La seguridad en los juegos de Londres 2012

Exportando métodos de control desde los aeropuertos a nuestros pequeños actos cotidianos.

Para acceder a los eventos deportivos que formarán parte de los juegos olímpicos de Londres 2012 habrá que pasar controles de seguridad idénticos a los que ahora pasamos para embarcar a un avión.

Dice el jefe de policía:

«Allison said forces, which could be called upon to provide special services for the Olympics, such as firearms officers, mounted police, protection and search officers, have been asked to postpone any potential cuts in these areas until after the Games.

Private security firms will use X-ray machines and carry out searches much like you would see at an airport. As you get to the venues clearly you will have to go through a search and secure regime.

It will look like you would expect. Sadly, as a society we’ve been having to do deal with the impact of terrorism for many years.»

La policía metiendo miedo para evitar que los recortes afecten a sus presupuestos… y la excusa perfecta, huelga decirlo, es el terrorismo.

¿Olimpiadas en estado de excepción?

La RFID llegará al transporte de Barcelona en 2011

Bus en Barcelona
[Foto: Dave Arquati]

Me entero vía correo electrónico (gracias, David) que la empresa de transporte público de Barcelona planea introducir billetes de viaje con RFID para 2011 (TransporteBCN.es).

La empresa de transporte se ha decantado por un sistema «sin contacto» comercializado por NXP (Philips), el sistema Desfire que utiliza RFID, aunque en la web de la ATM (ni en la del fabricante) no aparezca el término tabú en ningún momento.

Introduciendo este tipo de billete, la ATM espera reducir el tiempo de espera en la subida al autobús. Habiendo vivido ya más de 10 años en una ciudad con RFID en su transporte público (Málaga) puedo decir que la ganancia en tiempo es despreciable. Pero la mejora en monitorización de hábitos de transporte seguro que mejora bastante.

¿Quieren ahorrar tiempo subiendo al bus y que sea más rápido? Eliminen los tornos y la necesidad de subir por la puerta delantera. Entrada libre al bus, aumentas el número de revisores o la cuantía de las multas por viajar sin billete, de forma que o (1) te cojan muchas veces o (2) la multa por viajar sin billete sea muy alta, de forma que no sea rentable viajar sin billete, y todos lo compren antes de subir. De mi experiencia viviendo en países como Alemania o Suiza puedo decir que ese sistema sí es sustancialmente más rápido. Y que en ninguno de esos países he tenido que usar un chip RFID para montar al bus ni al metro ni al tranvía.

Si existe un sistema de embarque rápido al bus y no se usa, y en su lugar se implanta uno que no acelera el embarque al bus, hemos de deducir que la finalidad del nuevo sistema no es acelerar el embarque. Y habrá muchos posibles fines (monitorización, publicidad, mejor control interno de los viajeros, …), pero desde luego no ése que nos dicen. ¿Por qué mienten? Porque la verdad dañaría su imagen.

Al hilo de la agresión en el metro de Barcelona.

He intentado por todos los medios no comentar un asunto al que los medios han dado una importancia extraordinaria, del que todos hemos leído y oído mucho y que ya comienza a parecer «cansino». Sin embargo me gustaría lanzar un par de preguntas al aire sobre la videovigilancia en los transportes públicos.

La agresión del metro de Barcelona es algo deleznable. A todos nos inflama (o si no les inflama, háganselo mirar), pero también es algo infrecuente en un transporte público. Ya sé que estas gamberradas infrecuentes también merecen ser prevenidas, pero discrepo en los métodos. Este punto es exactamente el mismo que comentamos acerca del autobús de Valladolid: una agresión ocasional que se utilizó para fortalecer los sistemas de videovigilancia masiva en transportes públicos.

¿Sirvió la videovigilancia para algo?

  1. ¿Ha servido la videovigilancia para identificar al agresor? Sí. Pero recordemos que en la mayoría de casos no sirve de nada. Así se ha demostrado en Londres, y así se ha demostrado en Valladolid (ver enlace arriba). El único motivo por el que el agresor ha sido identificado es que era una agresión casual, no preparada, motivo por el cual el chico no llevaba nada que ocultara el rostro, ni siquiera una gorra con visera.
  2. ¿Ha evitado la videovigilancia la agresión? No. Nada que añadir.
  3. ¿Ha servido la videovigilancia para que el agresor sea culpado? Pues no. De hecho hemos podido ver al agresor de tapas, de cervezas, amenazando a periodistas y a casi todo el que se ha cruzado en el camino. Tanto la juez que revisó el caso en primera instancia, como el juez que realizó los interrogatorios lo han dejado en libertad. Libertad sin fianza.

Esta mañana, en Los Desayunos de TVE uno de los participantes (cuyo nombre no recuerdo) se congratulaba del sistema de vigilancia que había permitido detectar esta agresión racista e identificar al agresor. Todos estamos de acuerdo en que el sistema de vigilancia ha funcionado, pero yo opino que es algo casual. En una agresión «preparada» (con sus pasamontañas y sus marteens) no habría sido posible identificar a nadie. Ni evitar la agresión. Ni, visto lo visto de nuestro sistema judicial, conseguir que nadie pague por los hechos.

Estamos de acuerdo en que las agresiones casuales también hay que prevenirlas, pero la videovigilancia no las va a evitar. Y si el sistema no se encarga de castigar ejemplarmente al agresor, ¿qué mensaje se transmite?

Así que antes de congratularnos y ver con buenos ojos estos sistemas, felicitarnos por lo bien que funcionan y preparar la cartera para instalar nuevas cámaras, convendría reflexionar sobre los motivos que han posibilitado que este desalmado sea identificado. Y sobre los motivos que permiten que se vaya de rositas a su casa. Quizá las cámaras no son la solución, quizá la solución es un sistema judicial que condene realmente estas agresiones y quizá, por encima de todo, lo que hace falta es educar a nuestros jóvenes. Lo que sucede es que es más fácil (y barato) castigar que educar.

Y todo eso respecto del sistema de videovigilancia en sí, del tratamiento de la noticia y la violación de la privacidad del pasajero-testigo que viajaba con ellos en el vagón ya habló (y muy bien) La vigilanta.