Active Denial System en Afganistán

Mientras estudiaba en la Universidad, siempre me hizo mucha gracia la forma algo socarrona con la que uno de los profesores que tuve nos decía alegremente que «nada le venía mejor a la ciencia que una buena guerra». Justificaba su afirmación con una retahila de tecnologías que habían sido desarrolladas por, para o durante alguna guerra.

No dejo de acordarme de esta afirmación –no de la primera sobre los beneficios, sino la segunda sobre el origen– cada vez que observo algunas de las ocurrentes tecnologías que se van desarrollando y cuyo surgimiento está vinculado, invariablemente, a la investigación militar. (Cosa bastante lógica, pues a ella se destina una gran parte de los fondos para investigación que los Estados gastan cada año.)

Raytheon, cañón de calor
[Infografía: US Military / Raytheon]

Lo que me ha llevado a escribir este post en cuestión es ver cómo en el último mes he visto algunas noticias sobre un proyecto sobre el que no había leído en bastante tiempo: el Active Denial System (por aquí lo mencionamos tangencialmente en unos Bocados en febrero de 2007, no volvimos a hablar de ello). Este ADS consiste en un cañón capaz de disparar un haz coherente de milimétricas (radiación electromagnética con longitud de onda del orden de milímetros). Esta radiación, menos energética incluso que las microondas que nos son tan familiares (móvil, cocina) no producen una herida grave al estilo que lo haría un disparo láser convencional (ejemplo clásico de haz coherente de radiación electromagnética), pero generan el calor suficiente para que el objetivo tenga sensación de estarse quemando, al penetrar levemente hasta la epidermis. Es esta sensación de quemazón la que distrae al enemigo, que es el efecto deseado: reducir su capacidad de respuesta. Se trata, por tanto, de un arma con un carácter letal menos marcado que otras: es un arma que juega más a atacar lo que el cerebro siente y, en consecuencia, cómo reacciona al ataque.

Según la nota al respecto de esta pain gun (NdT. cañón de dolor) que aparece en la web de la BBC (via Engadget) el arma está ya en Afganistán, algo que confirmaron desde Wired en su Danger Room al tiempo que recogen la declaración de un militar estadounidense según la cual, a pesar de tener las armas sobre el terreno, ese ejército aún no ha decidido si las usará.

Se use o no este tipo de armas en Afganistán, el avance en este campo es evidente y supongo que es cuestión de tiempo que este tipo de dispositivos acaben operando primero en conflictos armados y, posteriormente, como parte de todo el abanico de tecnologías de control de multitudes: desde las tradicionales furgonas con chorros de agua a las que emiten pitidos y, porqué no muy pronto, molestos chorros de calor, añadiéndose a otras tecnologías como la videovigilancia, que fue originalmente aplicada a la población reclusa.