
En uno de los momentos más trascendentes de Memento, Guy Pearce anota deliberadamente en el envés de una polaroid un hecho falso a sabiendas de que más adelante le será imposible recordar tanto la verdad (que sujeto y anotación no se corresponden) como la tergiversación (el hecho mismo de realizar esa anotación falsa) pero sí reconocerá su letra, de forma que dará por cierta la información cuando la lea más adelante. Cuando escribimos un blog no nos mueve la misma rabia que mueve al protagonista de la película de Nolan, pero el ejemplo me sirve como inicio de esta reflexión.
Decía Friedrich Wilhelm Nietzsche que «nada determina tanto en qué nos convertiremos como los detalles a los que decidimos no atender». Yo, que gusto de citar y parafrasear al bueno de Federico Guillermo, diré que nada determina tanto qué ideas propias recordaré más finamente y estarán mejor trabajadas como el hecho de que decida bloguear al respecto. Nada determinta tanto qué enlaces recordaré mejor como el hecho de que me obligue a construir un párrafo de contexto y explicación en torno a ellos.
Por apurar, y si hay algo más o menos parecido, nada determina tanto qué conversaciones recordaré y mantendré con interés (en qué posts ajenos en los que comento volveré a aparecer más adelante para continuar construyendo debate) como el hecho de que decida guardar en marcadores la URL de dicho post con la etiqueta «comentarios», ya sea en público o en privado.
Por más que me encanta que sea así, y por más que este proceso de maduración de ideas dirigido por uno mismo permite permite un consumo reposado y reflexivo de información no enturbiado por la manía del «descubrimiento» ni la voracidad del timeline, está claro que no hay que dejarse llevar por la inercia que nos va sesgando las propias lecturas, constituyendo una especie de soma que nos permite leer sólo cosas agradables con nuestras ideas. Afortunadamente, y aunque se puede mejorar, (creo que) hago un buen esfuerzo en ese sentido. Más de uno se escandalizaría si viera los feeds que tengo en mi lector (no voy a impostar aquí que los publico, el postureo búsquenlo en otra parte) al ver que sigo una serie de blogs falsarios, otros aburridos y otros que directamente me cabrean cada vez que postean. Son parte del sano equilibrio necesario entre mis lecturas, no ya para seguir pensando con objetividad (algo de mito hay en esa aspiración, señores), sino para al menos ser capaz de mirar a los problemas desde el punto de vista enfrentado a nuestras afinidades.
Pero ya ven, debo ser un tipo raro: aún leo rss, y escribo en este blog, y me salen ideas para posts mientras busco enlaces para animar los mails que escribo a Fanego :)

