El florecimiento del hacker latente
Y comenzamos ya a tocar el fondo del asunto. Ante la llegada a la Red de futuras generaciones lo más importante será mantener vivo el relato de que otras formas de descubrir cosas y personas en la Red son posibles, y que no todo puede nunca estar al amparo de herramientas con vocación intermediadora ni de entornos limitantes como los que encontramos en el ecosistema móvil y tablet. Para ello es importante crear vías de entrada que permitan el progreso y el empoderamiento personal.
Es la magia de conseguir que quien se ve incapaz de algo más que adherirse a las propuestas de otros, descubra que puede fabricar su camino, salirse del molde y salir volando. ¿El camino? Permitir que las tecnologías que nos confieren autonomía, pero no gozan del visto público de ciertos sectores sigan vivas para que su transmisión, su extensión boca-oreja, sigan vivas.
Muchas personas que están en la Red actualmente se decantarían por esa otra red que es posible si tan sólo creyeran que es posible, que es para ellos el estar ahí participando de manera mucho más activa porque les aporta valor neto (una vez compensado el esfuerzo adicional).
El crecimiento orgánico y las herramientas
Porque lo cierto es que en las zonas en que la práctica totalidad de la población está en Internet, el crecimiento será orgánico y vinculado a la llegada de nuevas generaciones entre las que hallaremos la misma proporción de personas con espíritu explorador, capacidad creativa y corazón de hacker que entre quienes ya estaban aquí cuando Internet se hizo masiva. Esa proporción seguramente no se corresponde ni con lo que vivimos en la incorporación de usuarios en los años noventa ni con lo que hemos vivido estos últimos años. La verdad se esconde en algún punto entre una y otra simplificación excesiva de la realidad.
Sólo manteniendo vivas herramientas que permitan el desarrollo de las capacidades de cada uno, y sólo manteniendo viva la voluntad de alfabetización constante sobre el terreno y muy ligada a la realidad será posible diseñar y difundir el conocimiento y los sistemas que permitan la emergencia de esa actitud que, frente a la Red, despierte en muchas más personas su faceta más creadora y menos pasiva, más hacker y menos tabletizada. Todos llevamos (en diferentes medidas) dentro un poco de eso, pero muchos no son conscientes. Para tener una Red más diversa y que cumpla mejor las promesas pendientes de la era digital hacen falta, sobre todo, ellos, que poseen potencial sin conocerlo.

