Suscríbete: RSS Feed

Ciberderechos



Sistemas de seguimiento no centralizados

La tecnología de identificación mediante radiofrecuencias (RFID) tiene muchas aplicaciones y es ya una realidad mucho más extendida que lo que podría parecer si atendemos al poco conocimiento que de la misma tiene el gran público (digamos, la ciudadanía). Sin embargo, entre estas aplicaciones no pocas entran en conflicto con la privacidad de las personas, poniéndola en peligro la mayoría de las veces tanto esta privacidad como otros derechos fundamentales.

No hay dudas al respecto: cuando hablamos de RFID y privacidad una de las polémicas estrella es el seguimiento detallado de personas. Esta idea no es nueva, aunque en Industry Wizards hablen de «nueva tecnología RFID»: el seguimiento de personas en espacios cerrados mediante RFID fue patentado por IBM [pdf]. Es el típico sistema que luego permite el seguimiento de todo tipo de personas y no sólo de aquellos que, en teoría, se decía que serían vigilados.

Si la tecnología no es nueva, lo nuevo hay que buscarlo en el grado de extensión, desarrollo u implantación de la misma. Esa es la verdadera novedad: se acerca la extensión sin tapujos de estos sistemas, no sólo en aplicaciones desarrolladas por y para el FBI, sino que va a ser puesta a disposición de empresas para que los apliquen en sus fábricas y en sus oficinas, como nos contó Natalia. El sistema en cuestión ha sido bautizado como NOX y Nat compartía una captura de pantalla de la interfaz que nos muestra los registros de monitorización de los chips espías.

NOX en acción

Este NOX, como todo sistema de vigilancia contemporáneo, está mucho más allá del panóptico de Bentham o del Gran Hermano de Orwell. Superan esa visión centralizada de la vigilancia para descentralizarla y convertirla en una vigilancia mucho más ubicua y fácil de llevar a cabo. De hecho, tanto el panóptico como el Gran Hermano son modelos de un centralismo tal que su puesta a punto es directamente inalcanzable, por lo que el trazado de un verdadero sistema de vigilancia social pasa precisamente por la solución descentralizada que avanza este plan: repartir la carga de la vigilancia y llevarla mucho más allá del Panóptico, para meterse de lleno en Foucault y su vigilar y castigar.

Cabría desear un poco de defensa legal ante estas medidas pero, ¿cabe esperarla? No parece probable cuando estos sistemas de vigilancia y las empresas que los desarrollan emergen en torno a la financiación pública.

De esta forma la obtención de una ley que preserve nuestras libertades se muestra como una batalla dura contra el estado y su semántica de combate. Conviene (es casi imprescindible) recordar en esos momentos de dura contienda dividida, que la privacidad no es un problema técnico, sino un problema legal.



Los portátiles en la frontera de Estados Unidos

Las democracias occidentales se están transformando y lo están haciendo rápidamente. No es nada sorprendente, si hablamos de transformaciones: lo habitual es que éstas tengan lugar rápidamente. Todo cambio lento puede ser asimilado por el sistema, que según la segunda ley de Newton reaccionará en contra de la perturbación para minimizarla y volver al equilibrio.

Frente a las voces que claman que en Estados Unidos el totalitarismo está en auge, la burocratizada administración estadounidense sigue dando pasos en firme: no es ya el espionaje de las telecomunicaciones de 200 millones de ciudadanos, ni las trabas a la investigación de ese asunto.

Mientras yo disfrutaba de unos días de descanso, la EFF ha dado la voz de alarma (una vez más) sobre la nueva normativa que permitirá inspeccionar y copiar todo el contenido de los portátiles de las personas que entren o salgan del imperio de los Estados Unidos. Ríete de la licencia de windows a cambio de los datos de tu disco duro (esa licencia, al menos, era opcional).

La única solución contra esto es rechazar la medida. La contratecnología no sirve. Cifrar todo el contenido de tu máquina puede parecer una buena idea, pero lo será tan sólo mientras no se equipare el cifrado con las malévolas intenciones de delincuentes habituales y no se use la-palabra-que-empieza-por-T. Como en el caso de la RFID en pasaportes, protegerlos con una cartera anti-rfid es solución temporal. Porque si el agente interpreta que alguien que protege su pasaporte/computadora es alguien que tiene algo que esconder, estás jodido. Si cifras tu disco duro, ¿te dejarán pasar sin más o te someterán a una ronda de preguntas «rutinarias»?

