Whisper Systems, Twitter y las libertades, ahora en Egipto

La situación:

  • Whisper Systems es una empresa de seguridad (a la que yo desconocía, pero que en Security by Default califican de caviar, y a mí eso ya me basta como pedigree) especializada en movilidad y, más en concreto, en Android.
  • Anteayer se confirmó que Whisper Systems había sido adquirida por Twitter.
  • The Reg informa unas horas después que uno de los servicios estrella de Whisper Systems, Redphone, había sido apagado.
  • Parece irrelevante, hasta que entiendes que Redphone, usado para cifrar fuertemente conexiones teléfono-teléfono está(ba) siendo muy usado en Egipto, donde la presión sobre la disidencia no cesa de aumentar.

Y esta es la secuencia en la que, amigos, se nos recuerda un día más lo negativo que es usar servicios centralizados que luego acumulan tanto poder como el que actualmente se concentra en 4 o 5 empresas.

Muere el «padre» del RFID

Sin llegar a la repercusión que alcanzó la muerte de Steve Jobs y sin llegar siquiera a la (increíblemente pequeña) repercusión de la reciente muerte de Dennis Ritchie, ese gigante en cuyos hombros nos asentamos todavía, el 6 de noviembre fallecía en Estados Unidos Charles Walton (via Engadget), considerado «padre» del RFID, un tema al que dedicamos mucha menos atención ahora que antes pero que sigue siendo importantísimo por cuando hará posible cosas como «la Internet de las cosas» y nos coloca delante de algunos retos críticos para el futuro, como la gestión de la privacidad y las libertades en un entorno donde absolutamente todo lo que llevamos en el bolsillo habla con otros dispositivos… sin que medie acción humana.

Hoy explicamos la diferencia entre libre y privativo

«El resumen es: alguien en la sede de Apple en Cupertino decide si eso en lo que has trabajado meses, en lo que te has gastado decenas de miles de euros, o centenas de noches pasadas en vela, es para tirar a la basura.»

Eva, en Las plataformas cerradas y el riesgo empresarial.

Háganse el favor de leer el post completo, que seguro ya saben de qué va todo, pero nunca está de más leerlo así de clarito. Y así no se sorprenderán cuando apostemos y defendamos con tanta vehemencia las plataformas y sistemas libres.

Bocados de Actualidad (138º)

Y aquí estamos de nuevo un domingo más con los Bocados, una ronda de enlaces interesantes que no tuve tiempo (o ganas) de comentar durante la semana. La centésima trigésima octava ronda nos llega al ritmo de los Spiritual Beggars y su clásico Ad Astra (algún día daré explicaciones). Sin más, los enlaces:

  • Science reparte su premio al recurso educativo libre para física. Lástima de semántica (los premios son generación de escasez), pero la idea de mencionar proyectos de software libre para enseñar física es buena.
  • Security be Default compara la seguridad de varios CMS muy utilizados. No sé si la métrica tomada es la mejor y seguro que no es la única, pero lo destaco.
  • Dave Winer y la idiocracia del social media. Sobre un tema parecido, Pere y el señor de las moscas.
  • Iván Vilata y una de hacking barato: hacer un tarjetero anti-RFID con lo que tenemos por casa.
  • Corría el lunes cuando Soraya Paniagua nos avisó que se aconvocacban los cursos de invierno online y gratuitos de la Universidad de Stanford.
  • Om Malik resume sus 10 años de blogs. ¿Quién tiene miedo de Twitter? No los bloggers.
  • Wired y el ascenso y la caída de Bitcoin.
  • Bianka Hajdu y Erasmus para todos.

Y para terminar, Save your soul, de los Beggars, el año 2000 no sólo no trajo el anunciado colapso de la informática mundial, sino que además nos dejó esta maravilla del rock. Let me sing for pleasure…

¿Amenaza o salvación? Siguen sin entenderlo

Leyendo blogs y haciendo click en sus enlaces llegas a la web de un diario en papel que se define a sí mismo como lo que no es y te encuentras el siguiente titular y su entradilla:

¿Amenaza o salvación?

