No podemos, ni queremos, vivir sin historias

Existe la creencia, alimentada deliberadamente, de que los mitos son nocivos. Defienden quienes así argumentan que los mitos son fuente de problemas, derivas sectarias, origen de división entre personas. Cabe preguntarse si eso es cierto, para lo que habría que recurrir a dos criterios básicos respecto del mito: examinar, en primer lugar, quién define y a quién concierne el mito y, en segundo lugar, qué se persigue cuando se erige dicho mito. ¿Se trata de un mito impuesto o generado y escogido deliberadamente por un grupo de personas? ¿Se trata de un mito integrador?

Los pueblos elegidos y sus lenguas puras

Este post es una continuación al de los mitos genealógicos europeos, aunque no constituye la respuesta que, ahora sí puedo asegurar, verá la luz en el tercero y último post de esta serie.

Además de proveer de todo el sustrato racial necesario para el nacimiento de todo tipo de terribles movimientos, los mitos genealógicos de origen de los pueblos europeos tienen una vertiente de apariencia menos diabólica, pero igualmente dañina. Esta vertiente sutil pero indisimuladamente discriminatoria se ampara en la lengua, que puede ser pura, original, primitiva, y estar bien o mal hablada.

Numerales en diversas lenguajes

Los mitos genealógicos europeos

¿Qué sabemos acerca de cómo las civilizaciones antiguas se veían a si mismas? ¿Cómo veían no ya el origen del universo, sino el nacimiento de su propia civilización, su propio mundo? El bosque originario, de Jon Juaristi, que leí recientemente arroja bastante luz sobre estas cuestiones.

En este libro, Juaristi disecciona (más bien destripa) los mitos de origen de diferentes civilizaciones y pueblos europeos desde los griegos a la actualidad. Si algo queda claro a lo largo de las casi trescientas páginas del libro es que todos estos mitos de origen con carácter genealógico tienen en común muchas más cosas de las que podrían parecer a simple vista.

Hércules. Foto: A. Martín