Repetimos: la contratecnología no sirve. No hay grises, mi portátil es mío, mis datos son míos y cualquier intento de legalizar estas prácticas debe ser rechazado. Lo legal y lo justo no tienen porqué coincidir. En este país tenemos muchas leyes injustas, en EE.UU. tienen también muchas, y ésta nueva norma pasa a engrosar esa lista de dudoso honor. Si estás pensando que no te importa lo que suceda allí porque no irás nunca, es que no te has parado a pensar cómo se «normalizan» estas leyes en el ámbito internacional. Pronto los EE.UU. podrían exigir reciprocidad a todos los países, como ya hicieron con los pasaportes RFID para permitir el ingreso de ciudadanos en su país.

En este contexto, el abuso sistemático de la semántica de combate y la innegable defensa (sic) de la seguridad nacional (sic) que se hace entregando la privacidad actúan dividiendo la respuesta a estas violaciones de derechos fundamentales.

*** Me dicen que diario del viajero también ha hablado del tema.



Por qué hay una escasa reacción a la invasión de nuestra privacidad

A menudo, cuando se habla de privacidad con varias personas, tiene uno la sensación de andar predicando en el desierto. Bueno, entiendo que hay gente a la que no le importa, no son esos los que me «preocupan». La reacción que más perplejidad causa suele ser la de aquellas personas que reconocen que la privacidad es algo importante pero no creen que la misma esté en riesgo.

¿A qué se debe que la invasión de nuestra privacidad reciba tan escasa atención, tan poca reacción? Sin duda alguna se debe a que la invasión de la privacidad no se juzga como tal, sino que se juzga esta invasión atendiendo a las ventajas que conllevan los procesos que la vulneran. No se entra a juzgar la parte negativa del asunto, sino que nos quedamos con el envoltorio de ventajas que nos dan a cambio. El problema es que este tipo de presentación de las medidas de control dividen la respuesta, impidiendo una negativa contundente. Te ofrecen una contrapartida que a algunos parecerá bien y a otros no. Los primeros aceptarán la propuesta y los segundos tendrán, como paso previo a la formación de una oposición firme, oponerse primeramente a aquellos que están dispuesto a ceder sus libertades y aceptar las medidas de control. Divide y vencerás.

El ejemplo clásico es GMail. Un servicio de webmail impecable, fácil de usar, bonito, ligero, con espacio para guardar todos los correos que puedas recibir (aunque la mitad sólo los hayas soñado). Pero Google lee el correo, para conocerte mejor y pasarte anuncios contextuales. Más aún, puedes cifrar el correo y aún Google podrá trazar tu comunicación: quién envía (vamos, tú), a quién le envías, el asunto del mensaje, la frecuencia con la que escribes, la IP que envía el mensaje y su ubicación. Así con todos tus mensajes y contactos. La verdad es que Google no necesita abrir el correo (ojo, esta referencia es anterior a la salida de GMail), aunque desde luego si se lo dejas abrir aún sabrá más sobre tí.

GMail es un ejemplo de manual de servicio que recopila ingentes cantidades de información personal y que es juzgado no en función de sus verdaderas y profundas implicaciones, sino en base a los beneficios que ofrece (interfaz clara, ligera para los móviles, ubicuidad).

Como con GMail, la mayoría de herramientas de vigilancia reciben un trato alarmantemente benévolo. Desde las cámaras de vigilancia masiva (que «sirven» -y esto es un decir, como ya sabrán los lectores habituales- para detener agresiones -y eso es otro decir), a la retención de datos (que sirve para «desactivar células terroristas»), pasando por los controles aeroportuarios (aunque con estos controles realmente no consigan engañar a nadie). Y luego se espía a familias usando desproporcionadas leyes antiterroristas.

El sistema nos vende las ventajas envuelta en celofán y nos cuela el resto del paquete en la letra pequeña. Por eso la reacción ante las medidas que violan la privacidad son tan pequeñas, porque en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes de lo que sucede (y esto es un problema importante del que muchos aún no se han percatado). Cada vez está más claro que los placeres de la pobreza han vencido nuestra burlada revolución. Y nos van a dar muchos más palos.

