El cambio de hora y la eficiencia bélica

Esta noche se cambia la hora (durante la noche se adelantan los relojes así que dormiremos una hora menos), comienzan los bailes de cifras en el telediario para los que leer Malaprensa es un bálsamo infalible. Sin embargo, este año he visto una novedad en estas informaciones: avisan de que el ahorro energético es prácticamente nulo.

Algo que a muchos ya no nos sorprende, aunque los ecologistas dicen que no se ahorra porque no estamos concienciados. A pesar de que la idea de cambiar la hora surge durante el s. XIX en inglaterra, como respuesta a una sociedad que tras la revolución industrial se apuraba en optimizar su productividad, no fue hasta 1916 que realmente se utilizó. Y los primeros en hacerlo no fueron los ingleses, sino los alemanes que no buscaban detener el cambio climático ni bajar la factura de la luz, sino que perseguían con esto mejorar la eficiencia bélica de sus tropas durante la Primera guerra mundial.

Así pues no es de extrañar que esta medida no sirva para ahorrar demasiado, no fue diseñada para ello sino para hacer de los ejércitos una maquinaria activa durante una hora más (engañando a los soldados con despertadores por la mañana y dejándolos que la luz del sol los mantuviera pegando tiros durante una hora más por la tarde, en el otro sentido del cambio horario). Claro, en tiempos de paz sirve para que trabajemos desde más temprano y nos quede tiempo para pasear por nuestra ciudad supermercado antes de que las tiendas cierren.

Fin de la historia.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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