Fotografía, transparencia asimétrica y libertades

Lo último en fotografía es… prohibirla. Así son las cosas: en Madrid acaban las obras frente al congreso y ahora no permiten hacer fotografías de la puerta, ni pisar las escalintas. (Tampoco permiten hacer fotos de edificios de ministerios, ver comentarios del enlace anterior.) Háganse cargo de la ironía: en un Estado que se dice democrático los ciudadanos no pueden hacer fotografías, ni siquiera pisar las escaleras externas, del edificio donde se reúne el parlamento. Como si el mismo Estado que quiere saberlo todo de nosotros quisiera volverse opaco, marcar distancias, ser temido más que venerado. Prohibir hacer fotografías, como si hubiera «terroristas fotógrafos», no conduce a nada: es represión sin mejoras de seguridad, puro teatro.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

5 Comments

  1. Esto se engloba en el arsenal de prohibiciones sin sentido que me palpa el contenido escrotal, por hablar finamente.

    Como esto: http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/06/12/0003_8544971.htm

    Dejando de lado el “victimismo” en la redacción (por otra parte, justificado), es necesario llegar a esto?

    Dentro de poco (atención: exageración alarmista!) los abuelos tendrán que sacarse un permiso y realizar un test psicotécnico (todo pagando, claro) para poder portar bastones por la vía pública.
    Aunque me parezca impansable… pero también me parecen impensables las prohibiciones antes mencionadas.

    • ¡Qué fuerte me parece lo de tenencia ilícita de armas! Pronto en su panadería: obligatorio identificarse para comprar pan, no sea que (una vez dejado endurecer) quiera usted usarlo como arma.

      Un saludo!

  2. Es preocupante observar como en estos últimos años el Estado y sus instituciones, con independencia del color del gobierno de turno, van dejando de ser un medio para constituirse en un fin en sí mismo. Han perdido el norte.

    Cambiando de tema, el asunto del tirachinas como arma ilícita me resuelve ciertas dudas existenciales. Por un lado me aclara ciertos aspectos de mi personalidad al descubrir que he sido un delincuente infantil reincidente. Por otro lado, la noticia me da a entender que mañana mismo puedo irme a pasear con un AK-47 por la Rambla, pues puedo tener un arma ilegal siempre que pague la multa correspondiente si me es requisado por la autoridad.

    Por último, volviendo al mensaje original, no estaría mal que un significativo número aficionados a la fotografía arquitectónica coincidieran casualmente en fecha, hora y lugar. Prensa mediante.

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