Productores de videojuegos contra Google y Sony

Hace unos días decían en Gizmodo que Epic Games anunció que Fortnite, la auténtica sensación de la temporada con un videojuego capaz de facturar más de 1.000 millones de dólares en menos de un año, no tendrá su versión de Android en la tienda de Apps de Google, para evitar la mordida del 30% que se quedaría este último en concepto de comisión por distribución.

Del mismo modo, hoy leemos que Bethesda le acaba de decir a Sony que se vayan calmando, pero que eso de seguir exigiendo que la versión de PS4 sea incompatible con el resto de versiones de sus juegos se va a ir terminando, al menos para su Elder Scrolls Legends.

Estos dos movimientos, sucedidos con una diferencia de escasos días, me ha recordado aquellas tensiones de Telefónica cuando exigían (y aún lo hacen) cobrar rentas de posición muy similares al peaje que Google o Sony imponen; en el caso de telefónica, la posición viene de ser la puerta de acceso a Internet (recordemos a Alierta y su las infraestructuras son nuestras), mientras Google es el dueño del canal de distribución y Sony tiene la plataforma de juego con más usuarios a nivel global.

Idéntica renta, idéntica exigencia (dinerito para pasar por mi el puente con el salvoconducto del rey), e idéntico conflicto con final nada claro: los productores de contenidos, encarnados ahora en productores de videojuegos contra quienes tienen como gran objetivo cobrar dos veces por lo mismo, a productores y a consumidores.