Publicidad en la red, lo que el usuario no ve

Lo primero que me ha venido a la cabeza al leer el artículo «La mayoría de usuarios no tiene ni idea del seguimiento de sus actividades online» (ComputerWorld, via TheInquirer) es esos anuncios contra el consumo de alcohol que hacían hincapié en la diferencia entre «lo que tú crees que sucede y lo que está sucediendo en realidad».

El artículo se basa en unos resultados de un estudio llevado a cabo en la Universidad de Berkeley (la única universidad pública de EE.UU. que figura entre la lista de las mejores del país, por cierto). Según los resultados de este experimento, más de la mitad de usuarios de internet no tienen ni idea de lo que sucede con la privacidad en la red, en concreto con dos actividades muy cotidianas como son la navegación y la compra online (algo menos extendida que la navegación, pero ya muy frecuente).

Mientras las personas creen que los datos que dan a una empresa no serán usados para comerciar con ellos (venta a terceros, publicidad dirigida), esto es lo que sucede en la mayoría de los casos. Aquí lo comentamos a menudo: las bases de datos con información personal valen mucho dinero, aunque nadie sepa aún cómo exprimirlas a fondo para sacarles jugo al máximo. Piensen que sistemas como Google AdSense/AdWords han permitido a Google pasar de ser una empresa cualquiera a la segunda empresa tecnológica por capital en bolsa (Buenos días, Sillicon Valley), y estos sistemas sólo rascan la superficie de la personalización publicitaria aprovechando la información que el publicista conoce del usuario. Esta segmentación publicitaria parece que va a avanzar mucho con el sistema publicitario de Facebook (Facebook Flyers, Denker Uber), que no sólo acumulará tu información cotidiana sino tu ubicación precisa, tus redes de amigos, tus conciertos, tus películas, todas esas aplicaciones que te invitan a responder preguntas y tests sobre hobbies… y en base a toda esa información decidirá qué anuncios se te muestran.

Del mismo modo que toda la información recogida a través de la RFID y las tarjetas de fidelización (tarjetas de puntos) de los supermercados se utiliza para conocer mejor al cliente y segmentar la publicidad, así mismo toda la información que regalas a las webs que te la piden a cambio de casi nada (como a Google gracias a la Google Toolbar del navegador, o a Facebook respondiendo a todos los tests tontunos que te envían tus contactos) se utiliza para conocerte mejor y venderte mejor. Y eso es así, lo percibas o no. Eso es la publicidad personalizada. Un arte, dicen algunos; un arte de hacer dinero, en todo caso. Y lo peor es que al funcionar de modo invisible para el usuario, éste no desarrolla hábitos de defensa ante estas técnicas de márketing que esquilman tu privacidad.

Estoy seguro que la mayoría de lectores de este blog sí son de esos que saben qué se cuece (y se enriquece) por este mundillo, pero aún así no me guardaré el consejo (es mejor o¡r un consejo dos veces que no oírlo nunca): sed cautos con la información que dais a cada servicio web, esa información vale mucho dinero; no la regalen a la ligera. Todos los datos se registran, en estos tiempos nunca se borra nada; y si todos registran datos es que todos ellos los utilizan, de una u otra forma.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

3 Comments

  1. Soy muy celoso de mi privacidad, tal vez porque me toco vivir una época de pequeño donde el exceso de información se pagaba caro, pero siempre me ha sorprendido la facilidad con la que mucha gente acepta contactos en el messenger y no muestra el menor pudor en facilitar información personal de todo tipo.

    Evidentemente mientras haya personas así, habrá otras que sepan utilizar ese material en su beneficio propio. Y parece ser que la nueva internet va encaminada hacia ese panorama.

    • Claro, eso que comentas es totalmente cierto, cuando hablamos de privacidad: el rival más débil somos nosotros mismos. Nuestra comodidad, la pereza que da tener que cifrar todos los mensajes, o la sensación de vivir sólo en el mundo por no admitir a todo el que te agrega a MSN, o a Facebook, o a la que quiera que sea la página que te guste usar.

      No es sólo ciberderechos (aunque este panorama sea el más terrible, es posible pensar que quizá no lleguemos a sufrirlo muchísimo), es más un tema de intimidad. Hoy mismo supimos que TiVo va a vender los datos de sus usuarios a terceras personas.

      La gente dice que no tiene nada que ocultar: pues yo sí tengo cosas que ocultar. Quiero ocultar mi número de teléfono, estoy harto de que me llamen para hacer estúpidas ofertas a horas intempestivas. Quiero ocultar mis gustos, mis aficiones, mis compras.

      Un saludo, y gracias por comentar :)

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