Introducción a la historia de la Grecia contemporánea

Partenon, Grecia

Escrito en tono liviano, a modo de «historia para los que no sabemos historia», he leído entre ayer y hoy un largo post en el blog Historias de Hispania que, a pesar del nombre del blog, versa de la historia de Grecia en los últimos dos siglos. Ésos que transcurren desde la salida de una pequeña Grecia (aproximadamente un tercio del territorio de la actual) del imperio otomano y los días que vivimos actualmente.

Estos días se habla mucho de Grecia, de su crisis, de la solución a su crisis. Parece que la misma fuera creada por «la Troika» pero ¿y si Grecia llevase en situación similar desde su salida del imperio otomano en el siglo XIX? ¿Y si hace más de un siglo que su situación es insostenible económicamente y hubiera vivido rescates y quitas de deuda periódicas a lo largo de este tiempo? ¿Y si parte de estas crisis la hubieran labrado ellos mismos metiéndose en guerras de orgullo contra Turquía y priorizando el gasto en armamento por sobre otras cosas?.

El otro ángulo también es pertinente: si occidente ha mantenido artificialmente un bastión en Grecia, impidiendo con sus subvenciones que Grecia se aleje de occidente, y si en ese rol se han alternado las diferentes potencias habituales (Francia, Reino Unido, EE.UU., entre otros), ¿qué hace de esta situación algo diferente? En realidad, no hay ningún motivo para pensar que vaya a ser diferente: Grecia lleva más de un siglo viviendo del dinero que se inyecta desde fuera, y quienes lo inyectan lo hacen porque ese mal menor económico les merece la pena a cambio de tener en su órbita ese rincón del mundo, más que nada para que el mismo no se vaya hasta la órbita de Moscú ni caiga bajo influencia de Ankara.

Un tema que no es tan simple como alguna gente nos quiere decir, cuya solución mágica se ha presentado varias veces en el último medio siglo sin que la misma llegue nunca a cuajar como cierta. Y en esas parece andar de nuevo la rueda helena. Por eso me ha parecido tan interesante la lectura de este largo artículo que aunque cuyo tema sea un poco off-topic en este blog no quiero dejar de compartir.

Microsoft invirtiendo en Cyanogen, historias de Android

Cyanogen

Una de las noticias más curiosas que he visto recientemente: Microsoft estaría presente en la nueva ronda de inversión/financiación de Cyanogen (WSJ), que ascendería a unos 70 millones de dólares y valoraría la compañía en varios cientos de millones.

Cyanogen es una compañía cuyo producto estrella es una personalización de Android, el sistema operativo auspiciado por Google. Pero el punto fuerte de Cyanogen es, precisamente, que se alejan todo lo posible de lo que Google ofrece. Se estima que unos 50 millones de personas usan la versión Android preparada por esta empresa, y sólo una exigua minoría la usa porque viniera en su teléfono, entre ellos quienes poseemos un OnePlus. La mayoría de sus usuarios han buscado voluntariamente esta versión y han sustituido la que traía originalmente su teléfono.

El detalle que me parece más llamativo del hecho de que Microsoft entre a invertir en Cyanogen es el hecho de que pretendan disputar la hegemonía de Google en el mundo Android. Inevitablemente me ha venido a la cabeza el hecho de que la licencia de Android es de software libre no copyleft y sí blanda, permisiva. No creo que lo hagan pero, ¿y si Microsoft decidiera forkear Android y no liberar el código fuente de su nuevo fork? ¿Puede llegar el día en que Google se arrepienta de no haber liberado su sistema operativo como software libre GPL?

No creo que llegue tan lejos porque los muchos voluntarios que colaboran con Cyanogen no lo harán si el modelo cambia de forma drástica, pero sí es cierto que el hecho de que Cyanogen coja algo de vuelo y de que el control de Google sobre Android sea algo menos férreo seguramente va a beneficiar a los usuarios en general.

Ancho de banda y brecha digital

Hablemos de adopción de Internet de banda ancha en empresas y su efecto en cómo trabajamos, o al menos cómo trabajan en Noruega, ya que los datos que se evalúan proceden de ahí. Advierto que no he tenido acceso al artículo completo pues está tras un paywall, así que por ahora nos quedamos con el abstract vía Marginal Revolution:

Encontramos evidencias que sugieren que la adopción de banda ancha en las empresas complementa a los trabajadores cualificados ejecutando tareas abstractas y no rutinarias, y sustituye a trabajadores no cualificados en la ejecución de tareas rutinarias. Puestos en común, nuestros hallazgos poseen importantes implicaciones sobre el debate actual sobre política de inversión gubernamental en infraestructura de banda ancha para potenciar la productividad y el crecimiento salarial.

