Excelencia

Denominamos excelencia al conjunto de prácticas sobresalientes que debemos perseguir ya sea desde el punto de vista personal, comunitario o empresarial.

Las prácticas que nos ayudarán a alcanzar la excelencia abarcan todas nuestras facetas y ámbitos de actuación: desde aquellas en las que damos cabida a nuestras inquietudes más hacker a esas otras en las que el mercado pone a prueba nuestra capacidad de esfuerzo y mejora para brindar una experiencia acorde a lo que se espera de nosotros.

Excelencia y profesionalidad

Sólo en condiciones de persecución de la excelencia podemos hablar de profesionalidad, pues ésta requiere la búsqueda constante por aportar valor a las personas que reciben el fruto de nuestro trabajo y esto requiere una mejora continua y una vocación por ofrecer siempre el mejor servicio posible.

Excelencia y capital humano

«Había un aforismo en el mundo de los negocios y la tecnología que decía que “un A contrata Aes, un B contrata Ces”, significando que mientras continúes reclutando únicamente a los mejores, atraerás a otros, pero tan pronto como devalúes tus estándares de contratación, estos segundones comenzarán a buscar un equipo de tercera que actúe como sus esbirros y les permita avanzar sus agendas.»

– Neal Stephenson, en Reamde

La excelencia no sólo se relaciona con la búsqueda constante de perfección y mejora de nuestras capacidades, productos y servicios. Como organización, la excelencia comienza inevitablemente por la contratación únicamente de aquellos que demuestren ser excelentes, bien porque hayan alcanzado la excelencia en algún ámbito o bien porque hayan demostrado el interés o la capacidad de perseguir la mejora constante, la búsqueda de la excelencia con el ahínco del hacker.

Influencia de la práctica deliberada en la búsqueda de la excelencia

Existe la errónea creencia de que la excelencia es algo con lo que se nace, algo congénito que, si lo posees, te convierte en genio. Por suerte, no todo el mundo cree eso. La realidad es que no existen los genios capaces de crear algo de la nada, sino que el proceso de maduración y excelencia es un fruto del trabajo consciente.

Malcolm Gladwell define en su libro Outliers (2008) lo que él denomina la regla de las 10.000 horas. En su libro, Gladwell argumenta que el proceso de formación que nos lleva a ser excelente en nuestra actividad se prolonga durante años, en lo que equivaldría a 10.000 horas de estudio/desempeño. Pilotos de avión, maestros artesanos, deportistas o científicos: todos requieren de ese proceso extendido en el tiempo para llegar a ser excelentes.

Este argumento, llamativo como todos los que suele exponer Gladwell en sus libros, ha sido desmentido de forma sistemática por investigadores de la Universidad de Princeton que concluyeron que aunque la práctica deliberada es relevante de cara a la calidad del desempeño realizado, su influencia no es ni de lejos tan importante como argumenta Gladwell.