¿Qué puede tener más éxito que Gran Hermano? Videovigilancia distribuida

Cuando hablamos de televisión, Gran Hermano (y los realities en general) simboliza la elevación a la categoría de espectáculo televisivo de algo tan antiguo como el cotilleo: fisgonear la vida privada de alguien, estudiar sus manías, conocer sus mezquindades. Descubrir hasta lo que todos querrían ocultar. Gran Hermano actualizó al S. XXI las fronteras de la tienda del barrio, y de repente podías conversar de todas las estupideces de una tercera persona, que todo el mundo conoce porque todo el mundo las ha visto en televisión.

En Shoreditch (cerca de Londres, ¡como no!) llevaron a cabo (hace casi dos años) un estudio que en su día comentamos (Shoreditch, manual para un vecindario con problemas) en el que se daba acceso a todos sus vecinos para visualizar desde su PC todas las cámaras de videovigilancia del municipio, alentando a delatar a toda gente sospechosa o sucia, vagabundos, gente que vistiera extraño…

Combinando el gusto por el cotilleo que eleva a los reality shows a éxitos de audiencia y el afán proteccionista de la videovigilancia, y obteniendo como resultado el poder de lo local que supone como premio tener vigilados a tus vecinos y estudiar sus mediocridades, se dieron cuenta en este apacible municipio británico que la gente pasa más tiempo viendo las cámaras de CCTV policiales que otra cosa (TheReg). Que muestran más afición por su pequeño Gran Hermano local que por el televisivo.

Demencial. Ahora sí está claro que Gran Hermano somos todos. La videovigilancia distribuida no sólo no causa rechazo sino que vendida adecuadamente se convierte en un éxito de audiencia/colaboración. ¡Lo que más de un regimen autoritario habría dado por tener a tantos voluntarios delatores!

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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