Los EE.UU. y el crimental

Nunca repetiré suficiente la cantidad de cosas que podemos vislumbrar sobre nuestro presente (en algunos casos futuro cercano) cuando vemos la película Minority Report con la consciencia de que por orden expresa de Spielberg se decidió que toda la tecnología que aparece en la película fuera tecnología en desarrollo[1]. Nada de ciencia ficción salida de la cabeza de un creativo escritor, adaptación cinematográfica de los proyectos de I+D más ambiciosos del momento en los EE.UU. Spielberg perseguía con esto convertir su película en un clásico, una referencia obligada en el cine (y en las conversaciones) de los años por venir. Todo parece demostrar que lo consiguió.

A parte de mostrar un abuso de biometría, rfid, publicidad dirigida y control, la película tiene como uno de sus puntos más irreales y lejanos (los otros ciertamente son demasiado cercanos) el punto del precrimen. Una revisión del crimental orwelliano adaptada a los nuevos tiempos y a Hollywood, y que consiste en el delito cometido con la mente, aunque nunca se llegue a consumar dicho delito. Delitos de infidelidad imaginaria, robos, asesinatos… En visiones distópicas como Minority Report y 1984 -la novela-) estos delitos están equiparados con el acto real de ser infiel, robar o asesinar. Pero a nadie se le escapa que en caso de que se pudiera saber qué aberraciones pasan por nuestra cabeza hay una diferencia entre pensarlo y hacerlo. No es lo mismo pensar «como este gilipollas no se calle le voy a dar una hostia» que pasar a la acción y inflarle la cara a nuestro interlocutor.

Pues bien, parece que algunos oficiales de la NSA de los EE.UU. no lo tienen tan claro y como parece que el espionaje masivo de comunicaciones que realizan (y que le valió un ascenso a su director) no sirve para trazar perfiles válidos que permitan detener atentados (Schneier: The dificulty of profilling terrorists), pues cambian la estrategia, dan una vuelta de tuerca más y ahora quieren conocernos tan a fondo que les sea posible detectar cuándo pensamos en comenter un delito (lo explica Enrique Dans). Por supuesto con la idea del terrorismo en la ensalada, para venderlo mejor… ¡por tu seguridad!

Así puestos, no es más que un proyecto que podría tardar mucho tiempo en funcionar mínimamente, pero en esto gasta sus recursos el país más poderoso del mundo. Por dejarlo claro, dentro de que me parece que no creo que consigan todo esto a corto plazo (tampoco a medio…), la sola idea de que lo piensen es preocupante. Deja entrever un afán de control total que no debería dejar indiferente a nadie. ¿No podrían dedicar esos fondos a tener a su población sana y educada? ¿No es esa misma población la que paga los impuestos que sirven para espiarlos? ¿Así se los recompensa? Una vez más estamos ante lo de siempre: se requieren reformas legales que preserven los derechos ciudadanos en la sociedad digital que todo lo graba. Y sin embargo todo apunta a que las reformas legales, lejos de defender a los ciudadanos los dejan más expuestos al espionaje gubernamental. Que quede claro que lo que suceda en ámbitos legales fuera de España en principio no nos afecta (esto nos lo enseñó David Bravo, je je), y este plan está trazado para EE.UU., pero el número de políticos estúpidos por unidad de área es una constante universal, así que pronto lo tendremos en todas partes. Y no es algo que me parezca deseable, así a primera vista.

El mismo Enrique lo define de otra forma:

«En el fondo, el verdadero terrorismo ya no es el que mata a cientos de personas en un atentado, sino el que impide la vida normal de las personas pacíficas con procedimientos capaces de desesperar a cualquiera, convirtiendo un simple viaje casi en un deporte de riesgo.

María «la mala» Rodríguez también lo dice a su manera: «terrorismo es dejar en paro a un padre de familia». Que nos dejen de hostias y gasten nuestro dinero de forma que se viva mejor…

Ref[1]: Chips espías, Katherine Albretch y Lin McIntyre, 2006 (Edición en español).

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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