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Parecía que la RFID había ya dado el asalto final a los hospitales y puede que efectivamente sea así, motivo por el cual no deja de ser preocupante que existan pruebas de etiquetas RFID interfiriendo a dispositivos médicos (Wall Street Journal via /.). En concreto estas etiquetas han modificado la frecuencia de venteo de las máquinas para respiración artificial, lo cual creo es lo suficientemente grave.
Evidentemente, toda tecnología tiene sus problemas, sólo hay que aprender a aislarlos. También un aparato para Resonancia magnética nuclear equivale a la muerte para alguien que tenga un marcapasos, y eso no nos impide utilizarlo.
El verdadero problema es que este hecho será pasado absolutamente por alto, porque el objetivo es llenarlo todo de chips RFID. Recuerden cuando nos intentaron convencer de que un RFID es lo mejor para que un cirujano no se olvide el bisturí dentro del paciente, cuando todos sabemos que enseñar a contar herramientas antes y después de la operación es más barato y mejor (antes que volver al médico un irresponsable dependiente de la electrónica, enseñarle a poner concentración en su trabajo).
Sobre RFID en este blog hemos hablado mucho, y que últimamente hablemos algo menos no debe ser entendido como una disminución del interés de este tema. Más aún, es un tema cada vez más interesante porque es un tema que cada vez está más extendido y del que los medios no informan en absoluto o informan de forma equivocada (mencionando la propaganda que reparten los fabricantes sin hacer hincapié en los problemas que conlleva esta tecnología).
Hoy vamos a comentar unas notas sobre RFID en hospitales que se me han ido acumulando.
La tecnología de identificación mediante radiofrecuencias (RFID) tiene muchas aplicaciones y es ya una realidad mucho más extendida que lo que podría parecer si atendemos al poco conocimiento que de la misma tiene el gran público (digamos, la ciudadanía). Sin embargo, entre estas aplicaciones no pocas entran en conflicto con la privacidad de las personas, poniéndola en peligro la mayoría de las veces tanto esta privacidad como otros derechos fundamentales.
No hay dudas al respecto: cuando hablamos de RFID y privacidad una de las polémicas estrella es el seguimiento detallado de personas. Esta idea no es nueva, aunque en Industry Wizards hablen de «nueva tecnología RFID»: el seguimiento de personas en espacios cerrados mediante RFID fue patentado por IBM [pdf]. Es el típico sistema que luego permite el seguimiento de todo tipo de personas y no sólo de aquellos que, en teoría, se decía que serían vigilados.
Si la tecnología no es nueva, lo nuevo hay que buscarlo en el grado de extensión, desarrollo u implantación de la misma. Esa es la verdadera novedad: se acerca la extensión sin tapujos de estos sistemas, no sólo en aplicaciones desarrolladas por y para el FBI, sino que va a ser puesta a disposición de empresas para que los apliquen en sus fábricas y en sus oficinas, como nos contó Natalia. El sistema en cuestión ha sido bautizado como NOX y Nat compartía una captura de pantalla de la interfaz que nos muestra los registros de monitorización de los chips espías.
Este NOX, como todo sistema de vigilancia contemporáneo, está mucho más allá del panóptico de Bentham o del Gran Hermano de Orwell. Superan esa visión centralizada de la vigilancia para descentralizarla y convertirla en una vigilancia mucho más ubicua y fácil de llevar a cabo. De hecho, tanto el panóptico como el Gran Hermano son modelos de un centralismo tal que su puesta a punto es directamente inalcanzable, por lo que el trazado de un verdadero sistema de vigilancia social pasa precisamente por la solución descentralizada que avanza este plan: repartir la carga de la vigilancia y llevarla mucho más allá del Panóptico, para meterse de lleno en Foucault y su vigilar y castigar.
Cabría desear un poco de defensa legal ante estas medidas pero, ¿cabe esperarla? No parece probable cuando estos sistemas de vigilancia y las empresas que los desarrollan emergen en torno a la financiación pública.
De esta forma la obtención de una ley que preserve nuestras libertades se muestra como una batalla dura contra el estado y su semántica de combate. Conviene (es casi imprescindible) recordar en esos momentos de dura contienda dividida, que la privacidad no es un problema técnico, sino un problema legal.
España va bien. Va tan bien que cada vez importamos las malas ideas que paren en el resto del mundo con menos retraso. El hospital asturiano de Cabueñes inicia el seguimiento y espía de sus pacientes mediante RFID, lo leemos en La voz de Asturias (gracias xman). Una mala noticia. El sistema escogido es el de pulsera electrónica, por lo que han de saber que un enfermo en Asturias recibe ahora exactamente el mismo trato y los mismos galones que un preso Tailandés (a los británicos en lugar de pulseras se los quieren meter hasta el fondo, el chip -digo).
He hablado antes del tema: ¿Chips RFID para enfermos de Alzheimer? No gracias (este caso es perfectamente explicable según los mismos e idénticos argumentos) y también cuando tuvieron la genial idea de proponerlo para evitar que los médicos olviden los bisturíes y las pinzas dentro del estómago antes de coser (¿no es más fácil enseñarlos a contar herramienas antes y después de la operación y desarrollar un protocolo que los obligue a contar realmente?). Esos dos casos obedecían a la lógica de implantación de esta tecnología de control, empezar por las capas sociales más bajas (enfermos terminales, o enfermos simplemente), pero desarrolle un método para encarcelar terroristas sin juicio previo y pronto no se aplicará sólo a terroristas: ya se han anunciado los primeros planes de seguimiento de universitarios -y otro apunte similar más antiguo- (y esto está lejos de ser un estrato social bajo).
