A estas alturas de la partida pocos se atreverán a negar que el mundo ha cambiado mucho los últimos años. La tecnología digital ha puesto el mundo de nuestros padres patas arriba y nos ha dejado otro bien distinto.
Sobre las implicaciones que este nuevo contexto tecnológico puede conllevar (y está conllevando) pudimos leer hace ya bastante tiempo en libros como El poder de las redes, de David de Ugarte. De la necesidad (en el sentido estricto) económica de aceptar el cambio y aplicarlo para sobrevivir pudimos leer de sobra en el (denso, en conceptos) libro de Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Y yo mismo hablé de los beneficios de esta tecnología, no exenta de riesgos [de hecho, lo hago constantemente en el blog] que deberíamos poder controlar (remember Peter Parker, ya saben… lo del poder y la responsabilidad).
Quizá porque a uno le interesa el tema y ha leído alguna que otra cosa al respecto, cuando se pone manos a la obra con La tierra es plana de Thomas Friedman no puede sino verle pegas al asunto. ¿Friedman? ¿El tipo ése que se dedicó durante años a defender la guerra de Irak desde el NYT y el atril que le dieron sus premios Pulitzer? Y claro, La tierra es plana… para Friedman. Resulta que el hombre viajó a La india (sueño húmedo de los países angloparlantes) y lo vio claro, cristalino: la tierra es plana. Aquí todo el mundo habla inglés, imitan nuestro acento, visten como nosotros. ¡Ah, la globalización ha alcanzado hasta a los pobrecitos indios, con lo lejos que estaban! Se puede tener una visión más reduccionista de la realidad, pero es complicado.
Y, sin embargo, resulta que Friedman diagnostica, a mi entender con acierto, las implicaciones de muchas de las cosas que están sucediendo actualmente.
Estamos entrando en una época en que vamos a presenciar la digitalización, virtualización y automatización de prácticamente todas las cosas. (De ello me ocupo en detalle en el capítulo siguiente.) Aquellos países, empresas y particulares que sean capaces de asimilar las nuevas herramientas tecnológicas experimentarán un asombroso aumento de la productividad.
(…)
No se trata sólo de cómo se comunican los gobiernos, las empresas y la gente; no se trata sólo de cómo interactúan las diferentes organizaciones, sino de la emergencia de modelos sociales, políticos y empresariales completamente nuevos. (…) Si estoy en lo cierto en relación con el aplanamiento del mundo, el fenómeno será recordado como uno de esos cambios fundamentales, como el nacimiento del Estado-nación o la Revolución Industrial, que en su momento generaron cambios en el papel del individuo, en el papel y la forma de los gobiernos.
Y es cierto eso. Pero su empeño por ver un planeta plano, liso como una tabla, me pone nervioso. Y me pone nervioso porque sospecho que está íntimamente ligado a su visión cerrada del mundo. Yo he leído su libro [exagero, sólo leí el primer capítulo, leer más era demasiado pdf] en Málaga, escuchando a Los planetas y estoy escribiendo este post oyendo el contrabajo de un israelí sefardí que lo mismo no abre la boca que se arranca a cantar en ladino o en hebreo. Es cierto que en 2009 lo digital aumenta mucho la competencia, nivela las balanzas y disipa las rentas monopolísticas en numerosos sectores (cada vez más). Pero afortunadamente no, el mundo no es plano; no todo el mundo vive en Bombay y fuerza su forma de hablar para imitiar el acento de los Friedman de toda la vida. Por fortuna coexisten muchas visiones diferentes del mundo y más que van a surgir (como Friedman mismo apunta en su texto). Y que así siga siendo, aunque las balanzas se igualen cada vez más (que así sea, también).
No, el mundo no es plano: el mundo es un poliedro, como las cosas redondas cuando se renderizan mal, o no se disponen de suficientes medios, y nos quedan los polígonos demasiado grandes: imagino que hay caras suficientes para que todos vivamos a nuestro modo. Y, eso sí, quizá con la suficiente potencia de cálculo, y trabajo por nuestra parte, el mundo podrá volver a ser redondo [si renderizamos infinitos polígonos cada vez más pequeños], pero lo será de una forma que no hemos visto antes.
Y quizá si el chico hubiera usado otro símil yo no estaría aquí hablando de él, porque por lo demás no dice nada nuevo. Así que imagino que en el fondo hizo bien su trabajo (logró que se hablara de él).