Mapas para no perderse en la Red

The Hunting of the Snark (An Agony in 8 Fits) es un poema de Lewis Carroll publicado en 1876 y que cuenta con una serie de ilustraciones de Henry Holiday, a quien se atribuye igualmente este mapa para no perderse en el océano. Este mapa es el que usan los aventureros que van a la caza del Snark, y celebran que esté en blanco porque se entiende perfectamente.

Ya no estamos a finales del s. XIX, pero vivimos un momento y un mundo en que los viejos mapas han quedado obsoletos. Lo cual probablemente merece una celebración, porque eso nos brinda la oportunidad de re-aprenderlo todo de nuevo, de construir nuevos mapas para este nuevo mundo. Solemos creer que un mapa nos muestra el mundo tal como es. Eso es falso. Un mapa es una ilusión inspirada en la realidad que pretende mostrar, a la cual a su vez modifica y da forma.

Todo lo anterior puede parecer no relacionado a lo que hacemos cada día. No obstante, todo lo anterior es el verdadero motivo de ser de todo esto. Si en lugar de mapas, hablásemos de «formas de entender la Red», ¿persiste la sensación de off-topic? Menos, ya menos.

Tenemos por delante un reto: adaptarnos a este nuevo mundo arrastrando todo lo que aprendimos para el viejo, y la mayor parte de ese conocimiento está obsoleto, como sucede con la propiedad intelectual, su gestión con lógicas del pasado genera problemas y promete ahondar la crisis. O la globalización, pensar que dar marcha atrás a la misma nos ayudará es un gran error.

Con Internet nos pasa algo parecido. Muchas veces creemos que ya llevamos en ella muchos años, y que ya lo sabemos todo. La realidad es que esto acaba de empezar: lo que sabemos no es ni la mitad de lo que hay, y lo que hay no es ni la mitad de lo que ha de venir. Releemos con emoción la Declaración de Independencia del Ciberespacio. Crear esa «civilización de la Mente en el Ciberespacio que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes» es un reto por el que vale la pena trabajar.

Sin embargo, el camino para lograrlo es tomar las riendas de la propia vida: de las riendas del propio aprendizaje a las de la propia identidad desintermediada en la Red.

Y es aquí donde la cosa se pone interesante. A menudo nos tratan de convencer de que para estar en Internet tienes que estar aquí o allí. En esos momentos vale la pena preguntarse si lo que nos están enseñando es a usar un mapa construido por otra persona (programado por otra persona) o nos están invitando a construir nuestro propio mapa. En ese matiz radica la diferencia entre el turista que fue y vio exactamente lo que había viajado para ver y el viajero que se dejó sorprender por todo lo inesperado que se cruzó en su camino. El viaje por sorpresa, siempre presto al cambio de rumbo, es mucho más evocador. Y no faltan motivos.

Por eso cada vez que alguien me habla de «redes sociales» respondo que la Red social son las personas, no el software, y que la herramienta que ellos llaman «red social» supone una regresión en lo que la Red prometía. Si lo ponemos en términos del mundo que viviremos, esas herramientas nos darán un «más de lo mismo», más de comunicaciones intermediadas y piramidales, más de arriba a abajo, más de foco en la suciedad de una sucesión de eventos que de tan alejada de la realidad de nuestras vidas ya resulta esperpéntica. Allí donde ya todo está hecho, alguien construyó el mundo por ti, y lo construyó para servir a sus propósitos, y no a los tuyos, aplicándole sus sesgos, y no los tuyos. ¿Quieres vivir Internet de verdad? Deja los «medios sociales», déjate sorprender por la Red.

Dejarse sorprender por la Red no es sólo escoger el rol del viajero frente al del turista, sino que es también reconocer la diferencia entre el usuario del mapa y aquellos que construyen las herramientas para comprender mejor su propio mundo al tiempo que lo recorren. No es un trayecto cualquiera, sino un viaje de verdad al corazón de nuestra era, y esta era transforma lo que somos como personas y también como organizaciones. Estar en la Red nos lleva a explorar nuevos entornos y ser capaces de aprender de ello, pero también nos exigirá cartografiarlos y construir mapas para no perdernos en la Red.