El esperpento de las patentes: Vringo vs Google

El sistema de propiedad intelectual (en general) y de patentes de software (en particular) hace aguas y nos regala, aparte de momentos de mayúscula incomprensión, fotografías absolutamente obscenas. Es el caso de Vringo, una empresa estadounidense que se dedica a vender «politonos» animados, un negocio que como ustedes pueden imaginar está en horas peor que bajas. Sus gestores tuvieron una idea genial: en 2011 compraron dos patentes de la difunta Lycos e inmediatamente demandaron a Google y a otras empresas que se dedican a la publicidad en Internet. Ahora han ganado un juicio que obligará a los demandados a indemnizar con 30 millones de dólares al demandante, frente a los 3.2 millones de dólares que pagaron por ellas (información hecha pública durante la vista) . Así como lo leen: empresa en decadencia compra patentes a empresa en quiebra y obtiene 27 millones de euros dólares de beneficio en un año… y los que vendrán. Dicen que el mercado de patentes incentiva la innovación, en ese sentido funciona justo al revés. Yo más bien veo en este caso un ejemplo evidente de incentivo de la especulación. Especular con el valor de unas patentes que no he desarrollado y cuya utilidad real me importa bastante poco. Pero es el tipo de momentos insultantes que genera un sistema de propiedad intelectual que cada día se demuestra más inútil.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

2 Comments

  1. Lo peor no es eso, sino el traslado a pequeñas escalas. Es habitual en empresas que el conocimiento de las tareas que realizan los compañeros cada vez está más cerrado. El miedo a perder el empleo, la posición, etc, están haciendo que entre iguales no se facilite información; así en vez de enriquecerse generan una competencia necia y zafia.
    En fin, las cosas son cada vez más divertidas, por decirlo de alguna manera.
    Muchas fuerzas y saludos.

    • La situación que comentas es fruto (creo) de una mala gestión: no sabría dónde poner la mayor carga de responsabilidad (¿en no implicar a la gente en el proyecto? ¿en no tener una cultura corporativa más abierta?), pero sin duda he visto situaciones parecidas allí donde se sabía había un «juego de las sillas» y que no todos los que estaban iban a conseguir asiento en el siguiente nivel. Como dices, ese tipo de competencia no sólo es zafia (zancadillas y empujones) sino necia (el verdadero competidor está ahí fuera, donde otro grupo de personas puede hacer un proyecto mejor y ahí sí que es dramática la cosa: todos sin curro, por capullos…). Ánimo :)

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