«Compra, estás vigilado» es el titular que el diario francés
Le Monde ha puesto a
un jugoso artículo que dedica a la RFID y en la que se hace eco de los riesgos individuales que para el individuo supone esta tecnología, que han sido señalados por la CNIL. Sin embargo, el texto, lejos de ser una condena, es bastante ambiguo y contiene trozos de una entrevista a gente del sector de distribución, cuya posición es bastante sabida.
La Comisión nacional para la informática y las libertades (CNIL) considera que las tecnologías de identificación por radiofrecuencias (RFID) permiten, potencialmente, la monitorización de los individuos y pueden suponer, en consecuencia, un riesgo particular. Según la CNIL, la solución consiste en neutralizar el chip RFID una vez que los objetos son comprados.
Vaya, parece que conforme leemos nos desinflamos. Es verdad que eso es una solución, pero no es la real. No soluciona el problema de monitorización del individuo antes de comprar el objeto (en los pasillos del super) y además, en la mayoría de los casos es pedir lo impedible: ¿Cómo desactivo un chip RFID integrado en los hilos de mi nuevo jersey sin romper también el jersey? Más aún existe un nuevo riesgo: ¿Si los pagos se generalizan sólamente por atravesar el arco de salida (ya saben, pagos sin contacto para «ahorrar tiempo» y demás pijadas), sin pago en efectivo y sin ticket. ¿Si desactivo el chip RFID cómo podré hacer valer la garantía de compra? De ninguna manera podré hacerla valer, como consecuencia la eliminación del chip es imposible si queremos mantener nuestros derechos. Y eso lo sabe la industria, que debe estar frotándose las manos con la inocente (y mínimísima, desde mi punto de vista) petición de la CNIL.
También mencionan al Auto-ID Center, que los lectores de Chips Espías ya conocemos y que fue en sus inicios el máximo impulsor de estos desarrollos (en parte porque los verdaderos desarrolladores no quieren aparecer a la luz, la RFID está mal vista y haría daño a sus marcas). Según estimaciones del Auto-ID para 2010 estarán continuamente monitorizados una cifra del orden de 2000 de nuestros objetos más cercanos (ropa, tarjetas, cacharros, coche, ¿dinero?): Nuestras vidas bajo supervisión constante; cada día estamos más cerca de asistir obligados a los dos minutos de odio.
Eso sí, me quedo con que el titular haga mención al daño potencial de esta tecnología y a la situación de vigilancia; mucha gente no leerá el artículo completo así que empezar dando caña no está del todo mal.