La tontería de la comida ecológica

Quizá soy presa de algún furor corporativista (cosas de haber estudiado química durante años), pero cuando uno lee subtítulos como «Un estudio muestra que en España persisten los hábitos de comer mucha carne y fruras y verduras cultivadas con pesticidas», no puede sino analizar sus implícitos, y pensar se está intentando manipular la opinión del lector. (Nota: las erratas de ese texto entrecomillado venían así de fábrica.)

Parte por parte:

  • Sobre la apertura, ese ínclito Un estudio demuestra que, poco tengo que añadir al excelente post que en su día publicó Chema en Naukas.
  • Primer verbo: persisten. Es negativo, como queriendo indicar que el problema persiste pese a los esfuerzos por erradicarlo.
  • Ahora vamos con la comida: mucha carne. Oh, no, y yo pensando que lo de comer carne había sido una ventaja evolutiva. De hecho, la ventaja evolutiva es comer de todo: además de carne, también frutas y verduras.
  • Pero claro: frutas y verduras cultivadas con pesticidas. Diantres, comer pesticidas no puede ser buena idea, pensará el lector despistado.

El subtítulo, que emite veredicto a través de la semántica sin esperar siquiera al resto del artículo, parece indicar que quienes comemos carne y verdura fresca (aunque tenga pesticidas) somos unos brutos poco sofisticados porque comemos carne (maldita evolución que nos ha adaptado para ello), y frutas y verduras cargadas de pesticidas (malditos científicos que llevan años cuidando para que las cosechas sobrevivan sistemáticamente y no se pierdan, pese a que con estos pesticidas se logra aumentar la cantidad de comida disponible, evitándose que los precios de la misma suban artificialmente…), y que además persistimos en nuestra indolente actitud, pese a que nos están advirtiendo.

Parece que la solución a los problemas es menos tecnología, y no más. Como si dejar de utilizar pesticidas (y empezar a perder cosechas) fuera a ayudar a quitar el hambre del mundo.

Pues lo siento, pero no: una granja y una explotación agrícola que vigila sus productos e impide que sean atacados por plagas es algo bueno. Una granja que cuenta con el conocimiento de personal con conocimientos de biología, bioquímica, o química para cuidar su trabajo es algo positivo.

Pasaron dos años ya desde que arrancamos Verte y la gran lección (aprendida muy pronto precisamente porque el objetivo era trabajar directamente con productores de todo tipo, sin importar que fueran «ecológicos» o no) es que la principal diferencia de calidad y sabor la dicta que el producto venga más fresco, y no que sea «más ecológico». Pero eso molesta, por supuesto, a quienes pretenden a base de certificaciones adueñarse de un mercado que sea idéntico al anterior, pero esta vez bajo el yugo del nuevo certificador «ecológico».

Si están preocupados por el futuro de la humanidad, así con la voz engolada y tono épico, hagánse esta pregunta: ¿creen ustedes que serán los tomates ecológicos los que quiten el hambre del mundo? ¿O por contra creen ustedes que serán los tomates protegidos con técnicas científicas? Los primeros ante cualquier circunstancia adversa se pierden y no se pueden comer, los segundos sobreviven y a final de temporada se pueden comer, aunque hagas más frío, aunque se presente una potencial plaga.

Si aún así prefieren lo ecológico, adelante, pero llámenlo por su nombre: preocupaciones de niños ricos. Para ayudar a producir comida para todos no sirve vuestro capricho, por más encuestas sesgadas que el dinero de la fundación BBVA pueda financiar.