La cinta blanca

¿Qué pensarían si unos estadounidenses fueran vejados e insultados porque el gobierno que dicen representarlos sigue batallando en Irak? Eso le sucedió estos días a tres israelíes que pasaban por Madrid invitados a unas conferencias. De locos. Hoy los organizadores del desfile del orgullo gay de Madrid anuncian que impedirán la participación de la carroza israelí. Es antisemitismo, y asusta y avergüenza a partes iguales. ¿Cuántos de ustedes saben que Egipto mantiene un bloqueo a Gaza idéntico (hasta en el motivo de su imposición: la victoria de Hamas) al israelí desde el año 2007? Si la frontera con Egipto estuviera abierta, nadie pretendería llegar a Gaza en barco. Sólo ahora, bajo la sombra del oportunismo, anuncian que lo levantarán temporalmente (y lo dicen en futuro transitorio). Si en Gaza muere gente por falta de medicamentos o comida, la responsabilidad habría que repartirla. Pero nadie habla de eso. Es más fácil acusar sólo al Estado de Israel. Ah, la vieja Europa con sus viejas contumbres.

Generación A

«Ahora, vosotros jóvenes idiotas, ¿queréis un nombre para vuestra generación? Probablemente no, tan sólo queréis trabajo, ¿verdad? Bien, los medios nos hacen ese tremenfo favor cuando nos llaman Generación X, ¿verdad? A dos pasos del extremo final del alfabeto. You, por la presente, os declaro Generación A, tan al principio de una serie de triunfos y fracasos pasmosos como Adán y Eva estuvieron hace tantísimo tiempo.»

Kurt Vonnegut, en un discurso en la Universidad de Syracuse el 8 de mayo de 1994.

Con esta cita se abre Generation A, el último libro de ficción de Douglas Coupland (de quién creo que han salido como una decena de citas en este blog) que compré hace ya bastantes meses y que sólo ahora pude comenzar a leer. Si es la mitad de divertido que otros libros que me leí de él (a excepción, quizá, de Microserfs*) ya valdrá la pena la inversión y la lectura.

(*), Microserfs es un buen libro, pero yo lo leí tarde y quizá debo decir que no me quedó buena cosa: como si no hubiese envejecido bien.

Bletchley Park, de casi desaparecido a la Red

Bletchley Park, ese templo de la historia de la computación y especialmente del cifrado y descifrado de mensajes, donde se atesora todo lo relativo a la ruptura de los códigos de las máquinas Enigma utilizadas por el Reich durante la II Guerra Mundial, estuvo a punto de ser cerrado hace demasiado poco tiempo. Muchos nos sentimos apenados por esa perspectiva, que al final se solucionó (aunque hace tan sólo dos meses aún existían dudas al respecto). Ahora tenemos un motivo para alegrarnos: los archivos de Bletchley Park pasarán a estar disponibles en Internet. Falta tiempo, la memoria de la red no es perfecta, pero es una buena noticia. Ya lo dijo Stallman: los cobardes hacen backup, los valientes lo cuelgan en internet.

Dijo el kioskero

«No quiero un país de blogueros», dijo el kioskero mayor del reino (y encantador de serpientes a tiempo parcial), tal y como comentan en ese foro de expresión de kioskeros y otros gremios asociados que es El País, donde todo lo que sea recentralizar la red (twitter incluido) recibe siempre un eco mucho mayor que el necesario y un respaldo sin fisuras.

No quiero un país de blogueros. El mensaje está a la vista para el que lo quiera ver: quiero un país de consumidores obedientes, que dejen de usar el navegador para usar aplicaciones específicas para cada ¿web? (no, nunca más web sino servicio) que te permitirá leer contenidos, habitualmente con DRM, si puede ser pasando por caja para cada uno de ellos. Ya saben: si eliminamos todo lo demás (blogs incluídos) aun la prensa podrá vender sus publirreportajes a un precio razonable. Este Jobs no dejará nunca de sorprendernos con sus tirabuzones y triples mortales inversos hacia atrás.

