Google hace público el código de Android 4, pero no es suficiente

Google, Don't be open!

Google permitirá a los desarrolladores acceder al código del nuevo Android 4 (codenamed Ice Cream Sandwich), y lo hará antes de que salga al mercado el primer dispositivo que usará dicho software.

Dado que aún nos acordamos de la negativa de Google a publicar el código de Android 3, que se retrasó varios meses desde la salida al mercado de los primeros dispositivos que lo usaban, es todo un avance.

Sin embargo, está claro que Android es mucho menos libre de lo que parece: el desarrollo a puerta cerrada y la férrea garra que Google ejerce sobre el mismo apuntan más a una nueva representación de lo que en los años de la estandarización de formatos denominamos «estandarización por corporativización», creación de estándares libres pero tan sometidos a una empresa y tan inaccesibles al resto (recuerden las miles de páginas de OOXML de Microsoft) que a todos los efectos es como si no lo fueran.

Android es un proyecto libre que, a todos los efectos, es como si no lo fuera, está en la frontera. Por eso el software libre tiene los retos que tiene.

Los códigos QR no son para personas

Los códigos de respuesta rápida (Quick Response Code o QR code, para abreviar) parecen haber roto el círculo de uso entre los más avanzados. O al menos eso creen los publicistas, que de un tiempo a esta parte no hacen ni un sólo cartel que no incluya uno de estos códigos.

Los códigos QR no son una solución para personas, sino para máquinas (no puedo leerlo directamente, necesito un dispositivo especial), y son una fuente de inseguridad. No obstante, los publicistas no paran de usarlo, si bien seguramente se están equivocando en el uso que le dan. Hace tiempo que tenía ganas de escribir este post, porque no paro de oir alabanzas sobre ellos y pensé que en todos esos comentarios olvidan varios aspectos clave.


[La renovación de la banca en 2011 según AXA: un código QR.]

Me explico:

  • Inseguridad. Los códigos QR aportan una fuente de inseguridad, al habituar a las personas a leer etiquetas y realizar acciones (actualmente lo habitual es visitar una determinada URL, en función de la información de la etiqueta) sin que las personas sepan dónde van. Lo que es peor, el hábito implícito es dejarnos llevar a ciegas, a sabiendas de que no sabemos qué hay detrás. Ya habrá quien deje códigos QR pintados en cualquier parte, esperando que pase un despistado que lo escanee al tuntún. Tienen los mismos problemas de seguridad que los acortadores de URL.
  • Nefasta usabilidad. Estos códigos son legibles por máquinas (pensados inicialmente para la industria del automóvil), pero no aportan absolutamente nada a las personas. Sólo incógnitas. ¿Qué información hay en el código? ¿Una URL? Y si es así, ¿qué URL? ¿Qué hay detrás del mapa de cuadritos? No sabemos nada. Los QR codes nacen como un parche a una carencia técnica: la carencia de buen software OCR, y está pensado para ser leído y entendido por máquinas y no por personas. ¿Por qué diseñamos mensajes que las personas no pueden leer? Me sorprende sobremanera en el caso de los publicistas, se supone que ellos son los expertos en esto de comunicar e imagino que están angustiados por el CPL pero sacrificar una parte del mensaje de esa forma es tremendo, porque su target no puede leerlo directamente.

La solución, claro está, no es que todos nos instalemos software lector de QR code y comencemos a hacer click a ciegas y visitando quién sabe qué páginas y computadoras que podrían estar esperándonos para no sabemos qué. La solución es comunicar para personas, y no para máquinas (al menos mientras las personas deban llevar a cabo alguna acción con nuestro mensaje). Y si eso requiere mejor software OCR, se debe hacer trabajo en eso. De esta forma, yo podría tomar una foto con mi móvil, igual que ahora la saco del código de marras, y el mismo teléfono reconozca los caracteres de una URL que yo ya he leído y quiero visitar y, obviamente, visite la web automáticamente. Parece el mismo mecanismo, pero de esta forma el usuario está más seguro, y además lo percibe, porque tiene más información.

¿Lo demás? Parches. Y no me parece de recibo que insistan en vendernos un sistema que carece absolutamente de usabilidad y nos anima a adquirir malos hábitos en cuestión de seguridad como la cojonovedad. Si somos tan listos como nos creemos, en el futuro habrá menos códigos QR y más y mejor OCR.

