Política

Censura en el partido entre Unicaja Málaga y Maccabi de Tel-aviv

En el partido de baloncesto que jugarán en Málaga los equipos de Unicaja Málaga y Maccabi Tel-aviv estará prohibido llevar pañuelos palestinos. ¿Prohibirán la entrada a los no circuncidados? ¿A los que porten cruces? ¿A los árabes? ¿A los agnósticos? ¿A los neonazis? ¿A los progretarras masones antiespañoles? Nunca voy al baloncesto y aún si fuera la prohibición no me afectaría (porque hace muchos años que dejé de usar mi roída palestina), pero me gusta ese deporte y reconozco que me ha sentado fatal que les hagan las palmas a un montón de radicales israelíes. Supongo que me sorprendo porque soy un inocente, y que éste y no otro es el espíritu del deporte: una amalgama de nacionalismo excluyente para tiempos de paz (o de guerra).

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Porqué decir NO

La clase política tiene sus propios intereses. Desde el mismo momento en que la ciudadanía necesita un proxy [la clase política] a través del cual pasar y reducir las decisiones que se toman para hacer gobierno, ese proxy toma conciencia de sí mismo y desarrolla sus propios intereses. Es por ello que es imposible tener una clase política limpia y desinteresada. En tanto que detentores del poder político, las clase política desarrolla una necesidad propia y diferente a la del resto de la sociedad: conservar el poder. Es la política del salva-tu-culo que comentábamos el otro día. El proceso es análogo al del trabajador promedio, que trabaja no para garantizar el éxito de su jefe sino su propia continuidad en el puesto de trabajo: el trabajador persigue, ante todo, conservar su empleo. (No equiparo acciones ni valoro que sea más o menos correcto, comparo la lógica del razonamiento-acción.)

¿Cómo conseguimos entonces que la clase política deje de tomar decisiones que empobrecen y reducen el grado de libertades y el estado del bienestar, medidas antipopulares y de llevarle la contraria a un pueblo al que deja de representar para defenderse a sí misma? La única posibilidad es rendirle cuentas en función de esas malas decisiones.

Sencillo, ¿verdad? No tanto. Es harto complicado que la estructura de partidos políticos actual, diseñada para gobernar a la sociedad descentralizada que surgió con el ferrocarril y el telégrafo, se adapte para el buen gobierno de la sociedad distribuida que surge con internet. En tanto que el poder lo siguen detentando organizaciones anacrónicas y tecnófobas que temen sistemáticamente a la red y al nuevo mundo, las soluciones no son más que meros parches.

Pero aceptemos esa condición de contorno: quizá a corto plazo no hay otra alternativa que hackear a la clase política: conseguir que, siquiera a regañadientes, obedezcan nuestros intereses. El poder político sólo defenderá nuestras libertades cuando los votemos o dejemos de votar en base a cómo traten esas libertades. Parece sencillo pero no lo es tanto: porque ellos interponen un montón de temas para distraer la atención. En el Estado español, todos los partidos, incluso los de izquierda, recurren a un enfoque nacionalista [cetralista y españolista unos, regionalistas otros]. El nacionalismo ciertamente amputa muchas de las decisiones, pues se introduce artificialmente en la agenda pública precisamente para eso: para que no se debata de cosas que realmente importan (el precio del pan, el precio del alquiler, las libertades que tenemos). El nacionalismo es aliado del poder político porque nos impide coordinar una respuesta ante los atentados que sufren nuestras libertades (y, por extensión, nosotros) a manos de la clase política.

En palabras de Timothy Garton Ash,

«En tanto nosotros, la ciudadanía, en los países de la UE no nos levantemos y exijamos que nuestros líderes actúen coordinados por el interés de todos y cada uno de nosotros, ellos no tendrán ningún incentivo político doméstico para hacerlo.»