La primera conclusión no es sorprendente: el trabajo mecánico es para las máquinas y la verdadera brecha digital no es el acceso a Internet sino el saber usarla (nótese que ese post es de 2008, y algún aspecto puede haber envejecido, pero también que la idea central se demuestra válida), saber qué hacer con ese acceso.

En primera derivada, no obstante, creo que antes incluso de alcanzar el punto concreto del gasto público (por cierto, sobre este tema y decisiones de compromiso recomiendo el post de Antonio Ortiz sobre la decisión de obligar a Telefónica a dar acceso a su fibra a otros operadores) hay que pensar si el problema no es de infraestructura tecnológica sino de capacitación para usarla. Dicho de otra forma, ¿no vale la pena repensar y mejorar el sistema educativo antes para que esa inversión pública en infraestructura no se convierta en dispendio?

Es la ingeniería social, estúpido

Blackhat, la película

Acabo de ver el trailer de Blackhat, una nueva película sobre «hackers» (por supuesto, en el sentido más criminalizado del término) que al parecer está recibiendo buenas críticas.

El trailer promete una película muy hollywoodiense: acción, protas con buen porte, un malo que quiere conquistar el mundo, un bueno que no es tan bueno (estaba en la cárcel) para que el personaje no sea tan plano pero que… resumiendo, una peli dentro del canon de acción de Hollywood. No van a reinventar nada.

Lo que me llama la atención es que pasen los años, y las pelis de hackers sigan estando saturadas de ordenadores negros con letras verdes indescifrables. Entiendo que el espectáculo es el espectáculo, pero si hacer una buena película de época requiere vestuario bien documentado, cuando una peli de hackers pretende ser buena de verdad requiere algunos monitores menos y algunas escenas más de ingenieria social pura y dura en la que el objetivo se traga el anzuelo sin más.

Porque admitámoslo: ésa es la puerta de entrada más vulnerable, la que utilizan la mayoría de atacantes informáticos. Pero con semejante falta de glamour a ver quién hace un blockbuster, dirán en Los Ángeles.

¿Bitcoin frente al abismo? Puede que todo lo contrario

Bitcoins

Dicen que Bitcoin se enfrenta en 2015 a su año definitivo: o lo supera o muerde el polvo para siempre. Un buen artículo en Vox elabora algo más esta idea. A ese artículo llegué hace unos días vía Marginal Revolution, que destaca el párrafo que mejor describe la burbuja startupera en torno a esta criptodivisa.

Entre enero de 2013 y hoy, la cantidad de dinero invertido en Startups centradas en Bitcoin se ha multiplicado por más de 100 veces. Incluso tras la caída de 2014, un Bitcoin vale a día de hoy más de 20 veces lo que valía a principios de 2013. El número de cajeros automáticos devolviendo Bitcoins ha pasado de 0 a 342. Pero a pesar de eso, en este mismo periodo de 2 años el número de transacciones llevadas a cabo con Bitcoins diariamente ni siquiera se ha doblado.

Por supuesto, puede que sea esa avanzadilla que precede a la eclosión. Ya sabemos que Bitcoin tiene el potencial de dejar obsoletos modelos como el de Western Union y el envío de remesas.

La pregunta, y lo que me ha hecho pensar en ese artículo de Vox una vez más, es la información recogida en GigaOM acerca del futuro del minado de Bitcoins.

El proceso de minar Bitcoins podía realizarse en el pasado en una única máquina, pero se hizo más complejo conforme el mercado creció. Eso conllevó el uso de montones de computadoras usando chips especiales para hallar los números. Toda esa infraestructura pesada requiere espacio a nivel de data centers.

Dada la cantidad de poder de computación requerida para realizar los cálculos matemáticos necesarios para minar un Bitcoin, es probable que en primer lugar ya no sea económicamente viable hacerlo.

El artículo habla de un efecto colateral del «pinchazo» de la burbuja de Bitcoins (que llegó a cotizar por encima de 1000 dólares cada bitcoin, y ahora no alcanza los 200 dólares, aún una cifra impresionante pero que habla del nivel de burbuja que se ha vivido, y del que aún se vive): el de los proveedores de data centers haciendo frente a impagos de aquellos que ahora gastan más dinero en servidores del que ganan con los bitcoins que van descubriendo.

En unos meses veremos cómo evoluciona el tema, pero ya saben, cuando miras al abismo el tiempo suficiente, el abismo también te contempla. Bitcoin parece estar contemplando a su abismo. Quizá para bien: quizá muera de una vez la burbuja y quede la divisa que la economía global necesita: digital, cifrada, y con una cotización estable. Menos carnaza para especuladores y más apropiada para el usuario común.

