Incomprensibles trabas

«Yo creo que no existirían ni el 10% de las webs que ahora mismo existen si hubiese que hacer trámites y pagar tributos por tenerlas. La mía quizá no existiría, sin ir más lejos. Pues lo mismo con las empresas y el autoempleo. En Internet todos podemos ser “creadores”, y no entiendo por qué en el Mundo Real no podemos serlo. Habiéndome criado en ese mundo sin barreras ni fronteras que es Internet, luego me extraña en el Mundo Real Adulto encontrar trabas y trámites absurdos para cualquier gilipollez.»

Marbu, en un comentario sobre el Becario Senior.

¿Qué puedo añadir? Es un aporte más que interesante que viene a reforzar la idea que comentábamos ayer de que muchas cosas deben ser sometidas a una deconstrucción, como las tortillas de patatas de ciertos cocineros pretenciosos, para luego montar algo que sea útil a las personas. Como cantaba Maynard: «get off your fucking cross, we need the fucking space».

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

7 Comments

  1. El comentario de Marbu me parece genial. Tiene toda la razón del mundo. Pero discrepo en llamar pretensioso a Adrià. Basta con leer un poco su trayectoria personal para darse cuenta de sus inquietudes reales y de su voluntat de generar y compartir conocimiento. Nada lejos de el entorno de las Indias…

    Salud

    • El mercado del arte es pura especulación: no se valora una obra, sino un mercado de futuros. Más concretamente, la influencia prevista de un artista determinado en las próximas generaciones de artistas. Desde que las obras artísticas no tienen simbología ni referencias, sino que son un mero ejercicio técnico, no se valoran en si mismas, sino por lo que podrían llegar a ser.

      Del mismo modo, cuando la cocina es mera especulación, abuso técnico sin más respaldo que la estética, no cabe sino catalogarla de pretenciosa, por no llamarla banal en un viernes de lo más alegre. Dicho lo cual, soy consciente de que hay actitudes más alejadas de la visión indiana del mundo, sin que ello conlleve (en absoluto) que Adrià tenga una visión de las cosas que siquiera pueda calificarse entorno de la indiana.

      Saludos :)

      • Adrià es, en cierto modo, un hacker de la gastronomía. Investiga la composición y las propiedades de los alimentos, para posteriormente, innovar y generar nuevos productos y procesos. Además, la mayoría de estas investigaciones las pone al alcance de todo el mundo, de forma abierta, y ha permitido, por ejemplo, que en el bar de mi pueblo hagan mousse de escalivada a 5 euros y un helado con caramelo cristalizado, que nunca hubieran imaginado.

        Obviamente, si tu vas a comer a El Bulli, pagarás por su comida -porqué el juego de objetos es un juego de escasez- como bien sabes, y es obvio también que la Generalitat y todas las entidades que ven posibilidad de negocio gracias a su promoción, lo aprovechan sin escrúpulos.

        Pero, repito, aunque mi comparación con el entorno indiano era desmesurada, considero que Adrià no es del todo insensato.

        PD: De Baudrillard ya hablaremos otro día.

        Saludos!

  2. No seas injusto: ¿Lo que hace Adrià está bueno? Lo que yo he comido sí. ¿Lo hace a través de un proceso hackerista? Lo que yo sé, sí. ¿Hace el conocimiento libre? Tiene todas sus recetas publicadas y las difunde libremente por internet, es más, en su nuevo proyecto la difusión por la red de lo que cree es parte capital. ¿Ha renunciado a ganar mucho más dinero subiendo los precios o creando estructuras de muchos restaurantes apoyándose en su marca y echándose a dormir? No. Se renueva cada año por completo, en una prueba de que la inexistencia de patentes te obliga a seguir innovando porque la tortilla desestructurada – que estaba buena y era una experiencia diferente a partir de la tradición, es decir, la remezcla de la creación de nuestro tiempo, la prueba de que la innovación es secuencial – ya la hace cualquiera y ni siquiera está en su carta. Por último, seguir el camino de la innovación extrema y la experimentación máxima me parece de las mejores cosas que se pueden hacer. Indianas o no.

  3. Uah, me siento importante siendo citada xD

    A mí la verdad es que el Adrià y en general todo el rollo de la cocina moderna que consiste en un bocadito de cuatro ingredientes dispares servido en un plato de varias veces su tamaño con una hojita de perejil en el borde y unos salpicones de salsa haciendo un dibujito, siempre me ha parecido más bien una chorrada y un sacadinero. Pero me ha sorprendido la faceta «libre» de Adrià. Sorprende que comparta sus recetas cuando, como poco, podría sacar un libro con ellas y miles de personas lo comprarían. O podría quejarse de la «piratería» de sus obras y pedir un canon compensatorio, como hacen otros… Pero si en lugar de eso él mismo decide compartir y divulgar sus recetas, es como pa verlo todo con otros ojos :P

    Quizá el mundo de la cocina no ha perdido nunca el ambiente «hacker» (por llamarlo de algún modo), que en realidad es el natural en toda creación. Stallman yo lo dice, que compartir el software en sus tiempos mozos era «tan normal como compartir recetas de cocina». La verdad es que me extraña no haber visto nunca llorando por los medios a ninguno de estos grandes chefs tipo Adrià, quejándose de que la gente «piratea» sus recetas (o quizá sí han salido pero yo no los he visto), uniéndose a músicos, cineastas y demás. Otro ejemplo más de visiones y tratamientos opuestos para una misma cosa entre distintos colectivos.

  4. El tema del abuso de la innovación en la cocina es como el de cualquier arte o moda: el intento de imitar lleva al absurdo. Las experiencias minimalistas para ser buenas, tienen que ser muy buenas. Pero cuando yo he comido cartas de Adrià (las del año posterior que hacen otros restaurantes) no me ha parecido en absoluto que fuera una experiencia gamusina. La alta cocina es una experiencia sensorial que pretende llegar al límite de posibilidades: puede salir mal. A los genios… Ahora estoy como loco por ir donde Andoni Luis Aduriz.

  5. Disculpad que haya abandonado este hilo unos días.

    1. Acepto el componente «hacker» innovador de algunos cocineros. En el fondo, siempre me pareció curioso eso de que la cocina fuera, más que nunca (porque siempre lo fue) química aplicada. Más de una década mi vida ha girado en torno a la química, y teníamos ese chiste casi como un mantra para aplicarnos a la cocina.

    2. No soy justo, pues no probé la cartá ni de Adriá ni de Aduriz, por poner dos hnombres. Quizá es que estoy acostumbrado a lidiar con modernitos pretenciosos que me echan patrás. En ese aspecto, Santamaría, que murió recientemente, me parecía más honesto: alta cocina igual, pero de plato lleno, nada de plataco enorme con una mijilla de ná en el centro, como comenta Marbu.

    En fin, que sumarme tan tarde a un debate en el que habéis hablado tantos no me deja opción a más. Acepto algunas cosas, me siguen cayendo mal por algún motivo cuasiirracional, pero desde luego la innovación, si lleva detrás algo más que mera especulación, bienvenida sea :)

    Saludos,

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