La reflexión de Ash se entiende si diferenciamos los intereses (diferentes) que tienen el pueblo y sus gobernantes. Hay que diferenciar entre nuestros intereses (ser más libres, vivir mejor) y el de nuestros políticos (permanecer en el poder).

Mientras no vinculemos la reelección de nuestros políticos a una verdadera mejora en nuestras libertades y en las libertades de los países con los que nos relacionamos (política y comercialmente), ellos no sentirán la necesidad de defender nuestras libertades ni las de las personas de terceros países. Simplemente: mientras no los vayamos a medir con esa vara, no les importará lo más mínimo.

Si la población sigue jugando al y tú más que tanto les gusta a los políticos, estamos perdidos para siempre.

Del mismo modo, mientras no introduzcamos la privacidad y la defensa de la neutralidad de la red en la agenda pública (y lo podemos hacer usando nuestros blogs, que para ello son verdaderamente importantes) de forma efectiva y realmente se deje de votar a los liberticidas, nuestros políticos no sentirán la necesidad de hacerlo. Aunque no lo hagan por nosotros, aunque lo hagan por el puro egoísmo de permanecer en el poder.

Mientras el Estado (que no el gobierno, sino la sucesión de gobiernos de ¿distinto? signo) legisla a nuestra costa y se aprueba la retención de datos, y la se aprobó la LSSI y luego la LISI, y se endureció la LPI y se aprobó la retención de datos y luego tenemos a la SGAE trampeando con una ley para que le den una información personal que luego usan para demandarte en base a otra ley, o presionando para entrar en tu casa, o al gobierno del Estado empujando para que creadores y telecos lleguen a un acuerdo que nos joda vivos a... nosotros, que se supone que tenemos el poder. Tan sólo porque hace ya mucho que la sociedad no lo usa, pues no le rinde cuentas a la clase política por los asaltos que sufren nuestros derechos.

Dirán que no alternativas. Quizá es cierto. Personalmente, ando aún más deshojado que de costumbre con todo este asunto. Si a corto plazo no hay otra organización posible que la que ya tenemos, ¿por qué no ha surgido ya un movimiento fuerte capaz de plasmar toda esa oposición a la política general?

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El bono-cheque cultural de la Junta de Andalucía

En un mundo digital, el acceso a la cultura (o al ocio, si se niegan a llamar cultura a según qué cosas) es muy sencillo y a menudo es gratuito. Por eso muchos hemos decidido que no pagamos más que por las cosas que de verdad nos interesan. Hemos decidido que no queremos seguir pagando cosas que se pueden conseguir gratis, obedeciendo una lógica comercial básica (a igual producto, comprar el más barato). Aquí entra el estado: ¿no quieres café? Pues toma dos tazas.

No voy a descubrir en este post la hipocresía de la clase política dominante. Y no lo voy a hacer porque, de alguna manera, vamos a hablar de propiedad intelectual, y en este tema la hipocresía de la clase política ya ha quedado patente en innumerables ocasiones (1, 2, 3, 4, 5, 6, por poner solo unos ejemplos).

Es sabido que las leyes que regulan esos aspectos están mal diseñadas, que no funcionan bien en un ecosistema abundante como el digital y que, pese al clamor popular en contra, las leyes sobreviven y se endurecen poco a poco. Y sobreviven y se endurecen porque todos los gobiernos que el Estado va teniendo así lo quieren.

La LPI, la LISI, el canon en los discos duros, en los móviles, en las bibliotecas ¿públicas? (¿no les hace raro que de repente y tras aprobarse el canon por préstamo bibliotecario, el Estado haga una campaña de propaganda a favor de las bibliotecas públicas? Primero te joden y luego lavan la propia imagen, qué típico).

