Días verdes en Brunei

No leía nada de Bruce Sterling desde que hacía años (mucho antes incluso de comenzar este blog) leí La caza de hackers. Así que cuando decidí echar un rato leyendo Días verdes en Brunei apenas sabía qué me iba a encontrar.

Lo que me encontré es un relato tan breve (apenas 100 páginas) como encantador. No es que no sea un relato soñador, que lo es, pero lo es de una forma que te dan ganas de que algo de ese mundo pudiera llevarse a cabo.

Lo cierto es que de todas las lecturas recientes ha sido la que más gratamente me ha sorprendido. Si las últimas lecturas de Gibson (Neuromante aparte) han resultado poco menos que tortuosas y la tierra plana de Friedman resultó no ser plana en absoluto, los Días verdes en Brunei de Sterling ofrecen un poco de todo. Un poco de ese encanto hacker que nos estremeció en Criptonomicón, un poco de ese imaginar paisajes vividos cien veces, o incluso ponerle el rostro de algún que otro amigo a esos pasajes. Y, como anécdota, conocer el posible origen de la metáfora del bricolaje, a la que tantas vueltas hemos dado en tiempos recientes (y más que daremos).

Una lectura productiva de la que quieres un poco más, de modo que con seguridad volveré sobre Sterling más adelante, pero lo haré cuando tenga tiempo. De momento tengo en La Pila muchos libros y algunos llevan ya ahí demasiado tiempo.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

3 Comments

  1. Completamente de acuerdo, un relato donde todo es pequeño, cercano y encantador, pero con un potencial enorme y que abre muchas puertas. Muy recomendable.

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