Doble dosis de neoconfucianismo

NeoconfucianismoChina, al amparo de su potentísimo crecimiento, sigue anunciando mejoras infraestructurales que van desde invertir 75.000 millones de dólares en tender 40.000 kilómetros de cables de alta tensión para transporte de energía eléctrica a la construcción de nuevas refinerías que permitirán al estado asiático, en 2015, refinar 310 millones de toneladas de petróleo. En paralelo a este frenesí infraestructural, la mejora en calidad de servicios al ciudadano sigue su curso con mejoras en control de medicamentos y en la producción de lácteos, así como el incremento del seguro sanitario en las zonas rurales. El desarrollo económico de China y el poder político que obtiene gracias a él suelen provocar en occidente la ilusión de una democratización que se verá refutada por la aparente occidentalidad del agolpamiento vivido estos días para conseguir un billete de tren para año nuevo, pero nadie debería confundirse. Pese a las amenazas de la OMS, China se limita a advertir a sus empresas tabaqueras allá donde los estados occidentales habrían deseado ver refrendadas sus políticas disciplinantes. Nadie debería sorprenderse, el objetivo de China con estas mejoras obedece a la más larga tradición política heredera de Confucio: en primer y más importante término, el estado debe alejar todo posible conflicto en las calles y obtener reconocimiento exterior. Exactamente lo que están consiguiendo.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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