Buscando (des-)conexión: cómo ha cambiado nuestro uso de Internet

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De todos los sonidos que mi hijo no entenderá, atesoro especialmente el de mi viejo módem conectándose a Internet mediante una infraestructura telefónica cuyo propósito había sido repensado.

Con esas palabras comenzó hace muchos años una excepcional y memorable columna en The Atlantic, que no es la primera vez que cito. El sonido en cuestión puede oírse en Soundcloud; si son ustedes unos nostálgicos y vivieron ese momento, quizá quieran atreverse a oirlo, pero no me hago responsable de nada.

Si en aquellos años noventa me hubieran pedido adivinar el uso (cuantitativo, pero también cualitativo) que haríamos de Internet un par de décadas después, habría errado, y lo habría hecho por un magnífico y enorme margen, porque una cosa es entrever desde el principio que la brecha digital era otra cosa a la que nos vendían los políticos, y otra diferente ser capaz de atisbar la magnitud del cambio que ha sufrido nuestro mundo en dos décadas.

Si vamos a los datos más o menos concretos, en Internet World Stats tienen una tabla con la que he preparado la siguiente gráfica para ver el crecimiento del número global de usuarios de Internet y el porcentaje de población que representa.

Desde 1995, la población conectada a Internet ha pasado desde 16 millones a más de 4000 millones (250x), y ha pasado de ser menos del 0.5% a más de la mitad de la población mundial global. La tendencia de ambos indicadores es similar porque el crecimiento que han experimentado es enormemente mayor al crecimiento de la población mundial para el mismo periodo.

El cambio es tan profundo que en Europa y América lo complicado ha pasado a ser justo lo contrario: encontrar a alguien que no esté conectado a Internet. Incluso, para quienes la usamos tanto dentro como fuera de nuestro día a día en el trabajo el reto es buscar espacios y momentos sin Internet, para aislarnos de ella siquiera un rato y realizar actividades de otro tipo que requieran concentración, o sencillamente para no ser interrumpidos constantemente.

Al hilo de esto último, el tiempo que permanecesmos online también ha subido: en Estados Unidos, cuyo contexto es muy similar al que tenemos en España, las aproximadamente 9 horas promedio de 2005 se duplicaron hasta 20 en 2014 (Ofcon), y subieron por encima de 25 horas semanales en 2017 (datos de UK en esta ocasión, también recogidos por Ofcon pero reseñados en Telegraph). En promedio, miramos la pantalla del móvil cada 12 minutos en busca de notificaciones; en efecto, ese sistema de recompensa variable nos tiene bien enganchados.

Si nos quedamos con ese dato, parece que estamos online unas 4 horas al día, y sanseacabó. La realidad no es así. El cambio drástico es que en realidad estamos conectados, accesibles y vulnerables a interrupciones indeseadas de forma permanente, y en esas 4 horas diarias se incluye únicamente el tiempo que pasamos usando servicios digitales.

No se trata de discutir si Google nos está volviendo tontos o no (respuesta corta: no), sino de enfocarnos en otro matiz: las distracciones y las interrupciones nos impiden alcanzar un rendimiento intelectual mayor, tanto individualmente como en grupo, y ya son el mayor enemigo para nuestro desempeño. Esta entrevista a Michael Sandel del pasado octubre es una buena lectura al respecto.

El reto de las distracciones y el esfuerzo concentrado es mayor en los jóvenes y los niños. No es casualidad que mientras la mayor parte de la población sienta a sus niños delante de Youtube para casi todo (desde conseguir que se calmen a conseguir que coman o pasen por algún que otro aro), las clases medias y altas más conscientes (principalmente, profesionales muy vinculados al software y la tecnología) intentan por todos los medios limitar el tiempo de uso que sus hijos disponen de las diferentes pantallas con las que conviven.

Un tema sobre el que debatir muchísimo, apenas quería anotar unas ideas y ya ven que el post se ha ido alargando. Es un tema al que dedico cada vez más reflexiones, en esa búsqueda constante de mejorar mi forma de usar la tecnología y aprender con ella, mientras busco la forma en que lograr que mi hijo también lo haga, cuando le llegue el momento.

Jose Alcántara
Resolviendo problemas mediante ciencia, software y tecnología. Hice un doctorado especializado en desarrollo de hardware para análisis químico. Especialista en desarrollo agile de software. Más sobre Jose Alcántara.

1 comentario

  1. Estoy convencido del punto de las distracciones. He leído un poco por arriba a Cal Newport, que se lo puede ver aquí en una TedX ( que incluyo a efectos simples e ilustrativos ), y me resulta convincente lo que plantea.

    Ya lo he comentado antes también, que es un convencimiento fruto de la observación de mi propio comportamiento y rendimiento.

    Algunas preguntas cortas para reflexionar:

    ¿Serán necesarios «otros» estimulos más enriquecedores, que compitan con Internet por nuestra atención? ¿O la cosa irá más por el lado de lograr estar más tiempo en el presente «lento»? Ese que requiere aburrirnos cada tanto por una parte, y por otra buscar y crear «cosas» (hábitos, juegos, trabajo), con recompensas menos automáticas?

    Seguro hay muchas más formas de ver el asunto. Entre estas dos me inclino por la segunda.

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