A vueltas con las garantías del software

En kriptópolis se rasgan las vestiduras porque las empresas de software más grandes del mundo rechazan la imposición de una garantía en los EULA con los que suelen atar y doblegar a aquellos que licencian su software. Los argumentos de Kriptópolis parecen loables: cada cual es responsable de lo que vende, si vendes mal software debes ser responsable por los daños que puedas provocar. Y yo iba a comentar allí, pero me enrollé mucho y me ha quedado una anotación.

Todo esto viene a cuento de que en Reino Unido se han puesto a evaluar un procedimiento que obligaría a las empresas a hacerse cargo de estos daños (que en algunas situaciones podría ser muy costoso), algo que por el momento se ha desestimado. Dicen en Kriptópolis que las licencias de uso son «leoninas». Si por leoninas entendemos aquello de «provided as is» vale, pero hoy en día el que acepta ceder más en una licencia lo hace porque quiere. Saben (porque ya todos lo saben) que están pagando por un mal producto y no lo evitan. Pues ajo y agua. «¿Además de puta pagar la cama?» Disculpen, señores, pero no. Hay software que tiene licencias espléndidas en los que por supuesto que a veces casca algo, pero bien usado la posibilidad de perder datos es nimia.

Yo quiero argumentar en contra de esta garantía. Entiendo que alguien debe hacerse cargo, pero no me parece que sea bueno imponer legalmente la obligatoriedad de ofrecer esa garantía. El que se crea que con esta medida está defendiendo el software libre se equivoca: Y, ¿si te obligasen a justificar un aval frente a posibles daños antes de distribuir tu software? Si hay alguien que puede afrontar el gasto que supone tener un departamento dedicado a eso, esos son los gigantes del software privativo (Adobe, Microsoft, Apple). El que seguro que no podría pagar la garantía del más mínimo daño, siquiera unos archivos de texto que se pierdan, es el programador que decide liberar una pequeña aplicación y permitir su libre descarga, distribución y modificación. Por supuesto, como consecuencia del punto anterior: el que crea que imponiendo una medida legal que favorece a los oligarcas del software privativo está ayudando a las personas comunes, se equivoca. Y a todos los efectos ambos, el rico accionista de Adobe y el ingeniero recién titulado, son empresas responsables de sus productos. Y que nadie se engañe, el software libre tiene muchos fallos, exactamente igual que el privativo. Otra cosa es que se solucionen antes, pero para cuando se solucione el daño está hecho y la garantía tendrá que actuar.

Por supuesto, no me parece mala idea (de hecho parece muy buena idea) que aquellas compañías que puedan afrontar ese gasto lo hagan de forma opcional, como un valor añadido al software que venden en caso de que se vean desbordados (antes o después se verán) por el software libre. Son beneficios para todos, no puedo estar en contra. Pero de ahí a legislar la obligatoriedad, que llevaría aparejada la necesidad de justificar -mediante auditoría financiera externa, claro- un aval económico que permita hacer frente a una emergencia, hay mucho. Pero mucho, muchísimo.

Así que disculpen las molestias, pero creo que prefiero quedarme como estoy a que una reforma imponga una garantía que me deje a los pies de los caballos (que todos conocemos) de siempre, que son los que podrán pagar su «seguro obligatorio para la distribución de software». El que no quiera ver su equipo en peligro que use versiones perfectamente depuradas, estables, de todos conocidas y que procure no hacer el ganso con su ordenador. Si Joanna Rutkowska, una de las hackers más famosas del mundo, utiliza Windows sin antivirus es que incluso con una patata de sistema se puede sobrevivir siendo prudente. Lo demás son milongas.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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