Internet y la música, la realidad que algunos quieren negar

Anoche estuvimos en un concierto (Sick of it all, NYC; Walls of Jericho, Detroit), hacía tiempo que los esperábamos y la sala estaba llena. Les puedo asegurar que el 95% de la gente que estábamos allí no tenemos los discos originales de estos dos grupos.

Si ayer la sala se llenó y si ayer había dos grupos que han tenido la posibilidad de viajar desde EEUU a Europa y tocar y vivir de la música es precisamente gracias a que ninguno de nosotros tenemos el disco original: Si para oírlos hubiéramos tenido que comprar los discos ni el 10% de la gente (siendo generoso) lo habría hecho; y ese diez por ciento habría tenido que escoger sólo un disco entre los muchos grupos que hacen música, un problema para n-1 grupos musicales que se quedan sin espectadores.

Y ya me explicarán cómo llenar una sala si nadie te conoce. Y por descontado que de lo que se recaudó ayer los grupos se llevan un buen pellizco, mucho más de lo que nunca van a recibir de sus discográficas ni de las mafias de gestión.

¿Es que aún hay alguien que no entienda que la posibilidad de copiar música sin coste es lo mejor que hace que cada vez más músicos puedan dedicarse a tocar música? Por supuesto es negativo para Alejandro Sanz, que tiene un imperio atrás apoyando Es negativo para el imperio editorial pero para los músicos, internet y la libre circulación de su música es la vida misma. Y lo es para todos, sólo que a algunos, que reciben grandes apoyos de la industria, probar un nuevo modelo les da miedo (aunque sin duda también saldrían beneficiados) porque para ellos (un escaso 0.7%) el modelo funciona.

Modificado 2006-11-21 @ 10.40h para matizar con un comentario de Pululante con el que estoy de acuerdo.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

2 Comments

  1. Para Alejandro Sanz sería incluso positivo. Para el que es negativo es para el “imperio” que tiene detrás: para el director y el presidente de la discográfica (los editores, la E de esa extraña alianza entre empleado y jefe llamada $GAE) y para los de la distribuidora (que ya no pinta nada gracias a Internet).

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