Feliz día de la toalla, no se asuste

Ante todo, no se asuste.

Según La guía del autoestopista galáctico, una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En concreto, La guía del autoestopista galáctico tiene mucho que decir sobre las toallas, pero lo más importante es esto:

«Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya “perdido” por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.»

Como ya digo en el título: NO SE ASUSTE, que no les he hecho venir hasta aquí sólo para pegaros un par de párrafos de La guía del autoestopista galáctico. Hoy 25 de mayo es El día de la toalla, con el que los seguidores de Douglas Adams le homenajeamos. La historia del origen de este día la explicó mi buen amigo Alkar y no voy a reinventar la rueda.

Se me ocurrió que, con objeto de este día, valía la pena hacerle un pequeño homenaje, recordar uno de los libros más delirantes que he leído y colgar una traducción de un artículo de Adams publicado en 1999 y que, con las lógicas correcciones en un texto sobre Internet al que le han pasado por encima más de diez años, sigue siendo perfectamente válido a día de hoy.

El artículo original en inglés se titula How to Stop Worrying and Learn to Love the Internet, y a buena fé que a mucho tecnófobo le haría buena ayuda leerlo. No les distraigo más y les dejo con la traducción del mismo, hecha así al vuelo. [Se admiten correcciones.]

Como dejar de asustarse y aprender a amar Internet

Este texto fue publicado originalmente en la sección News Review de The Sunday Times el 29 de agosto de 1999.
[El original está en inglés y no contiene enlaces. Yo lo traduzco aquí y añado algún enlace para añadir contexto al lector no anglosajón]

Hace dos años o algo así fui como invitado al Start The Week, y fue autoritativamente informado por un periodista muy distinguido que todo eso de Internet era una moda tonta como los radioaficionados de los años 50, y que si yo pensaba otra cosa realmente yo estaba siendo un poco naïve. Es un tratamiento muy británico: natural, quizás, para un país que ha perdido un imperio y pensó que Mr. Blobby era sospechoso del cambio.

Pero el cambio es real. No creo que nadie pueda argumentar ahora que Internet no se está convirtiendo en un factor importante en nuestras vidas. Sin embargo, es muy nuevo para la mayoría de nosotros. Los periódicos todavía piensan que vale la pena una especial y preferiblemente temerosa mención si, por ejemplo, un delito fue planeado por gente «a través de Internet». No se molestan en mencionarlo cuando los criminales usan el teléfono o un M4, o discuten sus viles planes «con una taza de té», aunque todos y cada uno de estos elementos fue nuevo y controvertido en su día.

Entonces encontramos esa forma peculiar en que algunos presentadores y columnistas de la BBC (sí, Humphrys Snr., te estoy mirando a ti) pronuncian las direcciones de Internet. Algo así como «www PUNTO bbc PUNTO co PUNTO uk BARRA today BARRA», llevando implícito el hecho de que no tienen idea sobre de qué va ni una de estas nuevas cosas, pero que tú que estás ahí escuchando seguramente sabrás qué significa.

Supongo que las generaciones anteriores pasaron por todas estas situaciones estúpidas con la invención de la televisión, el teléfono, el cine, la radio, el coche, la bicicleta, la imprenta, la rueda y todo eso, podríamos pensar que aprenderíamos el modo en que estas cosas funcionan, que es el siguiente:

  1. Todo lo que ya está en el mundo cuando nacemos es, simplemente, normal.
  2. Cualquier cosa que sea inventada entre el momento en que naces y antes de que cumplas treinta es increíblemente excitante y creativa y, con algo de suerte, podrás hacer una carrera alrededor de ello.
  3. Cualquier cosa que sea inventada después de que cumplas treinta va contra el orden natural de las cosas y es el principio del fin de la civilización tal y como la conocemos hasta que lleve por aquí unos diez años, cuando gradualmente nos va pareciendo que todo está perfecta y realmente bien.

Aplica esta lista a las películas, al rock, a los procesadores de texto, a los teléfonos móviles y descubre cuántos años tienes.

