Globalización, Tobin y la Hawala

El discurso que durante años ha reclamado gravar los movimientos de capitales a través de las fronteras ni es nuevo (su padre lo concibió en 1971, 10 años antes de recibir el Nobel de economía por algo que no tenía nada que ver con esto) ni es que salga ahora de un letargo, durante años tuvo sus defensores. Este impuesto al flujo de capitales es lo que conocemos como «tasa Tobin».

No obstante, en las últimas semanas se ha hablado mucho de ello: primero el FMI parecía aceptarlo a regañadientes, unas semanas después la propuesta pareció quedar aparcada ante la falta de consenso, a pesar de que los países líderes en reducción de libertades ya la habían aprobado.

Sucede que en los últimos tiempos hemos visto cómo la entrada a lo loco de capital en un mercado hace emerjer una especulación que puede destruirlo todo a su paso. Parecería prudente lastrar esos movimientos para desincentivarlos pero, ¿sería una decisión correcta?

Valga decir que una tasa Tobin muy, pero que muy moderada y limitada a transacciones enormes limitaría esta capacidad de rápida desestabilización. No es probable que éso sea lo que se apruebe y, desde luego, no es lo que solicitan numerosas agrupaciones en nombre de una hipotética justicia social. Lo probable es que se apruebe a todos por igual: a transacciones grandes y a pequeñas.

Y los verdaderos perdedores ahí son los más pobres: trabajadores desplazados, inmigrantes que tienen a sus familias en otro país, que envían remesas constantemente y verían cómo sus esfuerzos de repente se ven lastrados… en su nombre.

No, ante las crisis que surjen de una globalización mal enfocada lo que hace falta no es menos globalización, sino más. Lo contrario es restringir la globalización a las élites, dar un paso atrás en la globalización de los pequeños. Regresar a los tiempos del mundo analógico en el que sólo unos pocos elegidos conocían el mundo. Imagínate volver a vivir sin Internet y sin vuelos baratos.

No dejo de pensar en el papel que ante la aplicación de un sistema como éste podría desempeñar algo como la Hawala, que minimizaría y en muchos casos lo burlaría, que lleva siglos usándose y que si la nueva restricción llega a hacerse efectiva seguro se extenderá rápidamente.

Y lo hará porque nuestras áreas de intercambio y mercadeo no las definen las fronteras de unos mapas incapaces de seguir el ritmo del mundo sino que vienen dados por las lenguas que hablamos.

Cuando para lanzar un proyecto cada vez cuenta más el conocimiento y menos el capital, cuando la información está ahí afuera y puedo tener a mis clientes y a mis proveedores en cualquier parte del mundo, introducir barreras a la competencia, como la tasa Tobin, sólo sirve para que la carrera la gane siempre el más fuerte, nunca el más ágil ni el más listo. Para que las bondades de la globalización sean un lujo accesible a unos pocos y las disfruten únicamente los de siempre, que llevan cientos de años heredando la tierra.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

Submit a comment