Ludificación y la negación de la ética hacker

Es la primera vez que publico sobre este tema, aunque no es la primera vez que escribo al respecto. Hace varios meses escribí un post con este título, que luego borré sin publicar. En sí, aquel post era una crítica a la reutilización acrítica de anglicismos. La palabra gamificación no me gusta y hasta ahora pensé que era porque huele a traducción cutre del inglés gamification, que pretende expresar el hecho de aplicar a una actividad una cierta mecánica bajo la cual pueda ser contemplada (y operada) como un juego.

Hace un par de días, dejando un comentario en De hackers contra zombies comprendí qué es lo que no me gusta del término gamificación.

Lo que no me gusta es lo que afirma explícitamente pero, sobre todo, las negaciones implícitas que contiene esa afirmación. Dicen los teóricos de la gamificación que hay un hueco para la innovación empresarial embebiendo nuestro trabajo diario de una capa lúdica. La justificación es que al hacer esto, conseguimos que actividades que hasta entonces eran aburridas pasen a ser divertidas, nos gusten, y de repente sean llevadas a cabo de forma casi inconsciente. Esta argumentación olvida que hay formas de lograr eso sin recurrir a la ludificación: enfocar nuestro día a día desde la ética hacker.

El mensaje explícito es el de infantilización de nuestras actividades. Hay que convertir todo en un juego para que sea atractivo, es la versión cool del avioncito virtual con que las madres camuflan esas comidas que saben que el niño no aceptará fácilmente. Ésta por papá, y ésta por mamá, venga, que ya casi se ve el dibujo al fondo del plato. Me hizo pensar también en ciertas tendencias de moda basadas en la infantilización extrema.

El mensaje implícito es aún más simplista pues conlleva la negación de la ética hacker. Si para que algo nos guste hay que esconderlo para que parezca un juego, es porque estamos aceptando que todo lo que no es un juego no puede gustarnos. No podemos a la vez pasarlo bien, disfrutar y que sea una actividad seria con la que disfrutar aunque no sea un juego; disfrutar, precisamente, porque es nuestro trabajo.

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