Rechacemos ser aterrorizados

Paris, una foto del despotismo ilustrado de nuestra época

No he escrito nada sobre los atentados de París, aunque como (casi) todo el mundo he seguido muy de cerca el tema, porque en un plano personal guardo mucho cariño a esa ciudad y a la gente que conozco allí. Si tuviera que recomendar un par de enlaces de balance sobre los tres días de vértigo acontecidos la semana pasada serían dos artículos escritos por Jesús Pérez Triana y Jordi Pérez Colomé.

No vamos a hablar ni de viñetas, ni de revistas, ni de los protagonistas de los atentados. Este artículo va sobre la gestión que de estos están esbozando los líderes políticos europeos. Vamos a hablar del post-atentado.

Y es que las consecuencias políticas en materia de libertades parece no tardarán en llegar. Qué poco queda de las declaraciones tipo «no permitiremos que los terroristas cambien nuestro modo de vida» entonadas por todos los líderes europeos, apenas unas horas después de haberlas dicho.

Marcha atrás a Schengen

El primer aviso llegó con la decisión de modificar Schengen para volver a endurecer fronteras dentro de la UE. Detengámonos un segundo para valorar lo absurdo de la decisión: los atentados de París fueron perpetrados por ciudadanos franceses de nacimiento, con pasaporte francés, en Francia. Y, ¿la solución es volver a levantar las fronteras en Europa?

Esto nos lleva a una primera y trágica derivada, y es que todo rumor va a resultar cierto: los partidos nacionalistas, populistas, y autoritarios descritos en La conexión euroasiática no necesitan ganar las elecciones para que sus chifladuras se conviertan en ley. Tan diferentes, tan iguales.

Prohibir el cifrado de comunicaciones

El segundo aviso lo dio David Cameron ayer mismo, al anunciar que planea prohibir el cifrado de comunicaciones en Internet. Hoy en The Guardian lo ponen negro sobre blanco: «o lo hace para aparecer en los titulares o no tiene ni idea de lo que habla».

Por supuesto, el cifrado asimétrico no gusta a los Estados. Recordemos el cambio legal que dejó a Lavabit fuera del servicio, y el cierre de Groklaw como consecuencia. O el más reciente caso de los detenidos en cataluña por usar el servicio de correo seguro de RiseUp. Nada nuevo: en 2008 se dio un caso parecido en Alemania.

Pero la prohibición propuesta por Cameron es devastadora: ni banca online, ni comercio electrónico, ni por supuesto el más fundamental derecho a la intimidad. Nada de eso será posible sin un mínimo cifrado.

No, la respuesta a los atentados de París no puede ser más vigilancia masiva. La vigilancia masiva cuesta muchísimo dinero, un recurso finito, y es mucho mejor destinar ese dinero a supervisar en mayor detalle a los sujetos sospechosos, en lugar de espiar todo lo que hacemos y desatender a quienes ya eran sospechosos y terminando siendo ejecutores, porque los sistemas de seguridad dejaron de controlarlos. El gobierno francés, por cierto, tampoco es ajeno a la toma de «medidas excepcionales» y hasta hay quien propone retomar el servicio militar obligatorio, como si el problema de Francia fuera precisamente de falta de espíritu nacional.

La política del miedo

Ya lo habrán notado: la retórica de la guerra contra el terror vuelve a estar de moda este invierno. Por supuesto, ninguna de estas cosas es verdaderamente nueva. Tan sólo aprovechan el impulso para aflorar: como la persona que intenta coger el impulso de la ola para salir del mar con el mínimo esfuerzo.

La respuesta ante esto es ya mítica: rechacemos ser aterrorizados. Eso es lo que los terroristas quieren: que vivamos aterrorizados, que ese terror lleve a nuestros políticos a destruir la misma libertad que los terroristas atacan, y en cuya defensa paradójicamente se adoptan las medidas que la cercenan. La política del miedo siempre tan efectiva.

Una de las fotos más icónicas de la manifestación del pasado domingo muestra a la gran masa de políticos separados del resto de la marcha. La foto muestra a la vez una unión y un apoyo político encomiables, pero también es símbolo del distanciamiento existente entre la política y la realidad.

La misma distancia que hay entre los firmes compromisos políticos por defender la libertad en Europa – aunque se levanten otros diez, otros cien, otros quinientos terroristas – y que las primeras medidas que se tomen sean todas de recorte de libertades, con los cadáveres de Charlie Hebdo aún calientes.

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