Simplicidad, usabilidad e intuición

Estoy en proceso de concluir mi próximo ensayo (aún sin nombre definitivo), recogiendo mucho de los contextos que he estado investigando este último año y medio y que, si todo va bien, saldrá a la luz. Se centrará en la gestión que hacemos del miedo y los retos que esto nos plantea en la sociedad actual, cuando constantemente nos vemos sometidos a mensajes que pretenden asustarnos antes que informarnos, para así coaccionarnos antes que darnos autonomía. Sin embargo, en el proceso de organizar algunas ideas sobre cómo el cerebro yerra con los mensajes oscuros y enrevesados de la biopolítica y el control, descubrí que tenía una teoría más o menos imprudente sobre la simplicidad.

Google, Yahoo! y simplicidad

La imagen superior es un montaje rápido que superpone las páginas de inicio de Yahoo! y Google, que durante una década han establecido en la web el paradigma de una interfaz ligera y otra sobrecargada.

¿Simplicidad o complejidad? Si nos preguntaran uno a uno, la mayoría escogería simplicidad sin dudarlo. Pero lo que de verdad resulta interesante es buscar el por qué. Y la realidad es que las cosas simples parecen más sencillas. No necesariamente lo serán, pero lo parecen, y eso es más que suficiente. La primera impresión sobre cualquier tema se instala como un juicio previo: si lo primero que anotamos acerca de algo es «simple, ergo fácil de usar», toda evidencia posterior deberá refutar esa primera impresión. Y no será sencillo, porque nos negamos a asumir que algo nos contradice.

Piensen en el ejemplo anterior, Yahoo! promete hacernos la vida fácil con enlaces a cada sección. Google promete simplicidad: escribes y encuentras, si crees que es tu día incluso te lleva directamente a una página de destino. Más allá de las promesas, en Yahoo! desconocemos qué encontraremos tras cada enlace (¿coincide nuestro mapa mental de categorías con los del administrador?), mientras que detrás de ese único botón encontraremos muchos más, que se van desplegando a medida que pedimos más a la aplicación, demostrando que las cosas que parecen simples no siempre lo son. No obstante, ¿cambia eso nuestro juicio sobre cuál herramienta es más sencilla y fácil de usar? Difícilmente, porque además no nos gusta la incertidumbre, la detestamos. Así que la complejidad comparada de una frente a la otra nos genera incertidumbres, que desembocan en agotamiento y estrés.

Al revés, para cuando una aplicación sencilla se demuestra compeja el efecto está conseguido. Nuestro cerebro es bueno reconociendo patrones. «Las cosas con un sólo botón no pueden ser difíciles de usar», dice nuestra intuición. Por contra, decenas de botones y enlaces apilados… ¿por dónde empezar a buscar? Adoramos la simplicidad, pero la adoramos porque antes siquiera de que nuestra razón entre a jugar, nuestro instinto ya nos dice qué tenemos que pensar: simple, ergo fácil. Es lo que los estudiosos de nuestros procesos mentales denomina la «heurística de lo habitual», juzgar la realidad en base a criterios empíricos no rigurosos, de forma que, aunque podemos acertar, con frecuencia cometeremos errores estrepitosos. Si hablamos de un libro (o una aplicación), el error estrepitoso sería asustar a nuestros potenciales lectores (o usuarios) con algo que requiere de ellos mucho más esfuerzo y atención del necesario.

Pero no es todo: resulta obvio que la simplicidad necesita a la complejidad para seguir siendo percibida como tal. Sí, cada Google encantador necesita su Yahoo!, cada iPod su Walkman. A la hora de diseñar una herramienta puedes escoger tu rol pero, ¿por qué elegir la versión compleja pudiendo tomar el otro camino? Decía John Maeda en Las leyes de la simplicidad que a la hora de escribir o diseñar, si tenemos dudas sobre incluir algo, es que hay que eliminarlo.

Como no se trata de reducir ni información ni funciones útiles, el camino a seguir pasa por la concisión: tomar lo imprescindible, lo que todos querrán leer o necesitarán usar, y dejarlo caer justo mitad del camino que inevitablemente tomará nuestro público objetivo. Lo demás, bien organizado y disponible sólo para los que opten por profundizar. Lo contrario es generar una carga que no todos están pidiendo.

Y no se asusten, que pese a salirme del tiesto con este post, prometo que el ensayo irá directamente al grano.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

One Comment

  1. Pingback: http://www.biankahajdu.com/2011/10/07/effortless/.

    … a la semana. Ya tenía pensado explicación de por qué esta postura no podría hacerla nunca. Lo increíble es que ayer lo hice sin esfuerzo. Sencillamente me salió. Y me recordó una máxima de la simplicidad y la usabilidad: que, como resultado del diseño, sea effortless usar el objeto / aplicación web. Y pensé que si algo se hace effortlessly es porque hubo alguien que hizo mucho, muchísimo esfuerzo para que sea …

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