El Internet de las cosas

En su último informe estratégico sobre tráfico de Internet, que intenta predecir la evolución de la Red entre los años 2011 y 2016, Cisco (vía Ars) predice que a lo largo de este mismo año 2012 el número de dispositivos móviles conectados a la red superará al número de personas conectadas a Internet.

Es el Internet de las cosas: hablamos de ella desde hace años al hilo de la extensión de la tecnología RFID. Su llegada era cuestión de tiempo, pues el crecimiento del número de personas conectadas a la Red es, en todo el primero mundo, orgánico, ya que la penetración de Internet en esos países es total. Mientras tanto, la convergencia de dispositivos no se ha hecho realidad (al menos no aún) y necesitamos un móvil, un portátil, a veces en casa un sobremesa y para nuestra presencia web un servidor. Y eso sin contar, como ya digo, la incontable cantidad de chips RFID que portamos encima y más aún los que portaremos a modo de sensores específicos para medir todo tipo de cosas (principalmente parámetros de salud –azúcar en sangre, por ej.–, en general, sensores vinculados a seguros de todo tipo). Y no se olvide de los electrodomésticos, que también están ya conectados a la Red (no todos, aún).

La Internet de las cosas, la domótica y la eclosión de los sensores personales de salud, con todo lo cool que pueda parecer, no viene exenta de riesgos: el mayor de ellos, sin duda, la erosión (aún mayor) de nuestra privacidad. Precisamente en tiempos en que los Estados muestran un rostro más autoritario, estar en la Red intentando cuidar nuestra privacidad es aún más importante.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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