Respondiendo sobre SOPA

En estos últimos días he recibido en mi correo varios mensajes con esta pinta: «Vaya movida esto de la SOPA, ¿qué piensas del tema?».

Aunque contesté vuestros mails, en previsión de que alguien tenga dudas, lo pongo en abierto.

Parece que no quedó claro: hablamos de SOPA (Stop Online Piracy Act) hace ya dos semanas en Y mañana, Internet con fronteras. Me parece un proyecto de ley terrible que destruirá Internet tal y como la conocemos. No podría estar más en contra. Pero mejor que repetirme, les animo a leerse el post anterior: Y mañana, Internet sin fronteras.

Si alguien sigue teniendo dudas, los comentarios están abiertos :)

Bocados de Actualidad (137º)

Fueron varias semanas muy atareadas y sin tiempo para sacar bocados. Pero hoy estamos aquí con la centésima trigésima séptima ronda, la dosis justa de noticias que no comentamos y valdrían la pena leer. Hoy nos acompañan Monochrome y su Ferro, tan delicioso como hace una década.

Y esto es todo por hoy. Mañana más, sobre los temas de siempre.

Anglocentrismo, buscadores y control masivo

Google

Pocos algoritmos son objeto de tanta atención como el algoritmo de búsqueda de Google. Esta semana, la empresa del buscador más famoso del mundo actualizó su sistema con una decena de novedades, la más llamativa versa sobre eso que denominamos «Cross-language information retrieval» y en virtud de la cual si realizamos una búsqueda en un idioma en el cual hay «poco contenido en la Red», Google mostrará páginas del inglés traducidas al idioma en el que se realiza la búsqueda.

No es ninguna tontería porque en una Internet que no para de crecer, se favorece la aparición de nodos centralizadores, es la gran paradoja de Internet.

Parece buena idea, pero no lo es. Las herramientas nunca son neutrales, su diseño determina sus funciones y lo que se consigue con ellas. Si la herramienta involucra idiomas, que absolutamente nunca son neutrales, el combo letal está servido.

Lo primero que nos preguntamos es por qué el idioma escogido es el inglés. Ésa es fácil: es el idioma en que Larry Page dice buenos días nada más levantarse, y obviamente lo toma como referencia para su nada inofensiva personalización de resultados.

La primera pregunta comprometida es otra: ¿qué diablos significa eso de «un idioma en el cual hay poco contenido en la Red»? A simple vista parece totalmente arbitrario pues en ese saco van lenguas tan dispares como el noruego o el catalán, y me cuesta creer que en estas lenguas haya poco contenido en la Red.

Pero la diversión comienza tan pronto empezamos con los supuestos prácticos: ¿qué sucederá si yo busco en hindi acerca de las consecuencias de la ocupación británica de la India? ¿me mostrará la versión escrita por algún patriota inglés traducida al hindi automáticamente por una máquina?

¿A que es escalofriante? Lo es más si uno piensa que los bots de software son el futuro del control masivo. Y quizá nos quede el consuelo de hacer opt-out, pero tampoco tiren las campanas al cielo.

Impuestos, influencia y daños colaterales

«Piensa en el impuesto a las ventanas introducido a finales del s. XVII en Inglaterra y Gales. Era una manera no intrusiva y fácilmente administrable de imponer impuestos a las personas con casas más grandes. Sin embargo, derivó en que las ventanas fueron bloqueadas a causa del impuesto.»

Tim Harford, en su blog

Innovación en casas sin ventanas, oscuras y tristes. Está claro que hay decisiones legales que pueden desalinear los incentivos frente a lo que realmente necesitamos; y que a menudo los impuestos son burlados precisamente por aquellos a quien se quiere lastrar, mientras las personas de a pie sufren las consecuencias (piensen en la subida del IVA del año pasado, piensen en la subida próxima que ya se está mascando). Sucede así en otras situaciones en las que son de dudosa utilidad, pero si hay un campo en el que la cosa se podría arreglar con facilidad es el de la propiedad intelectual, incluidas las patentes de software. Si tan sólo hubiera voluntad, pero ya sabemos que no es así.

