Políticas

Hoy quiero compartir dos párrafos de Políticas, de Antoni Gutiérrez-Rubí. Es un libro que tuve la suerte de leer y el privilegio de poder hacerlo hace ya unas semanas (¡gracias!). Si bien muchos comentarán el capítulo dedicado a las mujeres más relevantes de la política internacional de nuestros días, yo voy a preferir quedarme con la parte final del libro dedicada a la política emocional (y emocionante) y renovada que necesitamos. Más allá de los perfiles de estas mandatarias, en esta parte final hay muchas ideas de Antoni que al menos compensa leer (si bien no puede uno estar de acuerdo con todo lo que expone ni con la postura que él toma al respecto de algunas cosas).

Voy a comentar mi postura respecto a lo que él cuenta, porque este es mi blog y no puedo (ni quiero) evitarlo :)

La agenda pendiente para la renovación de los partidos políticos es amplia y múltiple. Afecta a las propuestas, a los objetivos y a las formas. Pero la pista de la «política de las emociones» puede ser una senda que genere más debate y más transformaciones que las que aparenta con su aspecto superficial. Primero, encontrar las palabras que emocionen y que acierten en el diagnóstico y en la propuesta, creando los marcos conceptuales que nos permitan seguir avanzando en la comunicación política. Segundo, vivir la experiencia política con pasión, ilusión y entusiasmo contagioso, abriéndola para acercarnos a las vivencias de nuestros conciudadanos y construyendo, desde esa proximidad, un liderazgo proactivo. Tercero, explorar el caudal cognitivo de las emociones para establecer un nuevo relato y un renovado compromiso político y cívico. Y, finalmente, comprender los mecanismos neurológicos y sensoriales que articulan nuestra percepción y nuestro conocimiento.

Bien, está claro que los partidos políticos necesitan desconstruirse (como la tortilla de Ferrán Adriá) y reconstruirse. Me da la sensación de que en este movimiento podrían salir con ventaja partidos que no tengan que descontruirse y, sobre todo, aquellos que no tengan miedo a hacerlo. ¿Qué papel deben y pueden representar? No lo sé, pero seguro importante. A corto y medio plazo no cabe esperar otra cosa, ni seguramente sería práctico ni deseable. Pero ser meros depositarios lejanos, indeseados y no amados de la voluntad popular (ser «un mal menor» derivado de «votar al menos malo») no es deseable desde el punto de vista democrático y es el primer paso a una tiranía. Que los partidos políticos sigan ejercitando un papel importante en las democracias no significa que éste tenga que ser el mismo rancio, áspero y sordo papel de siempre, en el cual el poder se ejercita desde lejos.

Ahora mismo, la posición es aguantar el chapetón con resignación o marcharnos, porque en lo que es la sociedad digital, los partidos del parlamento han demostrado que van a lo suyo. Una reestructuración desde la base, no el cambio de líderes sino una nueva organización que deje atrás la estructura clásica del partido político que conocemos hoy en día, es la única posibilidad para que esto siga funcionando. Tal y como está ahora, lo repito, no sirve.

¿Pueden nuevos partidos instalarse en ese ecosistema rancio? Lo deseable es que se instalen, pero portando ese nuevo mensaje emotivo al que hace referencia Antoni. O que los partidos tradicionales se lancen ya hacia adelante, se va haciendo tarde y ya hace falta que defiendan y rindan cuentas a los ciudadanos. Desde luego, la opción es apoyar o construir alternativas a las apoltronadas actualmente en el congreso, que mayoritariamente están anclados en el pasado y no recurren para nada a la formación de este nuevo relato sino al miedo.

