El desarrollo de tolerancia a las medidas de control

La lucha contra la sociedad de control no es una lucha a corto plazo, de hecho podría decirse que es la lucha eterna: imposición de control contra resistencia antidisciplinaria, pero sí es una lucha que se endurece con el paso del tiempo. En la lucha contra la sociedad de control el tiempo juega en nuestra contra. El desarrollo de tolerancia, entendida como capacidad de soportar estas medidas sin que nazca una sensación de desasosiego y rechazo a las mismas, es un factor dependiente del tiempo y que aumenta exponencialmente con el paso del mismo.

El hecho de que el tiempo sea nuestro enemigo se debe a que el tiempo favorece el desarrollo de tolerancia hacia las medidas de control. Con el paso del tiempo interiorizamos la existencia de controles que nos limitan, condicionan y adoctrinan. El proceso en sí de interiorizar el control ataca y debilita la oposición al mismo, pues sería como atacarnos a nosotros mismos. No desarrollamos tolerancia a la idea de estar controlado, a nadie le gusta sentirse controlado, sino que dejamos de percibir el control como tal creándose una diferencia entre el control real al que estamos sometidos y el control percibido. Esta diferencia entre lo real y lo percibido hace no seamos completamente conscientes de hasta qué punto existen controles y todo está vigilado, reduciendo toda posibilidad de oposición a esta vigilancia

El discurso sobre el que se construye este control en un mundo de redes está encaminado a enlazar directamente las medidas de control con la capacidad de gobierno de la sociedad actual. Los mensajes de la política del miedo y la guerra contra el terror persiguen crear un imaginario en el que un mundo distribuido no es gobernable en términos de promesas y de un futuro mejor, sino que la gobernabilidad misma pasa a estar definida en términos de seguridad, aunque en ningún momento se aclara si lo que estas medidas protegen es a los ciudadanos o a los poderes establecidos del ataque y la indiferencia por parte de esos mismos ciudadanos. Que la construcción misma de estas medidas y el modo en que se comunican al público constituye otra forma de control y manipulación social es algo evidente, aunque no nos adentraremos en ella en este capítulo.

En ese sentido, también la manera en que se construyen esos discursos, apelando al civismo y al patriotismo para favorecer esta asimilación, deben ser los primeros en recibir nuestras críticas, pues es con la ayuda de estos discursos que se logra que toda oposición, crítica y propuesta de reforma sea rechazada y marginada. De repente, alguien que se pone a las medidas de control es percibido como un cómplice de los delincuentes o un odioso antipatriota. Es el discurso el principal vehículo para la asimilación de estas medidas y el desarrollo de tolerancia al control.

El desarrollo de tolerancia a las medidas de control comienza a operar tan pronto éstas están operativas, ya que a la inclusión de éstas en nuestros hábitos (con la consecuente reducción de atención prestada, pues abrir la puerta con el transpondedor pasa a ser un acto mecánico y no un acto razonado) hay que unir que, debido al modo en que se justifican las mismas, muchas personas son automática e inconscientemente empujadas a aceptarlas. Sin embargo, en nadie es esta tolerancia tan acentuada como en las generaciones que nacen y crecen con posterioridad a la entrada en vigor de las mismas. Lo que estamos acostumbrados a utilizar desde que somos niños nos es más fácil de comprender, y aquello que entendemos con fácilidad nos da confianza. El proceso de asimilación de las medidas por parte de los jóvenes constituye un enorme factor en contra de la resistencia a estas restricciones y controles y por eso la oposición a las medidas de control es una lucha que, sin constituir una derrota asegurada a largo plazo, será más fácil vencer si evitamos que éste nuevo régimen se prolongue innecesariamente en el tiempo.

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