El reto para Jobs no es sólo conseguir eliminar todo lo demás (ahí tiene tarea para rato), sino hacerlo sin conectar la máquina del tiempo para volver a la década de 1980, porque en esos años el kioskero mayor del reino no tenía kioskos. Perra vida.

Android y el desencanto

Android desencanta. No se trata ya de que cerrarnos de mente y limitarnos a escoger entre Android y iPhone sea escoger un mal menor (a las últimas, un mal, por propia definición), es que el hipotético mal menor te puede resultar exasperante a poco que seas consciente de lo que el verdadero software libre te puede ofrecer y te encante esa manera de ver las cosas. (Yo no veo ese sistema igual desde que supe que al ganar acceso como root se pierde la garantía.) Para ponderar por ustedes mismos hasta dónde puede llegar con Android, recomiendo leer el más reciente post de Marbu: Mi decepción con Android.

Bocados de Actualidad (111º)

Aquí estamos un domingo más, esta vez con la centésima décima primera ronda de Bocados, algo más ligera que en otras ocasiones pero igualmente recomendada. Nos acompañan Mad Season, que no suelen faltar a estos domingos. Los enlaces de esta semana:

  • GigaOM compartió la minicharla del fundador de 4chan en TED: ¿por qué el anonimato tiene valor?
  • El diablo en los detalles y la particular visión de los estándares según Apple.
  • Fogonazos y la astronomía forense.
  • Iván Vilata y algunas noticias sobre desarrollos wifi e inalámbricas.
  • Error 500 cree que Google le está dando a Microsoft de su propia medicina (FUD) con el tema del abandono de Windows. Security by Default (qué gracia me hizo ver ese modo +b a una máscara, qué tiempos…) tampoco anda descaminado.
  • Scripting News carga contra Apple y su internet-Disney en «no me gustan los cables pero me gustan los puertos».
  • RinzeWind y el problema de la divulgación científica frente los magufos: la ciencia no tiene tetas.
  • Por todas partes se reclaman más espacios para las bicicletas: hoy en Málaga, el próximo finde en Madrid.

Y con ese punto bicicletero terminamos por hoy. Mañana más, sobre los temas de siempre.

Ahí hay mucho más que números

«Si pasas suficiente tiemopo mirando el canal Bloomberg o leyendo el periódico WSJ, puedes tener la errónea impresión de que «la economía» es un montón de cálculos estadísticos, bastante aburridos, con nombres como PIB.

(…)

Y si crees que eso es «la economía», entonces puede que los expertos estén en lo cierto. El impuesto sobre la contaminación bien puede lograr que un número como el PIB sea más pequeño, pero ¿a quién le importa? Sin duda alguna, no a los economistas. Sabemos que el PIB mide muchísimas cosas que son dañinas (la venta de armas, las construcciones de baja calidad con el subsiguiente elevado coste en reparaciones, el gasto habido en el traslado hasta y desde el trabajo) y no tiene en cuenta muchísimos elementos importantes, como el cuidado de tus niños o un paseo por las montañas.

La mayor parte de la economía tiene poco que ver con el PIB: la economía se ocupa de quién recibe qué y por qué. El aire limpio y el tráfico fluido son parte de la «economía» en este sentido. Es posible que la tributación sobre la congestión viaria incremente el PIB, pues las personas llegarían a su trabajo con más rapidez y producirían más, y los precios en las tiendas serían más bajos como consecuencia de una distribución más eficiente. Y también es perfectamente posible que dicho impuesto reduzca el PIB; pero esto, en realidad, no importa en absoluto. Sabemos con certeza que nos beneficiará de un modo mucho más significativo: tendríamos muchas alternativas nuevas acerca de adónde vamos y qué hacemos. La vida tiene mucho más de lo que la contabilidad puede llegar a medir. Incluso los economistas lo saben.»

Tim Harford, El economista camuflado

Leí este libro hará cosa de dos años, nunca puse nada por aquí y hoy curioseando por mi ordenador he encontrado este trozo que en algún momento piqué. Supongo que esperando una ocasión de releerlo y postearlo con ganas.

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