Y mañana, Internet con fronteras

De entre todo lo que tenemos actualmente, Internet es la única herramienta que muestra el potencial de transformar (a mejor) el modo en que nos organizamos y, eventualmente, llevarnos un paso más allá de la gran depresión en la que estamos.

Reloj blando en el momento de su primera explosión, Dalí
[Ilustración: Reloj blando en el momento de su primera explosión, Dalí.]

A pesar de lo cual, Internet está a punto de sucumbir y dejar de ser como la soñamos, algo que hemos avisado desde hace ya años. No es que en Reino Unido los ISP aceptaran ser el brazo armado del poder político y perseguir ellos a los usuarios ejerciendo la censura, es que en Estados Unidos se planea aprobar una ley (Stop Online Piracy Act, SOPA) que obligará a dividir a las webs en dos grupos: las que operan desde el territorio del estado y las que operan desde fuera. Con la excusa de la piratería se permitirá la censura, el bloqueo de tráfico desde países extranjeros y la instauración de aduanas digitales, aprobada al mismo tiempo como parte de la Marketplace Fairness Act (PDF). La Internet sin fronteras está hoy un paso más cerca de ser cosa del pasado, parte tan sólo del sueño nostálgico de los que pudimos disfrutarla. Como cuando la Radio Act de 1912 dinamitó la (por entonces) efervescente y prometedora escena de las radioemisiones. La sociedad de control que vimos venir como un fantasma durante la última década, tomará forma física.

No es que sea algo totalmente nuevo: los sitios intentan regular qué contenidos se muestran en función de una IP que se ubica con una precisión más o menos aproximada. No se trata de que el sistema fuera más o menos sencillo de burlar, se trata de que era una decisión del propietario de unos determinados derechos de explotación. Ahora será diferente: los Estados Unidos usarán el registrar de un dominio como base para asignar una página a una categoría («interna o externa»). Es de esperar que el sistema se replique en otras legislaciones que habitualmente se inspiran en los iuesei. Claro que podrás seguir usando un registrar estadounidense para tu página, pero entonces la página será tratada en el resto del mundo como algo extranjero. No sabemos en qué se traducirá, pero desde luego es una lástima que en Internet haya que prestar atención a esto. Fronteras en un mundo digital. Es una situación artificial que nos causa estupor en el mundo físico, verla clonada en lo digital me parece tan marciano que me cuesta visualizar ejemplos.

La diferencia es que ahora el argumento para filtrar una conexión no es que por ella fluyen datos (protegidos) sin permiso, sino que se permitirá bloquear selectivamente el tráfico, interceptarlo y filtrarlo por motivos de seguridad nacional; esto es, exactamente el mismo argumento, pero sin tapujos, como llevar las infracciones de la LPI a la Audiencia Nacional… taaaan 2010. La propiedad intelectual como herramienta para el control, nunca un libro escrito en 2008 fue tan vigente.

Pero el tema es, ¿hablamos de neutralidad de la Red? ¿Cómo nos aseguramos de que cualquiera tendrá oportunidades para intentar ganarse la vida en un entorno más controlado? Miles de manifestantes claman por sustituir el capitalismo por «algo mejor». Bien, Internet es ese algo mejor: más libertad para todos, más oportunidades.

Internet debía ser una vía de creación de identidades con pertenencias múltiples y de nueva naturaleza, pero los Estados van a darlo todo para impedirlo. Si el hecho de que los ISP cedan ante una petición histórica a la que se negaron durante años presagiaba algo malo, lo de separar las páginas por nacionalidades es absolutamente dramático, y al mismo tiempo irrisorio: ¿las webs de Google, cuya nube aloja redundantemente los ficheros de sus usuarios en datacenters repartidos por todo el mundo, cómo se catalogan?

Y sin embargo lo han aprobado, y pronto será replicado en otras partes del mundo. Y Amazon cede alegremente a otra reclamación a la que históricamente se había negado, la de recaudar impuestos. Se hizo tarde reclamando tonterías y ahora llevamos años de retraso: al frente hay mucho más control del que muchos querrán creer; y el que querrán creer ya es mucho más del que les gustaría.

Pienso en lo que contaba Godwin que le había dicho su hija, creo que se va a enfadar. Soñamos una civilización más humana y hermosa que aquella que sus gobiernos habían creado antes. Y parece cada vez más lejana, más utópica.

Antes de la crisis de 1929 era normal que alguien cruzara desde Algeciras a Vladivostok con apenas un salvoconducto. Aquella crisis terminó con el idilio y en los años siguientes surgieron los movimientos más cruentos de la historia reciente (del Nazismo al Comunismo, sin olvidarnos de ese fascismo tan cotidiano). No es la primera vez que nos preguntamos cuáles serán las consecuencias de esta crisis, si damos por bueno que sea de igual magnitud (yo no estuve allí pero, por lo que leo, ya pocos lo dudan). De aquí a un par de años Internet quedará convertida en una sombra de sí misma, quizá poco más que una televisión 2.0, y todo lo que hagamos estará sujeto a un posterior escrutinio. Impedir el flujo de información una vez se filtra es complicado, la coacción, sin embargo, es otra historia. Cuidado, nos graban.

Al igual que los relojes rotos dan la hora con exactitud dos veces al día, Internet seguirá de vez en cuando funcionando tal y como fue. Pero otras muchas veces no lo hará, y quizá no nos demos cuenta porque, al igual que pasa cuando hacemos catas de productos parecidos, los matices sólo se observan cuando podemos contrastar. Y si las cosas fluyen suficientemente rápido, no te queda tiempo para pensar en ello. Corre, dale al me gusta, retuitea esto. Contribuye al olvido general.