Esta semana las conversas de después de comer dieron muchas vueltas en torno a los elementos necesarios para mantener en el tiempo la cohesión en una comunidad que aspire a vivir de forma autónoma. Lo aprendido parece, ahora que está ordenado, mucho más comprensible en el último post de la bitácora del arte.
Una idea conocida
Al hilo del coche bomba que hace unos días no llegó a estallar en Times Square, dice Bruce Schneier en su blog:
«If you think about it, terrorism is essentially a PR stunt. The death of innocents and the destruction of property isn’t the goal of terrorism; it’s just the tactic used. And acts of terrorism are intended for two audiences: for the victims, who are supposed to be terrorized as a result, and for the allies and potential allies of the terrorists, who are supposed to give them more funding and generally support their efforts.»
Exactamente lo que dijimos por aquí otras veces: «El objetivo de los terroristas es causar terror (…) los actos de terrorismo no son el fin, son la herramienta.»
Leer el resto del artículo de Schneier es interesante aunque, como digo, la idea principal ya la hemos debatido por aquí. Y una resolución al respecto: rechacen ser aterrorizados.
Reequilibrar el poder del estado
«No lo sé, hace tiempo que dejé de votar por aburrimiento. Lo importante es la libertad. El problema es que ahora tenemos menos libertades, porque se las hemos devuelto al estado a cambio de seguridad, por temores quizás exagerados al terrorismo y a los desastres económicos. Hay que encontrar un nuevo equilibrio en la relación entre el individuo y el poder, adaptado a las interposiciones tecnológicas y a la creciente deshumanización, porque estamos yendo hacia sociedades cada vez más represivas.»
– Felipe Fernández-Armesto, historiador británico, en La Vanguardia
(vía Intimidad violada)
Todo de acuerdo: hay que conseguir frenar determinados poderes del Estado y recuperar las libertades aparejadas. Todo de acuerdo excepto que no comparto que menos libertades nos devuelvan más seguridad, no necesariamente (en el sentido matemático, como siempre).
Mapfre Ycar y el mercado para limones
Hace ahora algo más de dos años, en abril de 2008, hablábamos sobre los planes de Mapfre de utilizar un GPS para vigilar en todo momento el uso que sus asegurados hacen del coche, ofreciendo para ello incentivos en forma de una tarifa presuntamente reducida.
Leo en el blog de Antonio Ortiz que esos planes ya se han materializado en un producto completo por parte de Mapfre: Mapfre Ycar.
Antonio en su post explica porqué la propuesta de Mapfre le parece tolerable: es una decisión aceptarla, no está generalizada y si uno quiere vender su privacidad a cambio de un hipotético descuento, pues es cosa de cada uno.
No parece la suya una posición descabellada, pero creo que admite matices.
El primero es asumir como tal el argumento de Mapfre: premiar buenos conductores. La realidad, como siempre, es antisimétrica: lo que Mapfre planea es penalizar a los malos conductores (usando sus términos). Mapfre no perderá ni un euro con ni uno sólo de sus clientes, ni siquiera con ésos a los que cobre menos y no desde luego con ésos que permitan instalarse un GPS en el vehículo. Lo que Mapfre hará será penalizar a aquellos que no accedan a comportarse como buenos conductores y no permitan a Mapfre tener aún más información sobre ellos.
Con lo anterior enlaza el hecho de que el mercado de las aseguradoras es, casi con total probabilidad, el que se apoya en una mayor asimetría informacional: lo que la aseguradora sabe de ti y lo que tú sabes sobre ellos (incluso lo que tú crees que ellos saben de ti comparado con lo que realmente saben de ti) son cosas enormemente diferentes. Aceptar el uso de estos sistemas de posicionamiento constante sólo contribuye a desequilibrar más aún esa balanza. El resultado es que la aseguradora no toma riesgos: alquilarte un coche para que lo uses un número limitado de kilómetros al año, en un rango de horas concreto… es eliminar todo el factor de riesgo y convertir el pago de un seguro en una entrega mucho más rentable para la aseguradora.
Un segundo matiz se refiere a la proliferación de estas ofertas: es de esperar que estos sistemas proliferen, no sólo en seguros de vehículos sino en todos en general. Incluso para un seguro del hogar o un seguro sanitario básico pronto añadirán cláusulas de este tipo (con dispositivos especiales capaces de monitorizar y enviar en tiempo real información sobre, digamos, alcohol en sangre; no está tan lejos el día, aunque no lo crean), y en todas ellas se perseguirá lo mismo: penalizar a los malos usuarios. Convertir cada segundo de nuestra vida privada en un instante con cierto valor añadido para alguien (no para nosotros) es un objetivo fundamental de estos sistemas, rechazarlos en todo lo posible me parece la única opción recomendable.
