«Imposibilitar o dificultar el despido no crea efectos positivos, sino al contrario. Si los trabajadores saben que no los van a echar, pueden estar rascándose las gónadas tranquilos sin dar palo al agua, mientras chupan del bote. Por otro lado, para intentar evitar eso, las empresas se vuelven extremadamente cuidadosas a la hora de contratar gente: cuanto menos personal mejor (no sea que luego quiera reducir plantilla y me caneen), y mil recelos a la hora de contratar, que sea gente con experiencia y que sea de fiar (¡que si me sale rana no podré echarlo!). Si dificultas el despido, también dificultas la contratación.»
– marbu, en un comentario que deben leer al post anterior, Estremecerse dirigiendo la vida propia
Y si dificultamos despido y contratación reducimos el flujo, se entorpece el mercado, en último término hay ineficiencias, encasquillamiento (que nos lleva directamente a la aparición de rentas a favor de los contratados, que pueden así vaguear ad libitum quejándose para trabajar menos y ganar más) y dejamos el camino abierto al amiguismo.
Es un enfoque básico, pero ya nos iría mejor si muchas personas que están en posiciones más o menos clave tuvieran las cosas igual de claras que marbu.