Segunda cita:

Y en este contexto surge también la soledad, que es el temor al futuro más duro al que una nueva política de lo colectivo debe hacer frente. Una sociedad, y una comunidad, con más incertidumbres que certezas necesita hablar, conversar, para no sentirse sola, sin horizonte. (Deberíamos leer más a Ulrick Beck.) Necesitamos emocionarnos para creer que hay esperanza y nuevas oportunidades. La política debe ser esa emoción. No hay datos de la realidad que nos aseguren nuevas metas confortables, ni siquiera tenemos la seguridad de mantener nuestros niveles de bienestar, amenazados por el cambio climático, el terrorismo, las fracturas sociales o tecnológicas y una globalización no democrática. Frente a una tozuda realidad, sólo un discurso capaz de generar una ilusión colectiva o, al menos, un compromiso colectivo, puede ofrecer confianza a la ciudadanía. De ahí buena parte del desprestigio de la política. Ésta ha dejado de ser un relato épico, transformador, movilizador.

De acuerdo en todo: el desprestigio de la política reside en la mutilación continuada de incontables promesas electorales formuladas desde la frivolidad del que sabe que no las piensa cumplir. Un mundo mejor, con menos paro, mejor sanidad, más esperanza de vida, sueldos más altos, menos problemas, más fútbol en abierto y más algodón de azúcar. Y al final las mismas políticas destructivas y continuistas. Pero eso mismo hace que la solución sea sencilla: cumplir lo prometido. Qué rápido he acabado.

Pero en algo disiento: el relato político sigue siendo épico, aunque no sea transformador (todo lo contrario, persigue «conservar» los privilegios de las estructuras actuales, incluso aquellas que se dicen «transformadoras y progresistas»). Todos tenemos un ejemplo claro y muy reciente: la épica manipulación que desde todas las instancias políticas (Gobierno de Madrid y Gobierno Central) se está haciendo de la guerra que Inglaterra y Francia mantuvieron en la península ibérica durante el mandato de Napoleón, convertida en «hito nacional» épico y movilizador en pro del conservadurismo más descarado. ¿A que así descrita la «guerra de independencia» suena mucho menos importante? Claro, ¡es la épica la que le da nivel a esa guerra estúpida! Del mismo modo, la épica de la «estabilidad nacional» se usa para exagerar sobremanera todo lo relacionado con el terrorismo que menciona el mismo Antoni. Un ejercicio númerico para cuantificar la épica que hice en este blog hace algún tiempo.

El discurso es más épico que nunca, o digamos tan épico como antes, y yo creo que ese es el problema: el discurso debería en realidad ser infinitamente más lírico; yo no quiero que los políticos me hablen de grandes gestas nacionales ni rollos macabeos. Yo quiero un trabajo que me permita crecer como persona, una cierta tranquilidad, el tiempo libre que me permita hacer cosas que quiera hacer y mi trabajo no me permita, y hacerlo en compañía de las personas que son importantes para mí. Es todo lo que le pido a mis políticos. Yo, yo, yo. Llamadme egoísta, pero sólo aceptaré críticas de aquellos que antes se hayan mirado al espejo; descalificaciones per se serán ignoradas. Lírica. Y el que no esté de acuerdo conmigo que por favor me lo indique en los comentarios.

¿Por qué hablo hoy de «Políticas», cuando es un libro que leí hace ya unas semanas?
Hoy se presenta en el Centre Cultural Blanquerna (c/Alcalá, 44 Madrid) el libro Políticas: mujeres protagonistas de un poder diferenciado, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí y publicado bajo dominio público en la colección Planta 29. El libro ya se puede comprar en papel, pero también tenemos una versión gratuita y libre en PDF que podemos encontrar en la propia página del autor.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

3 Comments

  1. Gracias por la referencia y por los comentarios.
    Me ha hecho mucha ilusión.
    Me interesa mucho la idea del nuevo relato…
    “El discurso es más épico que nunca, o digamos tan épico como antes, y yo creo que ese es el problema: el discurso debería en realidad ser infinitamente más lírico…”
    Te adjunto un enlace a una presentación especial que he hecho sobre estos temas en Barcelona… y ha causado algún sarpullido a los uqe me invitaron…. :-)
    http://www.slideshare.net/Antoni/el-relato-politico-las-ideas-vividas/
    Tiene mucha animación… si no lo ves bien por SLIDES… te lo puedo enviar. O quizás te lo puedes bajar. Creo que vale la pena…

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