Necesitamos leyes

Por increíble que parezca, no se puede desinventar la rueda. La RFID es una tecnología que genera suspicacias y miedos sobre vendedores dentro de tu casa y  estados totalitarios (Llamadme paranoico si queréis, eso quizá os deje más tranquilos, pero no cambiará lo más sencillo: no sabemos qué sucederá en el futuro). Hemos hablado mucho de lo negativo que todo esto puede conllevar, pero si algo está claro es que la RFID está (con toda seguridad) aquí para quedarse.

¿Qué necesitamos entonces? Leyes. Necesitamos leyes que nos defiendan, necesitamos que los productos que incluyen tags RFID estén etiquetados y que avisen de lo que esas etiquetas pueden hacer (al igual que el tabaco avisa sobre sus consecuencias). Necesitamos que no pueda cualquiera saber todo sobre nosotros: dónde estamos, quiénes somos, qué compramos y dónde, cuál es nuestro trabajo, cuál es nuestra nacionalidad, qué libros leemos ni cuál es nuestra afiliación política. Necesitamos permanecer desconectados, que nadie nos pueda rastrear si nosotros no le damos permiso (sea éste permanente o casual).

Pero las leyes no vendrán solas, somos (los de mi generación) una generación que cree que la libertad ha estado aquí siempre. Hemos crecido libres y hemos olvidado que la libertad no ha existido siempre. Más aún, en este país la libertad sólo tiene treinta años, y el otro día me recordaban que las democracias modernas, cuyo origen los historiadores fijan en la guerra de independencia norteamericana y la revolución francesa, apenas tienen doscientos años. Más allá la democracia no existía. Incluso ahora, la democracia bien entendida es casi un lujo de un par de continentes… y cada vez es más un timo neoconservador que esa idea romántica que nos vendieron a todos en el cole.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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