*** Relacionada:
Confiamos en la simplicidad



La UE prohíbe lo obvio, ¿hay algo que temer?

Hace unos días pudimos leer una nota que no tuve tiempo (ni ganas, sí: a veces no hay ganas de bloguear) de comentar entonces. La UE acuerda tipificar como delito usar la red para fines terroristas, la noticia (con titulares ligeramente diferentes) apareció en muchos blogs y supongo que en muchos diarios digitales. Buscando hoy he encontrado la misma en La Vanguardia.

Tipificar la apología del terrorismo como delito. Un juicio infantil dictaría que la UE quiere este año ganar el concurso de obviedades. Pero no seremos tan simples. ¿Qué significa esto? ¿un simple brindis al sol o algo más? Opino que no es un simple brindis al sol, pero que las intenciones podrían no ser esas que llanamente inundan los titulares de encefalograma plano que inundaron los diarios.

Una pregunta tan sólo: ¿es que antes de ayer, el día antes de la tipificación de este delito que ya existía, alabar el terrorismo en internet no era delito? Qué estupidez, claro que lo era. ¿Qué podemos esperar entonces de esta declaración? Podemos adivinar que viene una subida de la presión sobre la libertad en la red. Evidentemente, todo esfuerzo es pequeño para hacer cumplir este nuevo delito, ¿no creen? Claro que lo creen. Parafraseando a David Bravo, es difícil decir que uno no está en contra de la apología del terrorismo en la red sin que suene a demencia senil. Es la semántica de combate, la neolengua destinada a enfocar la discusión de tal forma que no exista un contrapunto posible, o que los mismos sean vistos como algo completamente absurdo.

Y sin embargo, al tipificar como delito lo que ya estaba contemplado como delito (¡por todos los dioses, hacer apología del terrorismo es delito se haga en periódicos, en la red o mediante señales de humo! siempre lo ha sido) lo único que podemos temer es que esta nueva declaración se use para justificar medidas impopulares, como nuevas subidas de tensión en el control de la red.

La retención de datos aprobada por la UE hace un par de años y puesta en el alero por un tribunal alemán que consideró que no respetaba la privacidad (Liberty & Security), será la primera en recuperar la verticalidad tras los golpes sufridos. ¿Qué se juegan a que será así?



Leyes antiterroristas para espiar a familias

En Reino Unido, las leyes antiterroristas se han utilizado para espiar a una familia que era sospechosa de haber mentido en un formulario municipal (Independent). Es lo que sucede cuando se ceden libertades para espiar terroristas por encima de todo límite democrático, que pronto se espía no sólo a terroristas sobrepasando todo límite democrático.

Esta familia ha sido espiada porque alguien sospechaba que habían mentido en su dirección postal, para así conseguir que su hijo accediera a una escuela diferente. Un peligrosísimo acto merecedor de una respuesta enérgica por parte de las fuerzas de seguridad e inteligencia del estado, por eso los han tratado como a un Mohammed Atta cualquiera y le han espiado con toda la fuerza que permite la ley antiterrorista británica aprobada durante la guerra contra el terror; esa guerra que ahora nunca existió.

Porque el gobierno británico dice que la guerra nunca existió, y quizá tiene razón. Porque si estas «medidas excepcionales» hubieran sido aprobadas como parte de esa guerra a la que, verbalmente, ya pusieron fin, éstas habrían desaparecido. La persistencia de estos controles lesivos para nuestros derechos demuestra otra cosa: el enemigo estaba dentro.



Universidad del Terror

Parece que la mercantilización de la lucha contra el terror sigue su curso. Si en Londres la sociedad bajo vigilancia avanza a ritmos agigantados, en EE.UU. lo último es potenciar los estudios superiores de Experto en seguridad nacional. Más de 200 facultades han creado estas titulaciones de Licenciado en Seguridad Nacional desde el 11-S, y otros tantos (unos 150) han creado titulaciones de Gestión de Emergencias. Lo leemos en Slate (via Schneier).

