A hombros de gigantes electromecánicos: lo que el ajedrez nos enseñó sobre la inteligencia artificial

Me gusta el ajedrez. Si eres más joven que yo seguramente pienses que menudo nerd estoy hecho. Debe ser generacional. Crecí en un mundo analógico que ya no existe y en el que el ajedrez era una vara universal de medir inteligencia. Grandes y pequeños, las grandes potencias mundiales competían por tener al campeón vigente.

El prestigio mainstream del ajedrez murió con Deep Blue en 1996. Aquella derrota de Kasparov, entonces campeón mundial vigente, ante la máquina se llevó el prestigio de saber jugar bien al ajedrez. ¿Para qué? Si las máquinas lo hacían mejor.

Todo mal, claro. El ajedrez sigue siendo relevante como lo que siempre fue y debe seguir siendo: un juego de estrategia incomparable.

Con todo, hoy no hemos venido a hablar de ajedrez, sino de cómo los humanos tendemos a quitar el foco de atención de las cosas y perdernos aspectos interesantes. Pero para eso necesito el ajedrez, nos va a dar contexto.

Hay otros dos detalles en la historia moderna del ajedrez con las máquinas que pasan desapercibididos para los no aficionados y que a mí personalmente me gusta recordar, porque nos permiten vislumbrar, un poco al menos, el mundo en el que viviremos el resto de nuestras vidas.

El otro hito: la última vez que el mejor humano superó a la máquina

Nos encanta recordar aquella primera vez en que la máquina superó al mejor humano. No discuto la relevancia.

Pobre Ponomariov olvidado. Año 2005, el ya ex campeón mundial FIDE derrotó al mejor ordenador del momento para jugar al ajedrez. Fue la última vez que un humano derrotó a la mejor máquina de jugar al ajedrez.

El lapso entre la derrota de Kasparov y la victoria de Pomonariov duró una década escasa, apenas nueve años.

Esos nueve años son los que transcurren desde que un sistema emergente, surgido medio siglo antes, alcanzó la paridad competencial con los humanos y los dejó atrás para siempre.

Algo parecido a cuando se inventan los coches y durante muchas décadas fueron mejorando poco a poco sin llegar a superar a los caballos. Entonces, en un pestañeo en torno a 1920-1930, los caballos desaparecieron masivamente de las ciudades porque los coches eran infaliblemente mejores que los caballos.

Sistemas de respuesta no lineal. Durante décadas la mejora va sedimentando pero no llegan a dar una alternativa mejor. Entonces, de repente, sucede. Y la gente compró coches sin subvenciones ni nada, de forma voluntaria.

Un facto: Los humanos de hoy son mejores jugando al ajedrez gracias a la máquina

Magnus Carlsen juega mejor que cualquier otro ajedrecista anterior a su tiempo. Y posiblemente no sea el único ajedrecista de su generación al que esto le pasa.

Cuando la máquina te supera, puedes decidir entrenar contra la máquina. Con la máquina. Mejorar, ir más lejos subiéndote a sus hombros electromecánicos.

Los detractores dicen que el juego se ha vuelto aburrido, que ahora todos juegan igual; en entornos competitivos se firman más tablas que nunca y eso podría darles la razón.

Los defensores dicen que la calidad de los movimientos aumenta, que entrenar con computadoras ha permitido expandir las ideas disponibles y preparar los movimientos mejor que nunca; los jugadores actuales juegan mejor ajedrez que se ha jugado nunca y eso podría darles la razón.

Cuando la IA automatice tu conocimiento, quizá también te ayude a mejorarlo

Un pollo sin cabeza mantiene la calma mejor que mucha de la gente a la que trato diariamente cuando se le habla de inteligencia artificial y automatización.

No sabemos cuál va a ser el alcance. Ni el rol del humano en todo esto. Sabemos, eso sí, que los enfoques tipo el humano en el bucle están, paradójicamente y pese ser relativamente nuevos, a punto de ser puesto a prueba por la simple dinámica de generación automática (escalable de forma no orgánica) y validación humana (limitada por la biología).

Pero si la historia que va desde Kasparov a Carlsen pasando por Pomonariov ha de enseñarnos algo es que los humanos seremos mañana mejor que hoy en esos ámbitos que sean automatizados.

Y si algo nos enseña la historia es que en muy poco tiempo podremos ver los cambios nosotros mismos.

Que eso sea consuelo suficiente o no dependerá, para una mayoría de humanos en sus bucles, de que consigan que alguien les pague por la que sea su labor. Es la clásica pregunta de economía que no me importa afrontar otro día, pero hoy ya nos hemos extendido bastante.

[Imagen: Humano aumentado, por servidor de ustedes usando Gemini.]

Jose Alcántara
Resolviendo problemas mediante ciencia, software y tecnología. Hice un doctorado especializado en desarrollo de hardware para análisis químico. Especialista en desarrollo agile de software. Más sobre Jose Alcántara.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este blog usa cookies para su funcionamiento.    Más información
Privacidad