¿El crecimiento de las librerías online es la principal amenaza? No han entendido nada. Siguen creyendo que Internet es la amenaza y no la esperanza en esta nueva normalidad. Unos culpan al nuevo intermediario único en lugar alegrarse de haber reducido la cadena de intermediación. Otros siguen equivocados pensando que entrar a Internet es un peligro y no la única vía de salvación, considerando la tecnología como algo secundario aún cuando dicen lo contrario. Que sigan así, cuando abran los ojos el enorme dinosaurio aún seguirá ahí. Se los va a comer con patatas.

Creo que este año renovaré mi suscripción a The Mongoliad de Neal Stephenson, pese a que no he conseguido llevarla al día creo que son un auténtico ejemplo (quizá no al alcance de todos los autores, por marca personal) de cómo vender libros en los tiempos que corren haciendo que los lectores sientan el valor añadido que les das. Y no creo que sea difícil de conseguir, son sólo algunos detalles a los que hay que prestar atención.

Liderazgo mal entendido, jefes de Lemmings en tiempos de WoW

Hay toda una generación que ahora ocupa puestos de liderazgo en las organizaciones que han crecido con un ordenador personal en casa. Están fuertemente habituados a todo lo que es Internet y las nuevas formas de hacer las cosas pero, pese a lo que pueda parecer, no han entendido nada en lo que se refiere a la organización y la motivación de las personas, así como del reparto de incentivos de cada miembro de un equipo de trabajo.

Estos jefes de clase media crecieron jugando a videojuegos arcanos como Lemmings, lo cual les hizo creer que en la vida real darían órdenes a robots y esperar, en consecuencia que éstas se cumplirían inmediatamente, si bien la orden implique el propio suicidio. Vieron demasiado cine de los ochenta en los que altos ejecutivos de Wall Street imperan usando cinco palabras y desencadenando un frenesí de actividad a su alrededor. Se creen destinados a grandes cosas, pero no tienen la capacidad, y olvidan que quizá la única vía que tienen de lograr esas grandes metas es, precisamente, apoyarse en los logros de un equipo coordinado por ellos. Un equipo que será de personas si merece ser catalogado como tal cosa.

Internet no destruye las jerarquías, pero sí las diluye. Las organizaciones siguen teniendo mandos, pero son más horizontales. Y no es ningún acto revolucionario por parte de los empleados. Es un acto de supervivencia de las organizaciones: en el nuevo mundo global, la única manera de estar a la cabeza y sobrevivir en el tiempo es ser más innovador que la competencia y cuando los márgenes se estrechan y la competencia aumenta, la única forma de conseguir ese objetivo es que todos y cada uno de los miembros de la organización tengan espacios para aportar y deseos de hacerlo.

Para poder aportar existen soluciones, para los deseos de hacerlo no basta con reclutar para nuestro proyecto personas apasionadas con su tarea, sino desarrollar una política retributiva (no necesariamente monetaria) que les haga sentir compensados por su compromiso con el proyecto.

Negar lo anterior es tratar a los miembros de tu equipo como si fueran máquinas, cuando son personas que valorarán mucho más tener un superior que resulte inspiracional. Equivale a tratar a nuestro equipo como Lemmings sin cerebro cuando ellos se parecen más a avatares de World of Warcraft, capaces de tomar decisiones individuales y organizarse sólos, con tal de que les ofrezcan una meta común.

Esto último hace que muchos coordinadores y jefes de equipo perciban a sus subordinados como insubordinados, algo que en ningún caso es así. Con frecuencia, la reacción a esa percepción es intentar imponerse, generando fricción y, si no se tiene éxito, descoordinación y caos. El liderazgo deja de ser un valor para convertirse en lastre. El líder se vuelve prescindible y el equipo entero se resiente.

Ésa es el mayor problema generado por quienes se privan a sí mismos de comprender que tener un equipo de personas, y no de máquinas, posee un gran valor; el mayor problema de los comandantes de Lemmings en la era de las redes. Y, sin embargo, el liderazgo sigue siendo clave en las organizaciones, pero éste valor sólo será aprovechado por quienes confieran a las personas margen de libertad y espacios para demostrar su valía.

