El día de la toalla

«La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas. Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puedeRead More…

El día de la respuesta, 10/10/10

42, la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás

Hoy un post chorra. Es 10 de octubre de 2010, lo que (anotemos como anotemos, siempre que usemos números y dos dígitos por elemento) nos lleva a que es el 10/10/10. Resulta que alguien cayó en la cuenta de que 101010 en binario corresponde con el número 42: la respuesta al sentido de la vida, el universo, y todo lo demás.

Si aún no saben de qué estamos hablando es que se han perdido una de las sagas fantásticas más divertidas que pudieron leer: La guía del autoestopista galáctico. La escribió Douglas Adams (del que nos acordamos con objeto del día de la toalla).

Así, la respuesta a la pregunta última es 42. Y el problema real es que nunca supimos (ni sabremos) la pregunta: ¿Es Ubuntu 10.10 el sistema operativo definitivo? ¿esta semana tampoco habrá bocados de actualidad? Preguntas que atormentan a la humanidad desde hace años, pero que mucho me temo no son las correctas. Ahora, seguid buscando… y no olviden nunca lucir su toalla si salen de viaje.

Feliz día de la toalla, no se asuste

Ante todo, no se asuste.

Según La guía del autoestopista galáctico, una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En concreto, La guía del autoestopista galáctico tiene mucho que decir sobre las toallas, pero lo más importante es esto:

«Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya “perdido” por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.»

Como ya digo en el título: NO SE ASUSTE, que no les he hecho venir hasta aquí sólo para pegaros un par de párrafos de La guía del autoestopista galáctico. Hoy 25 de mayo es El día de la toalla, con el que los seguidores de Douglas Adams le homenajeamos. La historia del origen de este día la explicó mi buen amigo Alkar y no voy a reinventar la rueda.

Se me ocurrió que, con objeto de este día, valía la pena hacerle un pequeño homenaje, recordar uno de los libros más delirantes que he leído y colgar una traducción de un artículo de Adams publicado en 1999 y que, con las lógicas correcciones en un texto sobre Internet al que le han pasado por encima más de diez años, sigue siendo perfectamente válido a día de hoy.