Allí no había bloggers

Este fin de semana estuve en EBE varios años después. Esta vez en una nueva ubicación, pero con la misma implicación de Luis, Rafael Poveda y el resto del equipo, que han hecho que el evento fluya bien pese a su dimensión. De vuelta en casa, no dejo de pensar en lo que he podido ver ahí estos días y ahora que tengo la calma para escribir, intentaré ordenar las ideas.

  • Un evento de bloggers donde la tarjeta de identificación tiene espacio para el usuario de twitter pero no para la URL de los blogs. Mal.
  • Un evento de bloggers que en 2011 se abre hablando de descargas. Ya saben que por aquí estamos a favor de abrir el puño de la restricción de copia, pero pensé que ya era el momento de hablar de algo más que descargas. El problema es la propiedad intelectual y sus leyes, que nos impiden ganarnos la vida cuando es lo que más necesitamos.
  • Un evento de bloggers donde apenas hablan bloggers, pero hay mesas y mesas de periodistas, presentadores de televisión y hasta directores de periódico que hablan… de twitter.
  • Un evento de bloggers donde un periodista sin blog se permite el lujo de enseñar, sentando cátedra, a heavy users de Internet las bondades del hyperlink, demostrar que no sabe ni siquiera el nombre del fundador de Google (memorable el momento Gary Page) y ser tan necio para decir en público que su medio no depende de Google. Aún me estoy riendo con esto último.
  • Un evento de bloggers donde la intervención del mencionado personaje es recogida con elogios y no con rabia, donde se tilda de humilde a quien rebosa de soberbia y se anima a dar lecciones de Internet tras unos meses de usar Twitter.
  • Un evento de bloggers al que acude todo un director de periódico a vender su libro, todo un signo de la apurada situación de una industria que, como tantas otras, está viviendo la disipación de rentas propias de la abundancia de Internet de manera inevitable.
  • Un evento de bloggers donde todo lo anterior pasa sin crítica, donde nadie bloguea acerca a nadie del evento.
  • Un evento de bloggers donde se habla de twitter, de los medios, del futuro de los periodistas profesionales y de social media y de community managers y de absolutamente todo, excepto de blogs.
  • Un evento de bloggers sin bloggers, que es en lo que se resume todo lo anterior y que para los pocos que habíamos, no vale la pena poner comas.

Y esa es la realidad, por eso el numerito del personaje anterior no levantó ni críticas ni malestar, ni provocó el más leve movimiento de cejas en la inmensa mayoría los presentes, que pudieron hacer la digestión asombrosamente bien pese a lo que se acababan de tragar. Siempre hay excepciones, afortunadamente.

Exagero, por supuesto, claro que había algunos bloggers. Unos pocos al menos, conocí a personas dedicadísimas a sus blogs, y lo pasé muy bien con ellos, de Jesús Pérez y la economía, a Soraya Paniagua y el e-Learning o Javi Guembe, más timidín que los otros pero con quien pude charlar un rato (y me quedé con ganas de más) sobre WordPress, y charlar con muchas otras personas y tomarme unos Callos en El alabardero, y pasar toda la noche charlando con los amigos de siempre (y conocer, conocer, conocer), a los que uno ve demasiado poco, y reirnos con el monorraiiiil hasta la hora de amanecer.

En fin, que claro que había bloggers, pero el Evento blog ya no es un evento de blogs. Y es por eso que los blogs no están en la agenda y que nadie repara en ello. Ahora bien, ¿qué hacemos? ¿Lamentarnos? Ni hablar. Ya estoy harto de lamentos, y bastantes veces he visto este fin de semana llorar la muerte del periodismo. Todo sirve con tal de no ponerse manos a la obra, si tan sólo todos los que se lamentan por eso tuvieran la mitad de valor y ganas de hacer cosas que tiene Enrique Meneses, no les quedaría tiempo para lloriqueos y tendrían un blog tan hermoso que no cabría en los moldes.

Por supuesto, hay que ser reflexionar sobre qué ha salido mal. Qué ha impedido que se materialice la Internet que soñábamos, la de los hackers y las personas que se informan mejor y de forma más autónoma. Prometo un post al respecto. Pero creo que por demografía lo que tenemos por delante es mucho más positivo que lo vivido en los últimos cinco años. Prometo un segundo post, sobre este tema.

Mientras tanto, si no cuidamos bien lo poco que nos queda de jardín, mañana tendremos únicamente el erial (legal y de ideas) que se entrevé en el horizonte. No va a ser sencillo.

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