Y te joden con el canon, pero también con lo que no es el canon. La Junta de Andalucía regala (con énfasis, que las palabras las carga el diablo) un cheque-regalo a todos los andaluces que cumplan 18 años (¿qué hace falta para ser andaluz? ¿nacer aquí? ¿vivir aquí? ¿tener aquí el padrón? ¿pagar impuestos aquí? qué lío, oiga): 60 euros para que te los gastes en cultura (u ocio), en los establecimientos asociados (que una cosa es dilapidar impuestos, y otra es dilapidar impuestos sólo sobre aquellos que acepten debernos el favor de mandarles a inocentes niñitos a sus tiendas cargados de corticoles o junticoles o como se diga, de dinero de mis impuestos). Lo leemos en La voz digital.

¿Cómo se entiende esta jugada? Pues muy fácil: ¿tú decides que es más económico bajarte música? pagarás música quieras o no (canon). ¿tú no compras libros porque los tomas de la biblioteca? pagarás libros quieras o no (canon). ¿tú has decidido que es más cómodo y rápido bajar cultura (u ocio, que tanto me da) de internet sin DRM y sin pagar porque así es la economía de la abundancia en la red? Pues tú te gastarás 60 euros en cultura, quieras o no (bono-cheque).

¿Cuántos euros me cuesta a mí esta jugada? ¿Cuántos millones nos cuesta la suma? ¿Por qué el Estado se empeña en que paguemos lo que ya no queremos pagar? Ya claro, que los 60 euros se los pueden gastar en ir al teatro... la de adolescentes que van a ir a ver Die Zauberflöte al teatro cervantes, oiga. Todos sabemos dónde irá a parar ese dinero; la Junta también. Y lo hace conscientemente porque así paga a su red de culturetariado dócil a la vez que adoctrina a los jóvenes en el mejor uso posible para su dinero.

Según la voz digital:

Estos jóvenes andaluces, de los que la consejera mostró su convencimiento de que, en su gran mayoría, «no tienen dificultad económica para acceder a la cultura», por lo que recalcó el valor simbólico del nuevo bono cultural, que también trata de acabar con «la excusa económica para no participar en la cultura». Torres recordó que se trata de una propuesta del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, para «generar nuevos públicos» y «para potenciar a los usuarios más jóvenes»

Ojo a las contradicciones y al descaro que podemos encontrar en tan poco texto trufado de declaraciones:

  • Es simbólico porque según la consejera ya tenemos pasta para estas cosas. ¿Simbólico regalar unos millones de euros a un sector que está en decadencia sobre todo por su falta de adaptación mercantil? Y luego, si ya tenemos pasta deja de obligarme a gastarme 60 euros (es dinero de mis impuestos) en eso. No me cobres esos 60 euros en impuestos y ya me los gasto yo en otra cosa (o en eso mismo).
  • Acabar con "La excusa económica para no participar de la cultura". ¿Qué excusa económica si, supuestamente, tenemos la pasta para ello y además gran parte de la cultura se obtiene ahora mismo... gratis en internet. La excusa la ha puesto ella para poderse gastar la pasta, que es diferente.
  • El descaro del señor Chaves al afirmar que quiere «generar nuevos públicos y potenciar a los usuarios más jóvenes». Molt bé. Pues si todo esto va de generar adicciones no se diferencian en nada de los camellos de mi barrio. El primer porro gratis. Salvo que aquí el primer CD ya lo paga el nene, porque si aún tiene la suerte de no currar a los 18 años, seguro que esos 60 euros se los cobraron al padre en el IRPF.

Y claro, sin obviar el detalle de que se lo regalan a niños de 18 años. Recién votantes. Pero qué populista es Hugo Chávez Manuel Chaves (ay, qué desliz con los nombres).

Ah, llegó el 2009 y todo parece indicar que voy a seguir igual de protestón que siempre. Malamente vamos.

El optimista enfermizo

El optimismo de Zapatero y el peloteo de sus medios afines son enfermizos. Son enfermizos porque suponen un insulto y una falta de respeto a todos los que lo tenemos que leer. Sin caer en catastrofismos: de las crisis se sale. Pero ahí está de momento y que el jefe de todo esto siga empeñado en decirnos que tout ira bien es exasperante (irritante en exceso, según la RAE). Yo, como los cerdos de Rebelión en la granja, prefiero menos cifras y más comida. Hechos, no palabras. Y menos chuparse las pollas tan pronto colocando en portada la primera memez que se le ocurra a este hombre.