Evidentemente, cada cual puede decidir si las acepta o no. Como siempre: cada euro que gastas apoya algo. Pero entre tanto, yo sería ciertamente receloso de dar aún más información sobre mí a una aseguradora pues eso tan sólo le permitirá optimizar el modo en que me cataloga como cliente.
Como ven, me centro para no ver con buenos ojos este tipo de sistemas tan sólo en la explotación comercial básica de esa información, sin entrar en otros aspectos no menos importantes que con frecuencia son debatidos y tenidos en cuenta en este blog y sobre el que he opinado en muchas ocasiones. (La mayoría de estos argumentos que no entro a debatir no cambiarían en absoluto mi respuesta, sino que más bien la apoyarían.)
Por último, haga un ejercicio de imaginación. Imaginen que en lugar de hablar de seguros de coches estamos hablando de tarifas de internet, imaginen que a cambio de una reducción de precio aceptamos tráfico limitado (metered broadband) o una conexión con limites (como prohibición del p2p). ¿Qué les parecería? Ooops, justo lo que está ocurriendo con la extensión del modelo de internet móvil, donde el usuario está acostumbrado a pagar ser penalizado por todo. Alguien pensará que escogí un mal ejemplo, pero no: es el mejor posible. Tengan cuidado ahí afuera: cada euro que gastan apoya algo.
El día que Antonio Gala nos dio la razón… por error
Antonio Gala habla de la mediocridad y de la lucha (¿perenne?) por imponer el mito nacionalista español propio que se revive estos días. Habla sobre todo eso y escribe, según republica Martínez Soler:
«Hoy sólo queda, para alguien que desee seguir haciendo su obra personal, el desentendimiento. Apagar los escaparates, echar los cierres, tirar la llave al mar, esconderse para que la mediocridad no lo contagie»
Pues sí, nos dio la razón por error: sólo queda desentenderse de esa lucha ensalzada desde el sistema para su propia pervivencia, y desentenderse del sistema también. Claro que todo es un error, un previo a la conclusión final, «[queda] o eso o dejar de respirar» tan derrotista y funeraria que no es una opción válida para aquellos que queremos seguir vivos y queremos hacerlo mejorando el presente. Parafraseando a Conan Doyle, eliminadas las no-opciones, todo lo que queda, por improbable que parezca, debe de ser, forzosamente, la verdad.
Privacidad y secretos
Un buen matiz a la divisoria entre privado y secreto.
«Piensen en esto: si están en un restaurante y van al servicio, todo el mundo tendrá una muy buena idea de qué van a hacer, así que difícilmente será un secreto. Pero, incluso si todos pueden imaginar lo que harán ahí, estoy seguro que no les gustaría que ellos realmente puedan verlo.»
– Jacobo Tarrio, on privacy and secrets.
Por el camino, le damos caña a la falacia habitual, ya saben, esa que pretende convencernos de que si te preocupas por tu privacidad es que tienes algo (malo) que esconder. Una mentira como otra cualquiera, a estas alturas no nos sorprenderemos, pero no deja de ser conveniente recordarlo de vez en cuando.
Y sin detrimento alguno para que el término privacidad defina e incluya cosas mucho menos triviales que el ejemplo anterior (por incómodo que resulte).
Bocados de Actualidad (108º)
Hace un domingo tan escandalosamente bueno que casi espero que lean este post por la noche, o mañana. Sin embargo, dejo por aquí ya la nueva ronda de Bocados, la centésima octava, para todo aquel que no sepa qué leer esta tarde: una buena ronda de enlaces con lecturas interesantes. Esta semana, además, nos llegan al ritmo de los Enablers, a los que veré este martes. Sin más dilación, aquí tenéis los enlaces.
- Coincido con Scripting News sobre qué significa ser un blogger: escribir un montón de frases en primera persona que comienzan por yo; justo como debe ser.
- Intrópicos y el monstruo que se comía el lenguaje.
- Estos días Facebook ha dado un empujón a su plan para la recentralización de la red. En numerosos sitios esto no ha sido visto con buenos ojos: Scripting, GigaOM, EFF y, claro, aquí mismo.
- Los libros electrónicos que se vendan en España tendrán el tipo de IVA no reducido del 18%, otra piedra más en la tumba del acceso libre a la cultura. Lo comenta JA Millán.
- ¿Quién vigila al vigilante? nos habla de China y una realidad inminente: la de la omnipresencia del RFID.
- GigaOM y porqué la neutralidad de la red es demasiado importante para dejarla en manos de los ISP. (Algo que sabemos hace años, pero vale la pena recordar.)
- La lógica nada inocente de las aplicaciones que te aislan de una forma que no hace el navegador, en Intropía.
- Libros y bitios nos recordó un cumpleaños importantísimo cuando hablamos de la red y software libre: Apache cumplió 15 años.
- Otro cumpleaños, mucho más modesto, Somos Malasaña, uno de esas páginas que a uno le gustan, cumple un añito de vida.
Y esto es todo, mañana más.