Esta visión subjetiva ejerce efectos molestos sobre nosotros, por supuesto. Por ejemplo, «interactividad» es uno de esos neologismos que a Mr. Humphrys le gusta soltar entre una pareja de pinzas verbales, pero la razón por la que de repente necesitamos esa palabra es que durante este siglo [NdT. se refiere al s. XX, este artículo se escribió en 1999] hemos estado dominados por primera vez por formas no interactivas de entretenimiento: el cine, la radio, la música grabada y la televisión. Antes que eso llegara, todo el entretenimiento era interactivo: teatro, música, deporte. Los artistas y la audiencia estaban juntos, e incluso una audiencia que guardase un silencio respetuoso ejercía una poderosa acción presencial en el despliegue de cualquiera que fuera el drama por el que estaban ahí. No había necesidad de una palabra especial para interactividad del mismo modo que no necesitamos (todavía) una palabra especial para las personas con sólo una cabeza.

Creo que la historia mostrará como la comunicación masiva «normal» del siglo veinte es la aberración en todo esto. «Por favor, señorita, ¿quiere usted decir que ellos tan sólo podían sentarse ahí y mirar? ¿No podían hacer nada? ¿No se sentían todos terriblemente aislados o alienados o ignorados?»

«Sí, hijo, es por eso que todos se volvieron locos. Antes de la Restauración»

«En qué consistió la restauración, por favor una vez más, señorita?»

«Fue el final del siglo veinte, hijo. Cuando comenzaron a traer la interactividad de vuelta»

Porque Internet es tannueva que no comprendemos realmente qué es. Nos equivocamos al calificarlo como un modo de publicar o emitir, porque es a eso a lo que estamos acostumbrados. Por eso la gente se queja de que hay un montón de tonterías ahí en la red, o de que está dominada por los estadounidenses, o que no puedes confiar ciegamente en aquello que less en la red. Intente aplicar alguno de esos criterios a lo que oye por teléfono. Por supuesto, no puedes fiarte de lo que la gente te dice en la red más de lo que confías en lo que te dicen por los megáfonos, las postales o en los restaurantes. Averiguar la sociología política de en quién puedes confiar y porqué es, bastante literalmente, para lo que una gran parte de nuestro cerebro ha evolucionado. Por alguna chiflada razón desactivamos este escepticismo natural cuando vemos las cosas en algún medio que requiere un montón de trabajo o recursos para llevarse a cabo o en el que no podemos responder fácilmente (como los periódicos, la televisión o el granito). Así, «grabado en piedra». Lo que debería preocuparnos no es que no podamos confiar a la ligera en todo lo que leemos en Internet (por supuesto que no puedes, no es más que gente hablando), sino que alguna vez adquirimos el peligroso hábito de creer a la ligera lo que leemos en los periódicos o veíamos en la televisión –una equivocación que nadie que alguna vez se haya encontrado con un periodista cometería nunca. Una de las cosas importantes que aprendes de Internet es que no hay un «ellos» ahí afuera. Tan sólo una horrorosamente grande cantidad de «nosotros».

Por supuesto, hay algunas cosas mal con Internet. Por una parte, sólo una mínima proporción de la población mundial está conectada a estas alturas [NdT. Sigue siendo pequeña, pero sin duda muchísimo mayor ahora que en 1999]. Recientemente oí a algún experto en la radio argumentando que Internet sería siempre tan sólo otro golfo más entre los ricos y los pobres por las siguientes razones: las computadoras serían siempre caras en sí mismas, que tenías que comprar un montón de extras como modems y que constantemente tenías que actualizar tu software. Esta lista suena impresionante pero no se sostiene tras un momento de escrutinio. El coste de computadores potentes, que solía estar al nivel de un avión a reacción, ha bajado ahora al nivel de una televisión a color y sigue bajando como una piedra. Los módems vienen actualmente integrados y los modelos externos han bajado tanto de precio que las compañías como Hayes, cuyo único negocio era fabricarlos se están comenzando a hundir… El software para navegar por Internet de Microsoft o Netscape es conocido por ser gratuito. Las facturas de teléfono en el Reino Unido aún son altas pero están bajando. En los Estados Unidos las llamadas locales son gratuitas. En otras palabras: el coste de la conexión se está aproximando rápidamente a cero, y por una sencilla razón: el valor de la red se incrementa con cada nueva persona que se une. Es por el interés de todos que los costes de conexión bajen y se acerquen más y más a la nada hasta que hasta la última persona del planeta esté conectada.

