Quemando cromo

Alentado por lo mucho que me gustó Neuromante, le metí mano a otro libro de Gibson: Quemando cromo, un compendio de relatos breves.

El resultado, sin embargo, ha sido diferente. Donde Neuromante desarrolla un escenario oscuro y atrayente, muy vinculado al Los Ángeles de Blade Runner y al universo oscuro del Cyberpunk que tantos dados nos hizo tirar, Quemando cromo muestra la inestabilidad e irregularidad propias de los libros de relatos breves. Así, se alternan momentos de gran interés (Mercado de invierno -quizá lo mejorcito del libro, Johnny Mnemonic) con una caravana de relatos muy, muy duros de tragar. Curiosamente, o acaso no tan curiosamente, los relatos que mejor pasan son los que están ambientados en ese universo oscuro, decadente y sórdido que ya conocíamos de Neuromante y que era precisamente el que me había empujado a Quemando cromo con tantas ganas.

En cuanto a la escena en sí, y una vez obviados los cuentos que no me gustaron, poco que añadir respecto a lo que ya hablamos al respecto de Neuromante.

En general, Quemando cromo es un libro sólo aptos para fans y es probable que se ponga cuesta arriba para la mayoría de personas que, aún así, se llevarán alguna que otra perla de su lectura (a elegir, que sobre gustos no hay nada escrito). Si piensas leer a Gibson, sin duda Neuromante es mucho mejor, aunque tengo pendiente leer la Monalisa acelerada

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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