El gobierno estadounidense fomenta la creación de estas titulaciones y el mensaje está claro: creadlas que la gente se matriculará. Hay todo un mercado en expansión, pura continuación de la ley que prometía más subvenciones e inversión pública a las ciudades que demostraran sufrir un mayor riesgo de ataque terrorista. Esto solamente significa una cosa: se acerca una subida de tensión en la política del miedo. Y siguiendo el manual de esta política del miedo: aquellos con los miedos más grandes, serán los más poderosos.

Hay todo un sector en expansión, una pirámide de gente (y favores) medrando a costa de la política del miedo y sus consecuencias: una cultura de institucionalizar el terror y aprovecharlo económica y políticamente, para ayudarnos a desarrollar tolerancia a este modo de vida y a esta política de dominación. Como sucede con todas las pirámides económicas que dependen de un determinado factor, cuanto más crezca la pirámide de gente que vivan a costa del terror más difícil será deterer estas políticas (aún cuando estas políticas son precisamente lo que los terroristas desearían que se impusiera sobre nuestra sociedad).

Si no entienden de qué les hablo, revisen lo que ha sucedido aquí con la vivienda: millones de personas dependiendo del negocio, tanto que era más fácil huir hacia adelante invirtiendo más y más que cambiar el sistema económico e invertir en ámbitos sostenibles. En estos momentos, éste es sin duda alguna un problema al alza. Primero la ciudad más amenazada recibe más dinero. Ahora la Universidad que cree una titulación de este tipo encontrará una fuente de ingresos allí donde no había nada. ¿Se opondrán a estos mensajes del miedo dichas universidades? Veladamente, como mucho, porque si les están garantizando un buen montón de ingresos no se atreverán a levantar la voz.

Conviene recordar que cuando uno educa martillos, todo lo que esos martillos verán será clavos, y todo lo que vean lo tratarán como tratarían a un clavo (que es lo que fueron enseñados a tratar). Y en un país donde los derechos se erosionan con la excusa del terrorismo, lo último que se necesita son expertos titulados universitarios especializados en buscar terroristas y únicamente terroristas.



¿Cuánto vale tu privacidad? Las aseguradoras y el mercado para limones

¿Cuánto vale tu privacidad? Esta pregunta no es baladí. Mapfre ha puesto precio a la privacidad de sus asegurados: exactamente la valoran en (como máximo) el 60% del precio de la póliza del seguro del coche, a cambio de estar vigilados siempre que te metas en el coche (20minutos).

Por supuesto, el que se crea que aceptando estas condiciones va a ahorrar dinero es que no tiene ni idea de cómo funciona el mercado de las aseguradoras, un sistema de información asimétrica cuya descripción en 1970 le valió a George Akerlof años más tarde (en 2001) el premio Nobel de economía.

La teoría de George Akerlof se conoce también como la teoría del mercado para limones y funciona así: la compañía recopila sobre las personas tanta información como pueden, para poder catalogarlas acertadamente como casos de alto riesgo (limones) o de bajo riesgo (melocotones). Si resulta que eres un caso de alto riesgo lo tienes crudo, no te va a asegurar ni cristo.

La mejor situación para los asegurados es aquella en la que la aseguradora no puede determinar si eres de alto riesgo o de bajo riesgo (podrías ser de bajo riesgo para un seguro de coches, porque conduces reposadamente, pero de alto riesgo para un seguro médico, porque tienes asma desde que naciste; te conviene por tanto que la compañía no conozca ni tus virtudes ni tus defectos). Pues Mapfre quiere conocer mejor a sus clientes, para discriminarlos mejor, y sólo ofrece (y sólo a los buenos, porque a los otros no les renovarán cuando concluya la póliza) un máximo del 60% de la cuota. Y encima te vigilarán, mediante GPS, todas y cada una de las veces que te subas al coche.

¿Cuánto vale tu privacidad?

*** Bola extra: lo preocupante del mercado de limones es que los estados quieren aplicar este mismo criterio, cuando dicen que los obesos deben pagar más impuestos o que tal o cual perfil de ciudadano debe pagar más sanidad, están aplicando exactamente los mismos principios. Manda cojones que esos estados estén sostenidos con nuestros impuestos, ¿no creen?

Distribuir contenido