Un mundo feliz

La edición de Un mundo feliz, de Aldous Huxley que todos tenemos tiene un prólogo escrito en 1946 por él mismo, con objeto del final de la II Guerra mundial. Este prólogo está escrito 15 años después que el libro (1a edición, 1931), y tiene ya más de 60 años. Huxley se dedica a profetizar a dónde nos dirigimos y cuánto hay de posible para el mundo real de lo que él fantaseaba en su mundo feliz.

Sin embargo, al leerlo uno piensa que realmente no está tan viejo este prólogo excepto por, eso sí, las referencias a la bomba atómica (muy lógicas tan sólo unos meses después de la masacre de Hiroshima y Nagasaki). Por lo demás pasen y vean: política kropotkiniana, periodo de paz tensa amparados por el miedo atómico, y totalitarismos refugiados en el terror. Viéndolo desde 1946, resulta sorprendente.

Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, ofrecería al Salvaje una tercera alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura, una posibilidad ya realizada, hasta cierto punto, en una comunidad de desterrados o refugiados del MUNDO FELIZ, que viviría en una especie de Reserva. En esta comunidad, la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista. La ciencia y la tecnología serían empleadas como si, lo mismo que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas.

Straik uan.

Suponiendo, pues, que seamos capaces de aprender tanto de Hiroshima como nuestros antepasados de Magdeburgo, podemos esperar un período, no de paz, ciertamente, pero sí de guerra limitada y sólo parcialmente ruinosa. Durante este período cabe suponer que la energía nuclear estará sujeta al yugo de los usos industriales. El resultado de ello será, evidentísimamente, una serie de cambios económicos y sociales sin precedentes en cuanto a su rapidez y radicalismo.

¿No les parece que la Guerra fría y la Unión Europea han ofrecido precisamente un periodo de guerra limitada ciertamente asombroso? Straik tú.

Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, sólo podremos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el terror que suscita la bomba atómica, y, en consecuencia, la destrucción de la civilización (o, si la guerra es limitada, la perpetuación del militarismo); o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultaría del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la Utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto.

Strike zrí. Este tampoco está muy desencaminado, aunque nosotros sabemos que en las noticias no nos hablan de bombas atómicas sino de otras cosas que también dan miedo. Me encanta que acabe con una frase que recuerda uno de mis mantras: Cada euro que gastas apoya algo, ¿sabes bien qué estás apoyando?

Y recuerden, todo eso lo dice en un prólogo que, siendo política ficción (se dedica a hacer predicciones), no es demasiado fantasioso ni está alejado en un futuro irreconocible. ¿No creen?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *