Todos quieren ser Digg

Todos quieren ser Digg.

Meneame, y la legión de clones (reconocidos o no) nacidos a la sombra de su código, enchilame, docencia, fresqui, pligg, y otros tres mil más. Portales clásicos reconvertidos como Netscape o buscadores especializados como technorati también lo intentan. El día menos pensado, el mismísimo Google nos sorprenderá con su propia versión, tiempo al tiempo.

Internet ha cambiado el mundo, al menos así ha sido con los países ricos. Ha cambiado la cantidad de información a la que tenemos acceso, y para encontrar algo en una biblioteca de más de 100 millones de pasillos necesitamos filtros que hagan brillar más los libros más interesantes.

En el mundo tradicional solíamos tener varios diarios para leer. Estos diarios eran un cuello de botella insalvable. Eso cambió radicalmente con internet. De repente tenemos acceso a decenas de periódicos, no sólo la prensa que hay en el quiosco, sino prensa lejana; toda la prensa internacional si nos interesa la tenemos a un click de distancia. Y luego los blogs, sesenta millones de blogs: sesenta millones de personas gritando su visión del mundo. De la percepción maníaco depresiva adolescente al sesudo análisis político; todo está en internet, historias reales o inventadas, técnicas y curiosas, serias, escatológicas o trágicas.

Y es que hay tantas voces gritando que los escasos y viejos medios no dan abasto para recoger todas las historias interesantes. Vivían bien allí donde ellos eran imprescindibles, ahora han perdido peso. Cuando la información abunda y no hay tiempo para mirarlo todo, los agregadores y los promotores de noticias cobran fuerza: Alguien lee una anotación interesante, la manda a uno de estos nodos (cada vez más cruciales) de la red, donde recibe su dosis de atención y es valorado por atentos lectores, que no dudarán en enterrarla en el pozo del olvido si no fuera interesante. Los promotores de noticias reducen la cantidad de información, y hacen brillar lo válido apartándolo de lo que no nos va a servir. Son el nuevo cuello de botella.

A día de hoy el éxito o el fracaso para un proyecto puede depender de aparecer (o no) en la portada de uno de estos sitios; pero el verdadero éxito consiste en ser ese sitio, y cuantos más usuarios se concentran en él más poder se tiene, pues más atención humana se concentra (aportada en cantidades finitas por todos y cada uno de los miembros). La red. Sesenta millones de blogueros reflejando el mundo a través de sus ojos; yo soy yo y mi circunstancia, que decía Ortega. Sesenta millones de puntos de vista frente a la posibilidad de recibir la atención que buscan, y un cuello de botella que determina por simple logística quién la recibe. La marabunta de información esperando a ser utilizada o desestimada.

Y el primero en aparecer y el más conocido de estos sitios es Digg. El primer cuello de botella, el que más usuarios concentra, acostumbrado a tirar por exceso de tráfico toda página web que aparezca en su portada. Si internet no puede vivir sin protagonistas, y esos son los buscadores, estos agregadores son actores secundarios. Un nuevo medio que, en esencia, se parece demasiado a los viejos medios: Regulando la información que nos llega. El gran actor secundario detrás de los grandes protagonistas de la red (los buscadores, que ya tienen su trono). La paradoja del control en internet es que no más de unos pocos elegidos tendrán la posibilidad de ser distribuidor de información, una suerte de nuevo diario local globalizado. Y el que consiga uno de esos tronos se hará rico. Por eso todos quieren ser ese nuevo cuello de botella; por eso todos quieren ser Digg.