Al hilo de la nueva corriente de voto electrónico

Buenísima tira de Xkcd sobre voto electrónico:

Xkcd sobre voto electrónico

Si creen que el bueno de Randall exagera, puede leer algo sobre lo sucedido en Georgia (EEUU), donde en uno de los centros de voto hubo una participación del 243% más propia de consultas populares sin garantías que de unas elecciones oficiales. Parece que lo del sistema de voto-e es más manipulable de la cuenta.

Y aún no hemos hablado de lo de votar usando el móvil. Para echarse a temblar.

3 respuesta a “Al hilo de la nueva corriente de voto electrónico”

  1. Bueno, al final todo es una cuestión de tradeoff, y de reconocer que ningún sistema es infalible. Si uno es de la idea (tal vez tú no lo seas) de que facilitar un mecanismo de voto ágil, que minimice el coste de participación, sería algo muy aprovechable para mejorar la calidad de la democracia, entonces aceptarías cierto margen de error. La cuestión es que tienes que decidir entre: 1) mecanismo “infalible” pero costosísimo, que solo te permite hacer consultas ciudadanas una vez cada X años, porque la gente tiene que ir físicamente a echar su voto en una urna, 2) mecanismo con cierto grado de error (de momento, nadie ha demostrado que sea significativo, y mira que hay gente intentando dar con un fallo gordo para desacreditarlo) que facilite las consultas con cierta frecuencia. Yo, de momento, me quedo con la segunda opción, sabiendo que no es infalible. El ejemplo que pones del centro de voto, no es una prueba definitiva, ni suficiente. Es la típica excepción que puede confirmar la regla. No me sirve más que como anécdota, si no aportas datos de fallos sistémicos que desacrediten el mecanismo. Insisto, Jose, hay mucha gente desesperada porque las cosas sigan igual que siempre, buscando chapuzas electrónicas por todos los sitios, y hasta ahora no veo ningún descubrimiento realmente potente para nos lleve a descartar el voto electrónico. Esto no quita que tenemos la obligación de mejorar y perfeccionar el mecanismo, introduciendo un diseño más fiable, pero de ahí a “machacar” el voto electrónico como opción, ahí me bajo. Como siempre, detrás de estas opiniones (incluida la mía) hay posturas y alineamientos de fondo que amplifican unas ventajas o fallos. Tú tampoco te salvas de eso. Un abrazo

    1. Pasar por alto la inseguridad inherente en procesos de voto electrónico es grave. No estamos hablando de sustituir los CDs por las descargas o los taxis por Uber, sino de reemplazar un sistema hipergarantista y robusto por otro que no es ni una cosa ni la otra porque ambas características son sacrificadas en el altar de la agilidad. No creo que sea un buen compromiso.

      Facilitar la participación está bien, y está tanto mejor cuanto menos virtudes se sacrifiquen de todo el proceso participativo que valoramos. No pienses en los recuentos, que es en lo que piensa todo el mundo. Piensa en que poner las urnas en un sitio público con observadores de tendencias diversas que se vigilan unos a otros (sin árbitro, como en los torneos de golf, jeje), poner casetas para que cojas tu papeleta, que todo ello sea anónimo, todo ello se hace para evitar que sometido a presiones votes lo que no quieres. Eso desaparece en sistemas de voto en remoto (como los usados por algunos partidos para aumentar la participación). Los sistemas de voto electrónico en colegios electorales conservan algunas de esas cosas, pero una de ellas no es el anonimato (y esto es clave, no lo olvidemos nunca) y otra de ellas no es el facilitar la auditoría y la validación forense (los recuentos en caso de que haya dudas o discrepancia sobre el resultado, vamos).

      Con las garantías del sistema sobre el que funciona la democracia no deberíamos rebajar los criterios de calidad. Si quieres agitar el fantasma del miedo hablando de toda esa “mucha gente desesperada porque las cosas sigan igual” pues adelante, pero no te compro esa justificación porque si una idea no mejora a su predecesora no hay que tener miedo a decir que no mejora a su predecesora. Y descartar una mala idea no te convierte ni en hiperconservador ni en ludita. No caigas en eso. Un abrazo.

  2. Entiendo lo que dices, Jose, pero para responder a tu comentario de “si una idea no mejora a su predecesora no hay que tener miedo a decir que no mejora a su predecesora”, te diré que yo sí pienso que, con unos ajustes, mejora la predecesora. Para responder a esa pregunta tienes que valorar básicamente dos factores: (1) COSTES; grado de riesgo de manipulación del sistema electrónico, (2) BENEFICIOS: grado de mejora democrática que significa disponer de un sistema ágil para hacer consultas sistemáticas. El examen de ambos factores no es, ni puede ser objetivo (ni siquiera el primero, porque técnicamente hay ideas contradictorias y los expertos no se ponen del todo de acuerdo, más allá de “agitar el fantasma” de la manipulación), así que hay mucha subjetividad a la hora de hacer el balance. Si tú no ves los beneficios de las consultas populares sistemáticas (como ya has expresado en otras ocasiones), y por otra parte, amplificas el riesgo sistémico de que haya un tongo electoral, o de que la gente se asuste porque la están vigilando, entonces ya sabemos lo que sale de esa ecuación. Ni tú, ni yo, nos salvamos de esos sesgos. Insisto, yo tampoco. Lo que tú planteas no es objetivo como lo intentas hacer ver. Estoy esperando que alguien demuestre que ha habido un efecto-tongo, o de manipulación, en alguna de las consultas populares que se han hecho electrónicamente. Cuando yo vea eso, entonces empiezo a tomarme tu tesis en serio. Por ahora, solo veo especulación, y a menudo interesada. Por otra parte, no creo que el problema del anonimato sea tan grave como tú lo planteas. No creo, sinceramente, que la gente vote una cosa distinta a la que votaría porque piense que le está vigilando el big-brother por vía electrónica. No lo creo en absoluto, y me parece exagerado. Un abrazo

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