Compatibilidad, la lección olvidada de Stallman

Richard Stallman

Estas últimas semanas no han sido pocas las conversaciones en las que ha aparecido Richard Stallman, con motivo del pase a peor vida (¿por qué lo llaman mejor vida? Hay que joderse…) de Steve Jobs y el eterno flame entre los seguidores de uno y otro acerca de quién mola más y todo eso. Tonterías, si alguien pidió mi opinión. Steve Jobs es un personaje harto interesante, y de él se pueden aprender muchas cosas (algunas de ellas para ponerlas en la lista de cosas que habría que evitar) y quien realmente no tiene defensa es la horda fanboy que le aplaude hasta sus decisiones más tiránicas.

Como iba diciendo, comparaban unos y otros los logros de Jobs y Stallman y por qué uno es amado hasta el infinito mientras otro es objeto de burlas. Ya digo que Jobs me parece un personaje del que aprender cosas, pero no sorprenderá a nadie que aquí me decante por Stallman. Soy de la opinión de que la profundidad filosófica de lo que Stallman gestó tendrá a largo plazo un calado mucho mayor. El movimiento del software libre es lo más revolucionario que se ha ideado en el último cuarto de siglo, y aunque nos quejemos, nos hace la vida fácil con su infinidad de opciones. Del movimiento por el software libre son deudores todo tipo de cosas posteriores: movimientos por la cultura libre y similares que intentan trasladar las cuatro libertades a otros ámbitos, desde las que devalúan y pervierten el concepto (como Creative Commons y similares) hasta las que lo ensalzan y amplían (quitando, eso sí, la viralidad de las licencias libres fuertes) como el devolucionismo. Nada que ver con el canibalismo de Apple ni el celo maníaco de Jobs por controlar todo lo que sucede en sus dispositivos.

Hoy, sin embargo, no quería hablar del hecho en sí de la conceptualización y creación del software libre, sino de cuál fue la vía que utilizó Stallman para lograr mantener su idea viva y exitosa. Y ese cómo es, sin duda, la compatibilidad.

No existen los genios. La creatividad no es puntual, sino sistémica. Y la innovación es secuencial. Lo que a mí me gusta describir como la parábola del Ford Fiesta. Si hoy se cruzaran con Janis Joplin en el súper y le dijeran que esto es un Ford Fiesta se reiría de ustedes, diría que eso es imposible y, por último, os rogaría que la llevéis a vuestro camello (esto último quizá sea inevitable en todo caso). Y sin embargo eso de ahí es un Ford Fiesta, pero para ser conscientes de ello de forma intuitiva, nos hace falta conocer la evolución de aquel coche setentero (cuadradísimo y ridículo desde la óptica actual) a través de las últimas tres décadas. Hay que haber recorrido un camino que muchas personas pueden no haber recorrido aún, pero que disfrutarán igualmente si tan sólo tenemos la delicadeza de abrirles la puerta.

Así, Stallman ideó un sistema operativo libre, y lo hizo desde cero, pero entendió que su creación no sería comprendida por nadie, pasando desapercibida y cayendo en el olvido, a menos que su sistema fuera a la vez libre y perfectamente compatible con los entornos predominantes en aquel momento. Entendió que haciéndolo así podía cambiar el mundo, como así fue. Es así como nace GNU, acorralada entre un compromiso consciente que Stallman debía resolver. Y por eso GNU es lo mejor que nos ha pasado en software, que es mucho decir en un mundo donde todo lo controlan computadores. Y es por eso que, a pesar de que el hardware que tenemos ahora le pone trabas y retos, esperamos su llegada fuerte a móviles, tablets y todo tipo de nuevos cacharros.

No existen los genios, pero creo que salvo escasísimas excepciones, la ruta para cambiar el mundo es crear otro mejor… compatible con el actual, para rebajar la barrera de entrada. Stallman lo hizo, y es una lección que debimos aprender pero continúa inadvertida incluso entre sus admiradores.

Para ver cosas nuevas hay que hacer cosas nuevas; necesitamos una nueva revolución libre enmarcada en estas reglas, ¿estaremos a la altura?

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