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Más cosas que podemos aprender del 9-11 europeo

La columna de hoy de Henry Porter vuelve a bordarlo. El modo en que lo cuenta me vuelve a recordar, lo mucho que nos han silenciado el 9-11 europeo, tan esperanzador como fue, a pesar de que ahora mismo estemos muy lejos de eso (tanto en el tiempo como en los hechos). Es algo larga para ser una columnita, pero es que un pensamiento interesante jamás cabrá en 140 caracteres.

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El síndrome de la gestapo

El síndrome de la gestapo. Algunas personas interpretan que "no sé" significa "vuelve a preguntármelo hasta que lo sepa".

Europa con alambre de espinos

La élite política europea regala a la élite política irlandesa un comisario europeo (uno de esos puestos no democráticos con mucho poder que no nos dejan elegir). A cambio, el estado irlandés deberá ignorar a sus ciudadanos y volver a preguntarles acerca del tratado de lisboa (ya saben, ese tratado en que mutó la constitución europea para burlar el NO holandés y el NO francés sin preguntarles nunca más ni a ellos ni a los demás europeos).

Europa sufre el síndrome de la gestapo. El foco en la cara. El humo del tabaco. Torearnos hasta imponernos lo que quieren.

Ay de las oportunidades perdidas, ay del estado de bienestar decapitado.

[El diseño de la imagen es de Alvaro Valiño]

Actualización (2008-12-14): Genial la viñeta al respecto de este tema en Rue 89. Me ha recordado a ese clásico de la manipulación que fue la papeleta del referéndum para la unión entre Austria y Alemania bajo el 3er Reich.

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El 9-11 europeo

Aunque en nuestro idioma se los conoce como el 11-S, los atentados de las torres gemelas que marcaron todo un hito en el comienzo de siglo son conocido en Estados Unidos, país donde tuvieron lugar los atentados, como el 9-11. Esto es porque en notación estadounidense, el mes se antepone al día.

Siempre me resultó curioso que el 11-S mandara a dormir el sueño de los justos la efeméride del golpe de Pinochet en Chile, que tuvo lugar con evidente apoyo de la CIA estadounidense un 11 de septiembre y que acabó instalando en suramérica otra de las dictaduras sangrientas utilizadas por los EEUU en las décadas de 1970 y 1980 para ganar posiciones y fuerza en la región.

Pero lo que realmente me molesta es que el 9-11 norteamericano sea tan terriblemente recordado y utilizado por nuestros políticos, mientras que el 9-11 europeo (en notación europea, el 9 de noviembre), que tuvo lugar en 1989 y desembocó en la caída del muro de Berlín no sea recordado ni utilizado por todo lo que representó, y que lo que de él se podría haber aprendido se pierda en el baúl de las cosas que no conviene que se sepan. En la europa oriental de la década de 1980, la lucha por las libertades floreció poco a poco para dar lugar a cambios como los que hicieron posible la caída de las dictaduras que oprimían buena parte de esos países. Y el cambio tuvo lugar de forma «tranquila»: no hubo linchamientos, no hubo ahorcamientos en la plaza pública ni nada parecido.

El 9-11 es en Europa sinónimo de algo del todo diferente a lo que es en EEUU. Aquí signo de esperanza, allí de desolación y miedo. Quizá es que el 9-11 europeo está pasado de moda (no se aluda a él en la construcción de los discursos que modelan nuestro mundo) inevitablemente en la Europa disciplinaria actual, pero a mí no me deja de sorprender cómo se nos repite una y otra vez las cosas que generan intranquilidad social pero no se nos habla de las posibilidades de cambio reales que están ahí, al alcance de una ciudadanía que realmente se ponga a trabajar por ello.

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