Apología de la migración

Antes del crack del 29 era normal que alguien pudiera cruzar continentes con poco más que un salvoconducto sin que nada lo impidiera. Pese a los límites impuestos a los ciudadanos chinos en aquella época, esta política de fronteras pseudo-abiertas dio lugar a una dorada de las migraciones en la que hubo hasta un 8% de la población mundial (frente al 3% actual) labrándose un futuro en un lugar distinto al de su nacimiento.

Bisontes (o búfalos) migrando
[Imagen: Nigel Dennis, Bisontes (o búfalos, vaya usted a saber… díganlo como quieran) migrando.]

La visión del mundo como un puzzle de colores condiciona una percepción falsamente estática del mundo y las fronteras y hace años que avisamos que el verdadero peligro de esta crisis es que se traduzca en un cierre de éstas. Y esto es peligroso porque, como decía Frédéric Bastiat ya a comienzos del s. XIX que «si los bienes no cruzan las fronteras, los ejércitos lo harán».

La asimetría ahora es diferente: aunque hay quien busque una marcha atrás al movimiento de capitales, la de mercancías nunca ha estado demasiado clara y está siempre en disputa y los pocos sitios donde había una cierta libertad de movimiento entre personas descienden peldaño a peldaño el camino al infierno de la restitución de fronteras, justo lo contrario a lo que deberían impulsar. La analogía existe: libertades y globalización frente a represión y sociedad de control.

No existe una disyuntiva tal como «globalización o desarrollo», sino más bien al contrario: globalización y desarrollo. Desarrollo necesariamente enfocado desde la transnacionalidad, desde lo líquido, lo cambiante, lo arrebatador, sin cinismos ni asepsia frente al mestizaje, para no abocarlo al fracaso, para no atarlo a visiones caducas que en su ensimismamiento inane olvidan, porque lo excluyen, a todo lo demás mientras ignoran lo fundamental: reclamar libertades.

Hoy me apetecía hacer una apología de la migración, de los pies polvorientos, precisamente porque si la libertad significa algo es, sobre todo, la libertad para marchar.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

6 Comments

  1. Muy buena apología de la migración. Me ha gustado mucho el post. Describe un panorama gris contrastado con esa “libertad para marchar” tan luminosa. Por cierto, ¿al final quedamos en que se dice bisonte?

    Un abrazo.

    • Gracias, Francisco. La libertad para marchar es fundamental, por eso en las Indias nos la tomamos desde el principio tan en serio.

      Y los bisontes… a mí siempre me hizo mucha gracia el título del disco de Omar. Pero en el enlace a Maikelnai explican que no todos los búfalos son bisontes… Yo creo que seguiré diciendo bisonte para todo :D

  2. Exactamente lo contrario a la cultura local: donde la emigración es vista como una condena dramática. Un mar incierto. De eso de “por necesidad”. Hace años ya era desesperado para las multinacionales instaladas en España encontrar gente que se quisiera ir… sin condición previa de regreso: más o menos todos se hacen modernos y si les llevas a los niños y a la señora (más colegios guais, etc.) o, en su defecto, doble sueldo, todos se apuntan a un par de años de experiencia vital, pero luego a casa. La multinacional contestaba que no, que después de dos años habría otro destino pero a saber cuál. Y entonces no se iban: a pesar de la pasta, a pesar de dar una educación de élite a los hijos, etc.

    • Sí, está muy extendido eso de que uno marcha «por necesidad», algo que te acompañan del siempre bienquedante y muy progresista «yo lo que quiero es que cada uno pueda prosperar en su tierra» bajo el que se esconden (pero muy poco) una xenofobia y un racismo insoportables.

  3. Me ha encantado esta entrada, Genial. Gonzalo, cierta resistencia am la migración por parte de un pueblo al que no le quedó más narices que ser emigrante en los dos últimos siglos es hasta normal… Lo que no es lógico es que eso suceda entre las élites de un país, como cuentas. Creo que eso tiene mucho que ver con el miedo a perder las redes de privilegio Me explico, una institución académica norteamericana tiene prestigio por sus profesores, en España lo tiene por las familias que mandan sus niños y niñas allí. Es, al final, una élite de pueblo, con miedo a que se les note…

    • >> una institución académica norteamericana tiene prestigio por sus profesores, en España lo tiene por las familias que mandan sus niños y niñas allí. Es, al final, una élite de pueblo, con miedo a que se les note…

      lo más iluminador que leí en muchos días :)

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