El fin del anonimato en telefonía e internet y la inmigración ilegal

Lo han votado hoy en el congreso y ha salido aprobado por gran mayoría: El congreso aprueba el fin del anonimato en móviles de prepago (El País). Esto ya era sabido desde mayo, cuando resucitaron el proyecto. En el pasado, cuando se aprobó la retención de datos de telecomunicaciones y más tarde entró en vigor la norma, algunos (como Error500) especularon con la reventa de tarjetas para obtener SIM cards anónimas pata negra. Bueno, yo no creo que este extremo se dé en ningún caso: menuda SIM anónima comprada en eBay que se puede vincular perfectamente a tu VISA y tu dirección postal. Si eso es anonimato es que han cambiado algo en Matrix sin que yo me dé cuenta. Pero no sólo eso, no es sólo el fin del anonimato en la telefonía móvil, sino también el fin del anonimato en internet, como bien ha puntualizado Mercè Molist.

Pero vamos al grano, hoy todo el mundo remarcará que el fin del anonimato para las tarjetas SIM es un problema de privacidad. Y por supuesto que lo es, no les voy a negar que eso es así, pero el fin de las tarjetas SIM anónimas es mucho más. Esta ley y sus consecuencias en la red representan una ofensiva enorme contra la inmigración y no es achacable en su totalidad al actual gobierno (que tiene su culpa), sino que es compartido por otros anteriores, como recuerda Arturo Quirantes en un comentario en lo de Merce.

Claro que en el caso de disidentes en regímenes opresivos una de estas tarjetas puede ser la diferencia entre la vida en libertad o la muerte entre rejas, pero hay un caso mucho más común, más mundano y que pasa mucho más inadvertido para el que esta ley supone un golpe enorme: las comunicaciones de los inmigrantes sin autorización. Porque ya me dirán cómo van a comprar un teléfono si no se pueden identificar porque no tienen papeles y están en el país sin permiso. ¿Mercado negro de teléfonos? ¿Voluntarios y activistas darán su nombre para comprar teléfonos? Supone un riesgo para muchos que desde luego no querrán tomar.

Sucede que la inmigración no autorizada (no diré ilegal, las personas no pueden ser ilegales sólo por nacer en otro lugar) existe. Y para esos inmigrantes sin papeles, disponer de un teléfono anónimo es la única opción para vivir en el mundo y no tenerlo equivale a estar detrás del telón de acero invisible que hemos fabricado para los indeseados: el telón de la exclusión social y el destierro para todo el que no pueda pagar por pertenecer a la sociedad. Tanto tienes, tanto vales; el proverbio siempre se ha cumplido con certidumbre. «¿Ilegal? Tú no puedes hablar por teléfono en “la gran españa plural”». Habrá que redefinir plural un poco, supongo.

El fin de las tarjetas prepago anónimas es un problema de privacidad, sí. Pero es un problema mucho más básico de personas que ven cómo son expulsados de un servicio básico de la sociedad por su origen y su poder adquisitivo (porque no todos los camerunenses llegan en patera, los hay millonarios que juegan al fútbol y nadie los mira mal), a los que se cierra la puerta, se les levantan vallas y, ahora, se les corta la línea de teléfono. El día que pidan DNI para entrar a un cibercafé o un locutorio [NOTA: escribí esto antes de leer la anotación de Mercè y ahora no me queda claro si esto será necesario a partir de la entrada en vigor de esta reforma en los próximos meses en Error500 aclaran que esa posibilidad -propuesta por el PP- fue rechazada por ahora] dejarán de existir definitivamente en las limpias conciencias de los españoles de bien y pasarán a vivir en el submundo dieciochesco de la comunicación oral, y a sus familias que las parta un rayo, ¿no? Pues todos los que ven con buenos ojos estas cosas es que jamás se han puesto en la situación de esas personas. Cualquier día podríamos ser nosotros los inmigrantes «ilegales» y de verdad no creo que les guste la idea de ser excluídos de cualquiera que sea el mundo en que vivan.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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