Por todos los dioses, se han gastado 300.000 eurazos en un sistema de mierda, para que ahora cualquier capullo pueda volver loco al sistema duplicando chips y los señores médicos (que no doctores) confiados en su tecnología punta ni se paren a ver si los expedientes que están leyendo realmente corresponden a la persona que tienen delante.
¿Qué les puedo decir? ¿Recuerdan aquella película de terror? «Ya están aquííííííííííííí». Fatal.
Increíble la historia que leemos en Washington Times (via Schneier): El gobierno estadounidense ha decidido subcontratar la fabricación de sus pasaportes RFID a compañías privadas extranjeras. Incluso una en Tailandia.
Supongo que tras cambiar a su ejército por los mercenarios de Blackwater, no les quedaba mucho más con lo que enriquecerse a base de pelotazos, pero se pueden imaginar la mezcla y el resultado: eso de que los pasaportes son hi-tech inquebrantable es ya falso (no que antes no lo fuera, pero de partida si los están comprando a una empresa privada no puede ser de otra forma), y seguro que alguien está pegando el pelotazo (a lo Mario Conde) con esta jugada.
Desconozco cómo está hecho aquí el negocio, luego echaré un ojo pero mucho me temo que en esto les llevemos ventaja de tiempo atrás. Al fin y al cabo, creo recordar que el concurso para el DNI-e lo ganó El Corte Inglés (ya, ya, no me pidan que lo explique).
Ah sí, pero luego ya saben: los pasaportes RFID son la piedra angular de la seguridad nacional, bla, bla, bla...
Me envían al buzón (¡gracias!) un enlace al diario La Mañana: «Los autobuses del Segrí tendrán billete integrado a partir del lunes».
Me quedo con este párrafo:
La integración tarifaria del Segrí, la segunda que se realiza en Catalunya tras la del área de Barcelona, es pionera en el país, por el sistema de títulos de transporte sin contacto que se utiliza. Se trata de un método que ya se usa en los autobuses de la ciudad de Lleida. Este sistema permite utilizar el transporte público con un título recargable que se valida mediante un chip y unos aparatos de lectura incorporados en la mismos vehículos y estaciones de los FGC. Está previsto que se extienda al resto de Catalunya en los próximos años.
Bueno, al resto... excepto a Barcelona, claro [Nota: parece que en Barcelona aún no funciona los abonos con RFID y yo pensaba que sí, de ahí mi ironía (ahora probada errónea), gracias por el aviso, David]. Aparte de eso, toda la mercadotecnia habitual:
Muy poco que añadir. Otra área de transportes que se «moderniza», quizá con alguien de suerte habrá gente capaz de viajar gratis (siempre a costa de otros, claro). Benvinguts als temps moderns (perdón por las faltas de ortografía).
Cuando alguien habla abiertamente de lo inocuo que resultan la mayoría de registros personales (que no paran de aumentar en número) que existen y en los que nuestra actividad queda registrada para siempre no puedo por menos enarcar una ceja y negar silenciosamente. A veces, cuando sé que mi interlocutor está dispuesto a conversar sin discutir o enrocarse estúpidamente en su banda, argumento a la contra. Vigilancia social y seguridad no van de la mano, son hechos probados.
Cuando alguien esgrime que los estados deben ser los garantes de nuestra seguridad última tampoco me quedo muy satisfecho, visto que en el s. XX los democidios (asesinatos de personas a manos de su propio gobierno) se llevaron muchísimas más victímas que todas las guerras, atentados y brutalidades «enemigas». Cuando alguien insiste en que los registros personales de acceso a edificios o transportes (en su mayoría gestionados gracias a las nuevas posibilidades de la RFID) sólo serán objeto de abuso en un caso extremo tengo el síndrome del paranoico por una décima de segundo. Luego despierto y me reafirmo en mi postura: que seas un paranoico no significa que no vayan a por tí.
El MI5 ha solicitado acceso legal a los registros de viajes de pasajeros al transporte urbano de Londres, gestionado mediante una tarjeta RFID (Oyster Card). (the guardian vía slashdot). El MI5 es el grupo de inteligencia del gobierno británico. ¿Para qué quiere acceder al registro masivo de millones de personas entrando y saliendo del metro y de los autobuses de Londres? ¿Acaso son todos terroristas?
Y aún cabe una posibilidad más: que el MI5 lo que quiera sea un cheque en blanco. Es probable que el MI5 ya haya consultado esos registros anteriormente (la NSA estadounidense espía sistemáticamente a sus ciudadanos, ¿por qué no iban a hacerlo los británicos que sufren una vigilancia estatal mucho más agresiva?). En el caso de que el MI5 ya tenga acceso a esos ficheros, blindarles las espaldas legalizando esa intromisión es la peor resolución posible y agravaría la herida.
En un momento en que hasta el Wall Street Journal se atreve a denunciar el auge del totalitarismo en occidente, la petición de esta carta blanca debe ser mirada con recelo y, por descontado, su concesión debe ser rechazada de plano, la sociedad de control no es deseable y lo único que nos ayuda a evitarla es salvaguardar legalmente nuestras libertades de movimiento y comunicación.
La noticia tiene ya unos días, apareció el día 16, pero yo la he visto hoy porque he pasado unos días fuera de casa; precisamente en Londres. Tengo pendiente contar algunas impresiones que tengo de la ciudad, a la que no había ido en un tiempo.