Otro problema con la red es que es «tecnología» y «tecnología», tal y como el investigador Bran Ferren la definió es «cosas que aún no funcionan». Ya no pensamos n las sillas como tecnología, tan sólo pensamos en ellas como sillas. Pero hubo un tiempo en el que no habíamos descubierto cuántas patas debía tener una silla, cómo de altas debían ser, y en ocasiones se «rompían» cuando intentábamos usarlas. No dentro de mucho, las computadoras serán tan triviales y completas cmo las sillas (y un par de décadas después, tanto como las hojas de papel o los granos de sal) y dejaremos de ser conscientes de estas cosas. De hecho, estoy seguro que volveremos la mirada hasta esta década y nos preguntaremos cómo alguna vez pudimos creer que lo que hacíamos con ellas era «productividad».

Pero el mayor problema de todos es que somos la primera generación de usuarios, y aunque nosotros hayamos inventado la red, aún no la comprendemos del todo. En «The Language Instinct», Stephen Pinker explica la diferencia generacional entre las lenguas pidgin y las criollas. Una lengua pidgin es lo que obtienes cuando sueltas juntos a un grupo de gente (típicamente, esclavos) que ya han crecido con su propia lengua pero no se conocen. Consiguen articular juntos una tosca pero práctica jerga hecha a partir de trozos de las diferentes lenguas. Les permite hacer las cosas, pero no posee estructura gramatical alguna.

Sin embargo, la primera generacíon de hijos nacidos de esa comunidad toma esos fracturados trozos de idioma y los transforma en algo nuevo, con unos ricos y orgánicos gramática y vocabulario, que es lo que denominamos Criollo. La gramática es tan sólo una función natural en el cerebro de los niños y la aplican a todo lo que encuentran.

Lo mismo está sucediendo a las tecnologías de comunicación. La mayoría de nosotros estamos dando tumbos en una especie de versión pidgin de la misma, bizqueando miopemente ante cosas del tamaño de frigoríficos sobre nuestros escritorios, sin entender lo bastante dónde va a parar el correo electrónico, y maldiciendo cada vez los beeeps de los teléfonos móviles. Nuestros hijos, sin embargo, están haciendo algo completamente diferente. Risto Linturi, becario de investigación en la Helsinki Telephone Corporation, citado en la revista Wired, decribe el extraordinario comportamiento de los niños en las calles de Helsinki, todos cargando sus móviles gsm. No están intercambiando importante informaci? de negocios: tan sólo están chateando, permaneciendo en contacto. «Somos una manada», dice. «Los chicos se conectan con su manada, así saben siempre a dónde se está moviendo». Las comunicaciones inalámbricas, opina «nos devolverán comportamientos que eran naturales en nosotros y destruirán comportamientos que nos llegaron como una limitación de la tecnología».

Somos comunitarios por naturaleza. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad hemos vivido en pequeñas comunidades en las que conocíamos a todos y todos nos conocían. Pero, gradualemente crecimos hasta haber demasiados de nosotros y nuestras comunidades se hicieron tan grandes y disparatadas para nosotros para ser capaces de sentirnos una parte de ellas, y nuestras tecnologías eran desiguales para la tarea de agruparnos. Pero eso está cambiando.

Interactividad. Comunicaciones de-muchos-a-muchos. Contacto omnipresente. Son términos pesados, torpes y nuevos para elementos de nuestras vidas tan fundamentales que, antes de que los hubiéramos perdidos, ni siquiera teníamos nombres para ellos.

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[Qué grande Adams. No podía cerrar el post sin decirlo de nuevo.]

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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